La introducción de Pablo como un apóstol es familiar y necesaria, porque se le tenía en poco entre los cristianos en Corinto. Ellos debían recordar y reconocer sus credenciales apostólicas. Pablo no era un apóstol por la decisión o el deseo de cualquier hombre, ni de sí mismo. Pablo lo era por la voluntad de Dios. Es muy llamativo que Pablo llama deliberadamente a todos los corintios cristianos «santos», si consideramos sus múltiples problemas. Muy a menudo utilizamos el término «santos» en muchas maneras diferentes hoy día; pero comúnmente se aplica a los «super espirituales», en lugar de a aquellos que son apartados por tener una relación de confianza con Cristo Jesús. Pablo quería que sus cartas se compartieran entre todas las iglesias. No solamente era para los cristianos en la ciudad de Corinto, sino también para todos los cristianos de la región que pudieran leerlas.

Gracia y paz son los saludos familiares de Pablo; utilizados en sus 13 cartas del Nuevo Testamento, pero nunca tenemos la impresión de que se utilizan sin sinceridad. Somos hijos de Dios, no por naturaleza, sino por elección; no por linaje, sino por adopción; no por derecho, sino por redención. Pablo abre esta carta alabando a Dios, quien da tanta misericordia y consuelo al apóstol y a todos los creyentes. Tenemos el presentimiento de que Pablo conocía la misericordia y el consuelo de Dios en una experiencia de primera mano.

Las palabras «toda consolación» en este pasaje provienen de la antigua palabra griega paraklesis. La idea detrás de la palabra «consolación» en el Nuevo Testamento es siempre más que la de una compasión que reconforta; es «dar fuerza», «ayudar». La idea detrás de esta palabra es comunicada por la palabra latina (fortis), la cual también significa «valiente». Pablo considera al Padre un consolador, un Paracleto. También sabemos que el Espíritu Santo es nuestro Paracleto y Dios el Hijo es nuestro Paracleto. Dios, en cada aspecto de su ser, está lleno de consolación, fuerza, y de ayuda hacia nosotros. Un gran propósito del consuelo de Dios es habilitarnos para dar consuelo a otros. El consuelo de Dios puede ser dado y recibido por medio de otros.

El señor Knox, un poco antes de su muerte, se levantó de su cama. Como estaba enfermo se le preguntó que por qué se había atrevido a levantarse. Él contestó que había tenido dulces meditaciones de la resurrección de Cristo Jesús esa noche, y ahora iría al púlpito, y les impartiría a otros el consuelo que sintió en su corazón.  Pablo había tenido una vida llena de aflicciones. Él describe algunas de estas aflicciones en 2 Corintios 11:23-28. Pero Pablo sabía que todos sus sufrimientos eran en realidad las aflicciones de Cristo.

Dios puede permitir situaciones en nuestra vida en las que nuestra única consolación se encuentra en el mismo Cristo. Algunas veces pensamos que la consolación se encuentra en un cambio de circunstancias; pero Dios quiere consolarnos justo en medio de nuestras circunstancias difíciles, y quiere hacerlo por el mismo Cristo.

No sabemos cuál fue la naturaleza exacta de esta tribulación. Era quizás algún tipo de persecución o alguna aflicción física que se agravó por la obra misionera de Pablo.  Sea cual fuere el problema, era muy grande. Debido a este problema, Pablo vivió con la noción de que podría morir en cualquier momento. Debido a la amenaza de muerte, muchos sienten que el problema de Pablo era la persecución, pero la idea de una enfermedad física recurrente también puede ser una opción no desacertada.  Aun cuando la resurrección es un evento futuro, hay un sentido en donde la realidad y el poder de la resurrección toca cada día del cristiano afligido. Como sabemos: «el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos» (Filipenses 3:10).

Pablo sabía que la obra de Dios en nuestras vidas sucede en tres tiempos diferentes del verbo: Dios obra en nosotros en el pasado, en el presente y en el futuro. Él conocía el valor de la oración intercesora, y no se avergonzaba de pedirles a los corintios, a pesar de sus muchos problemas espirituales, que oraran por él. Los corintios cristianos estaban en realidad cooperando con Pablo cuando oraban por él. A menudo pensamos en las grandes cosas que Dios hizo por medio de Pablo, y lo admiramos correctamente como un hombre de Dios. Pero, ¿pensamos en todas aquellas personas que oraron por él? Pablo les dio el crédito de su efectividad en el ministerio a esas personas que oraban por él.

Aun un apóstol sentía que las oraciones de la iglesia eran necesarias para su consuelo y apoyo. ¡Qué bendiciones tan innumerables atraen las oraciones de los seguidores de Dios hacia aquellos que son el objeto de esas oraciones! La actitud de oración de los cristianos primitivos (y los judíos) era aquella de estar de pie con los ojos vueltos al cielo y con los brazos extendidos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.