Jehú agresivamente trabajó contra la adoración a Baal en Israel. Sin embargo, promovió la falsa adoración al Dios verdadero, conforme al ejemplo de Jeroboam, quien edificó los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan. No debemos conformarnos con ser fuertes contra el mal; seamos ansiosamente ambiciosos del bien. Es más fácil ser vehemente contra las abominaciones de otros que juzgar y eliminar los propios pecados secretos. Jehú sí obedeció a Dios hasta cierto punto. Resultó ser provechoso para él exterminar a la vieja casa de Acab, porque se confirmaría a sí mismo sobre su propio trono; pero cualquier cosa más allá de eso no dejaba ganancia y, por lo tanto, Jehú no lo tocó.
Evidentemente, hubo mucho bien en el reino de Jehú. Él estuvo totalmente comprometido con cumplir el juicio de Dios contra la casa de Acab y exterminar la adoración a Baal en Israel. Por esto, sería recompensado con una dinastía que duraría cuatro generaciones. Este era un claro elogio a las acciones de Jehú; sin embargo, Oseas 1: 4 las condena: “Porque de aquí a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de Israel”. Podemos ver que tanto 2 de Reyes 10:30 como Oseas muestran que Jehú tuvo aciertos y desaciertos: Sin embargo, Jehú también fue claramente desobediente y no obedeció ni sirvió a Dios con todo su corazón.
Tal vez, veamos a Jehú como un patriota israelí. Protestó contra Joram y la casa de Acab por el daño que le hicieron a Israel, y sabía que, para ser fuerte, Israel debía ser limpiada de la adoración a Baal. Él sabía que Israel debía volverse al Dios verdadero, pero no se interesó por cómo lo hacía. Para Jehú, era igual de bueno adorar a Yahvé en el templo de los becerros de oro en Dan o Betel, y era mejor para Israel si lo hacía en esos lugares que en Jerusalén. Cuando comparamos a Jehú con otros reyes de Israel, vemos que fue el mejor de un mal grupo. Ningún otro rey en Israel peleó contra la idolatría tanto como lo hizo Jehú; pero, tristemente, no peleó contra esta con todo su corazón. Al no cuidar de andar en la ley de Jehová Dios, Jehú mostró que no vivía una vida de comunión con Dios. Es una advertencia terrible la historia de este hombre, la cual muestra que es posible ser un instrumento en la mano de Dios y, sin embargo, nunca estar en comunión con Él.
El celo de Jehú, por el contrario, consumió y destruyó a todos y todo lo que se interponía en el camino de su propia ventaja o engrandecimiento, pero nunca se miró a sí mismo. Parece haber sido un completo extraño al verdadero ejercicio del alma. Odiando un pecado amó otro y, por lo tanto, probó que el temor al Altísimo no reinaba en su pecho. Fue meramente un siervo contratado, y recibió el trono como su ganancia; pero un hijo de Dios nunca fue.
Durante cientos de años antes de esto — desde el tiempo de la entrada a la Tierra Prometida más de 600 años antes — Israel tenía porciones sustanciales del lado este del río Jordán. Esta tierra fue ocupada por las tribus de Gad, de Rubén y de Manasés. Ahora esta tierra era tomada por los enemigos de Israel, debido a su pecado y su infidelidad al pacto. Esto incluyó las ricas y fructíferas tierras de Galaad y Basán. Aunque incompleto en su propia bondad, este hombre fue el mejor de un mal grupo. La bondad de Jehú fue recompensada con un largo reinado (veintiocho años). Este fue un largo reinado, pero notable solo en sus inicios. Jehú tuvo la energía e influencia para volver la nación a Dios, pero su compromiso a medias con Dios dejó ese potencial sin cumplir y señala la falta de una relación real con Dios. No tenemos ninguna crónica en la cual se diga algo más acerca de este mal hombre. Su reinado fue largo, veintiocho años; y, sin embargo, no conocemos nada de él más que el comienzo.
La gran lección que debemos sacar de la notable vida de este hombre es la de estar constantemente en guardia, como siervos de Dios, no sea que nos encontremos haciendo su obra —ya sea en el ejercicio de la disciplina, o el logro de una reforma— en un espíritu de no quebrantamiento y sin el uso debido de corazón y conciencia ente Él que es “un Dios de juicio” y por quien “las acciones serán pesadas”.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
