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¿Qué sabemos del temor del Señor? Sabemos que apartados de Jesús somos blancos justos del temor del Señor. Conociendo el lugar de los hombres, tanto de los apartados de Jesús como de los que están en Jesús, les persuadimos a venir a Él y a conocer lo que significa ser librados del temor del Señor. Pablo vio la necesidad de persuadir al mundo acerca de la persona y obra de Jesús. Sin embargo, sabía que no había necesidad de persuadir a Dios, y le frustraba tener que persuadir a los corintios.
Aunque Pablo se gloriaba en su debilidad, sus pruebas, y sus luchas, no lo hacía para alardear delante de los corintios. Pablo quería darles la oportunidad de que estuvieran orgullosos de él. Ellos pensaban que las pruebas hacían que Pablo fuera, de menor categoría, como apóstol y como hombre de Dios, y Pablo sabía bien esto, sin embargo, ¡está feliz de poder darles la ocasión de ¡gloriarse junto con él!
Los corintios probablemente pensaban que Pablo estaba loco, porque parecía estar contento con una vida de dolor, pruebas, y de malestar, con tal de traer gloria a Dios. Al ser acusado de estar loco, Pablo está en buena compañía. Jesús también fue acusado de estar fuera de sí. Quizás algunos le daban la reputación de loco. Así lo creía Festo: ‟Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco”. Sus enemigos en Corinto atribuían su locura a una causa menos digna que a un estudio intenso y a un profundo aprendizaje.
Pablo está motivado por el amor de Cristo; esto es, por el amor de Jesús hacia él. Pablo tuvo que hacer lo que hizo en el ministerio porque el amor que recibía de parte de Jesús era tan grande, que lo obligaba a servir a otros. Cuando en verdad recibimos el amor de Cristo, esto nos toca y nos hace que queramos servir a otros. ¿Cómo es que Jesús murió por todos? En el sentido de que su muerte es capaz de salvar a todos los que llegan a Él, y es una demostración del amor de Dios para con todos; pero no en el sentido de que todos son hechos salvos debido a que Jesús murió (esta es la falsa doctrina del universalismo). Sin embargo, es probable que, en el contexto de Pablo, «todos», se refiera a «todos los salvos». No hay duda de que hay un sentido en el cual Jesús murió por todo el mundo: Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Se puede decir que únicamente aquellos que se unieron a Jesús por medio de la fe, han muerto espiritualmente y han sido resucitados de nuevo con Él. Si Jesús murió por nosotros, es natural que nosotros vivamos para él. Jesús nos dio una nueva vida, no para que la vivamos para nosotros mismos, sino para que la vivamos para Él. La pregunta es simple: ¿Estás viviendo para ti mismo, o estás viviendo para Jesús? El murió por nosotros para que podamos morir a nosotros mismos.
A nadie conocemos según la carne: ¿Por qué? Porque nosotros no andamos mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven. Porque nuestra morada terrestre será deshecha, pero tendremos un nuevo cuerpo, eterno, en los cielos. Porque por fe andamos, no por vista. Porque nosotros no nos gloriamos en las apariencias, sino en el corazón. Por todas estas razones, nosotros no miramos la imagen y la apariencia de la carne, sino la sustancia del corazón. Algunos piensan que sería mejor que Jesús estuviera presente con nosotros según la carne; pero no lo es, y Jesús lo sabía. Es por esto que Jesús les dijo a sus discípulos: «Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré.
Pablo enseña el gran principio de la «regeneración»: Cristo Jesús cambia a aquellos que vienen a Él por fe, a los que están en Cristo. Los salvos no son únicamente «perdonados». Ellos son transformados en una nueva criatura. Sin embargo, el ser una nueva criatura no significa que somos perfectos. Significa que somos cambiados, y que estamos siendo cambiados. El ser una nueva criatura es un regalo de Dios, el cual se recibe por fe. Todo esto es la obra de Dios en nosotros, a la cual debemos de someternos. Esto nos recuerda que, en sus inicios, el cristianismo se trata de lo que Dios hizo por nosotros, no de lo que podemos o debemos hacer por Dios.
Pablo vuela alto, y quiere que los corintios sepan que lo que está escribiendo proviene de Dios, no del hombre. Esta obra de hacernos una nueva criatura, así como nuestro destino eterno, son obras de Dios, no es algo que debamos ganarnos o lograr alcanzar. Dios inició este ministerio de reconciliación, aun cuando Él es la parte inocente en la relación distanciada. Fue Dios, quien nos reconcilió consigo mismo, nosotros no nos reconciliamos con Él. Dios usa la palabra predicada para reconciliar al hombre y a la mujer con Él. En algún punto, antes de que Jesús muriera, antes de que el velo se rasgara por la mitad, antes de que Jesús exclamara: «Consumado es», una transacción espiritual asombrosa se llevó a cabo. El Padre puso sobre el Hijo toda la culpa e ira que nuestro pecado merecía, y Jesús la llevó de una manera perfecta, satisfaciendo totalmente la justicia de Dios por nosotros.
Si Dios deja de lado su ira o su justicia para salvar a los pecadores, entonces la cruz, en lugar de ser una demostración de amor, sería una exhibición de una crueldad e injusticia inexpresable, y del intento errado del hombre de hacer el bien. Si el pecado puede ser excusado, entonces nunca necesitó ser satisfecho. Pablo se ve como alguien que sirve en una tierra extranjera como el representante de un rey. El rey tiene un mensaje, y Pablo está entregando ese mensaje, como si Dios rogase por medio de nosotros. No se nos ordena que hagamos la obra de reconciliación entre el hombre y Dios. Él ha hecho la obra; es meramente que la abracemos y la recibamos. La justicia que Adán tenía en el jardín era perfecta, pero era la justicia del hombre. La nuestra es la justicia de Dios. Esta es toda la verdad de la justificación declarada en palabras sencillas: nuestros pecados estaban en Jesús, y su justicia está en nosotros. Y, ya que Cristo no fue hecho pecado por algún pecado inherente en él, así tampoco somos hechos justos por la justicia inherente en nosotros, sino por la justicia de Cristo imputada a nosotros.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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