El autor de este libro se identifica a sí mismo como el Anciano. Presumiblemente, sus primeros lectores sabían exactamente quién era él, y desde el principio de los tiempos los cristianos han entendido que esta es escritura del apóstol Juan. El apóstol Juan, quien ahora era ya un anciano, supuestamente alrededor de los noventa, utiliza el término anciano no como un título oficial sino para determinar su edad avanzada. A él se le permitió llegar a ser el más anciano de todos los apóstoles, y el único que murió de muerte natural.

A la señora elegida pudiera ser que esta haya sido una mujer cristiana a quien Juan quería alentar con su carta. O, el término pudiera ser una manera simbólica de dirigirse a esta congregación particular. Probablemente Juan no menciono su nombre, ni el de la señora elegida ni el de sus hijos ya que esto fue escrito durante tiempos de persecución. Quizás él no quiso implicar a nadie por nombre en un documento escrito. Si la carta hubiera sido interceptada y las autoridades pudieran haber visto el nombre de a quién iba dirigida, pudiera haber significado la muerte para esas personas. Vemos a Juan muy enfocado en la idea de la verdad, como en todos sus escritos. Él utilizó la palabra verdad cerca de treinta y siete veces en sus textos en el Nuevo Testamento. Esto muestra que lo que une a los cristianos no es compatibilidad social, ni compatibilidad política, ni compatibilidad de clase. Lo que nos mantiene unidos es la verdad. Es por esto que la verdad es muy importante para los cristianos. Juan presenta una versión ligeramente más amplia que sus salutaciones anteriores.

Juan se regocijo porque cuando el pueblo de Dios anda en la verdad, también permanecen en Dios. La misma idea se expresa en 1 Juan 2:24: Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. La verdad no sólo es importante por la verdad misma, pero también porque el andar en la verdad muestra que estamos caminando con el Señor. No dar un paso o dos, no romper o saltar sobre una cerca de arbustos para evitar una falta, sino perseverar en el camino cristiano, sin desviarse a derecha ni a izquierda.”

Juan no era orgulloso como para no rogar sobre un asunto tan importante – no cuando se trataba de algo tan vital en la vida cristiana como el mandamiento de que debemos amarnos unos a otros. Si amamos a Dios, obedeceremos Sus mandamientos. Y no lo hacemos porque pensamos que sus mandamientos sean cargas pesadas, sino porque podemos ver que es lo mejor para nosotros. Son guías y regalos para nosotros de parte de Dios. El problema principal en [2 Juan] era los maestros y misioneros que andaban viajando. De acuerdo a las éticas cristianas, a aquellos que viajaban se les debía mostrar hospitalidad por los cristianos en los pueblos a donde llegaran. Juan tenía en mente principalmente el peligro en su época, el peligro de aquellos que pensaban que Jesús, siendo Dios, no podía tener una conexión real con el mundo material. Para combatir esto, Juan hizo una declaración clara: debemos confesar que Jesucristo ha venido en carne. En contra de esta idea falsa de Jesús, Juan insiste que aquellos que no confiesen que Jesucristo ha venido en la carne son los engañadores y tienen el espíritu del anticristo. No hay nada noble, sincero, valiente ni admirable en un Jesús falso. Negar al Jesús de la Biblia es siempre rechazar a ambos, al Padre y al Hijo. Aquí Juan traza una crítica línea de verdad, que al transgredirla se llega a la herejía.

La palabra extravía tiene la idea de “ir más allá de los límites.” Nunca vamos “más allá” de las enseñanzas de Jesús, de quién Él es y de lo que ha hecho por nosotros. Cualquiera que piense que debemos ir más allá de lo que la Biblia claramente dice sobre Jesús se extravía. Apartarse del verdadero Jesús es ponerse a sí mismo en peligro de perder las cosas que los apóstoles y otros fieles santos trabajaron para obtener. Si alguien se acerca a nosotros, negando la doctrina verdadera de Jesús, y promoviendo una falsa, Juan dice que no debemos ofrecer hospitalidad, ni ayuda a los que promueven sus propias versiones falsas de Jesús. El hacerlo, es participar de sus malas obras. Juan con este término incluye mostrar hospitalidad y dar apoyo. Si un creyente es débil o poco hábil, es mejor ni siquiera saludar a aquellos que promueven a un Jesús falso (como los Mormones o los Testigos de Jehová.) Estas palabras suenan fuertes, pero Juan no ha perdido su amor.

Al decir que no le recibamos ni le demos la bienvenida. Esto también puede ser traducido como no le recibáis en la casa. Puede ser que Juan se refiere más específicamente a no permitir la entrada a estos maestros herejes a la casa donde los cristianos se reúnen. De manera general debemos simpatizar con la preferencia de Juan de una comunicación cara a cara más que el escribir cartas – aunque estamos agradecidos por esta carta.

La última referencia a la hermana elegida y a sus hijos nos recuerda que, aunque debemos estar al acecho contra los falsos maestros, los verdaderos seguidores de Jesús son más que sólo nuestro grupo. Si permitimos que nuestro anhelo por defender la verdad nos convierta en seres sin amor e intolerantes, Satanás ha ganado gran victoria.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.