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Pablo no escribirá sobre otras iglesias en su ejemplo de ofrendar. En sus primeras palabras sobre este tema, Pablo muestra que considera tanto la «oportunidad» como la «voluntad» de dar, una ofrenda de la gracia de Dios.
El norte de Grecia era llamado Macedonia. La parte sur era llamada Acaya, y la ciudad de Corinto estaba en la región de Acaya. Pablo escribe sobre el ejemplo que vio en las iglesias de Macedonia. Las iglesias de esta zona estaban en ciudades tales como Filipos, Tesalónica, y Berea. Los macedonios, aunque estaban en grande prueba de tribulación, y aunque estaban en profunda pobreza, dieron generosamente. En primer lugar, ¿por qué está hablando Pablo sobre el ofrendar? ¿Para qué estaba juntando dinero? Pablo estaba juntando dinero para ayudar a los cristianos en Jerusalén, quienes eran muy pobres. Él ya había mencionado este esfuerzo en 1 Corintios 16:1-4. La pobreza de los macedonios es confirmada por la historia secular. Los romanos tomaron la mayor parte de su riqueza cuando conquistaron la tierra que era la patria de Alejandro Magno.
Pablo sabía que los macedonios daban de dos maneras. Primero, ellos daban conforme a sus fuerzas, lo que da a entender que, en total, su ofrenda no era muy grande. Segundo, ya que su corazón daba con agrado, y dieron en proporción a lo poco que tenían, ellos dieron más allá de sus fuerzas. Así, aunque los cristianos macedonios no tenían mucho que dar, ellos en verdad querían dar, vieron como un privilegio el hacerlo. La generosidad de un verdadero cristiano no puede ser medida por la cantidad que tiene para dar. Generalmente, aquellos que tienen menos son más generosos para compartir lo poco que tienen. Podemos imaginarnos que los corintios estaban dispuestos a juntar una colecta para los santos en Jerusalén, y darle ese dinero a Pablo para que lo llevara consigo a Jerusalén. Pero las cosas se pusieron difíciles entre Pablo y los corintios, por lo que quizás estaban menos dispuestos para juntar la colecta y ponerla en las manos de Pablo. Nuestras intenciones, votos, y resoluciones son inútiles sin acción. Era el tiempo de que los corintios actuaran, y Tito fue enviado para ayudarlos a realizar esto. Ahora, por cuarta vez desde el inicio de este capítulo, Pablo se refiere al dar dinero como una gracia de Dios. El hecho de que Pablo utilice la antigua palabra griega: “charis” para describir la ofrenda financiera significa varias cosas.
La habilidad de dar y tener el corazón para dar libremente es un don de Dios. El dar es una obra de gracia de Dios en nosotros. Nuestro dar debe ser con libertad, generosamente, debido a que queremos dar. Dios no nos da esperando un «pago». Nunca le podremos pagar a Dios. Solamente podemos servirle y amarle. Pablo sabía que dar por medio de órdenes no es para nada dar; llamamos, a ese tipo de dar, impuestos. Pablo señala aquí dos puntos importantes. Primero, el dar puede medir la sinceridad del amor vuestro. Segundo, Pablo comparó abiertamente el dar de los corintios con el dar de los cristianos macedonios. Ya que los corintios tenían más que los macedonios, ellos debieron dar más. Calvino lo expone claramente: «Los hombres ricos le deben a Dios un gran tributo, y los hombres pobres no deben de avergonzarse si lo que dan es pequeño. Del contexto, y de cómo Pablo usó la palabra gracia en este pasaje, sabemos que Pablo se refiere a: «Ya conocen la ofrenda de nuestro Señor Jesucristo».
¿Cuándo fue Jesús rico? Antes de añadir la humanidad a su deidad y caminar sobre esta tierra. Aquí, Pablo, sutil pero categóricamente, señala la deidad de Jesús. No hay ninguna manera en la que Pablo hubiera podido escribir «siendo rico» si Jesús hubiera comenzado su existencia en el vientre de María. Respecto a dar, los corintios previamente manifestaron no solo la voluntad, sino también el deseo. Ahora, ¡ellos en realidad tenían que hacerlo! Cuando el asunto de ofrendar es traído a colación muchos preguntan: «¿Cuánto se supone que debo dar?». Los principios de Pablo a través de esta carta nos recuerdan que no hay una respuesta única para esa pregunta para cada creyente. Muchos regresan a la ley del diezmo del Antiguo Testamento: dar el diez por ciento para el Señor. Este es un buen principio para dar, y quizás es un amplio punto de referencia, pero en ningún lugar del Nuevo Testamento específicamente se ordena diezmar. El Nuevo Testamento ciertamente habla de diezmar dentro de un marco positivo si es hecho con el corazón correcto (Lucas 11:42).
Pero el Nuevo Testamento nos enseña que la acción de dar debe de ser continua, planeada, proporcional y privada y que se debe dar con generosidad, con libertad, y con gozo. Ya que el Nuevo Testamento no enfatiza acerca del diezmo, uno pudiera no ser estricto en cuanto a ello con los cristianos (aunque algunos cristianos argumentan en contra de diezmar en base al interés propio). Si nuestra pregunta es: «¿Qué es lo menos que puedo dar y que de esta manera pueda agradar a Dios?», nuestro corazón no está en el lugar correcto. Debemos de tener la actitud de algunos de los cristianos primitivos, quienes decían en esencia: «No estamos bajo el diezmo, ¡podemos dar más!». El dar y el manejo financiero son asuntos espirituales, no solamente asuntos materiales.
La cita de Pablo es de Éxodo 16:18, en donde se ilustra este principio. Todos juntaron lo que pudieron, algunos más, otros menos; pero todos compartieron lo que juntaron. Hodge hace una buena observación: La propiedad es como el maná, no se puede acumular. Todo lo que tenemos es maná. De la misma manera que el maná, si era acumulado en exceso por codicia o falta de fe, se pudría inmediatamente; no debemos de tener duda de que las riquezas que son amontonadas a costa de nuestros hermanos están malditas, y pronto perecerán, y su dueño quedará arruinado junto con ellas.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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