Las esposas piadosas serán sujetas a sus maridos. Esta sumisión no es una recompensa por el buen comportamiento del esposo; es mandado por Dios como el orden del hogar. La enseñanza de la sumisión fue especialmente relevante para la mujer casada del primer siglo quien había empezado a seguir a Jesús. Ella preguntaba cosas como “¿Debería de dejar a mi esposo?” o “¿Debería de cambiar mi comportamiento hacia el?” o “¿Debería de asumir una posición superior en Jesús?” En la cultura del mundo antiguo, era casi imposible pensar que una esposa adoptara una religión diferente a la de su esposo. Las mujeres cristianas llegaron a Jesús antes de que sus esposos necesitaran instrucción.

Pedro cuidadosamente observa que las esposas son llamadas a someterse a vuestros maridos, no ha hombres en general. La jefatura masculina es mandato de Dios principalmente para el hogar y la iglesia, no para la sociedad en general. El beneficio de la sumisión se demuestra en la manera que los esposos son afectados para con Dios. La sumisión de una esposa es una expresión poderosa de su confianza en Dios. Este tipo de fe y obediencia puede lograr grandes cosas, aun sin palabra. Si no creen en la palabra: esto se refiere a un esposo no creyente, pero es una idea más fuerte que simplemente “no creer.” Tiene la idea de alguien que activamente está desobedeciendo la palabra de Dios. Aun estos pueden ser ganados a través de la conducta piadosa de la esposa amorosa.

Pedro no prohibía todo atavío. Pero para la mujer piadosa, el atavío externo siempre es con moderación, y su énfasis siempre es en el atavío interno. En el mundo que vivía Pedro las mujeres arreglaban y pintaban su cabello frecuentemente. También usaban pelucas, especialmente pelucas rubias con cabello importado desde Alemania. Pedro tenía esto en mente cuando habló del atavío que es meramente externo. Pedro no prohibía que una mujer se arreglara el cabello, o que usara joyería, más de lo que prohibía que se usaran vestidos (lujosos no está en el original). La belleza real proviene del corazón. No es algo que vistes. Es algo que eres. La belleza interior de una mujer piadosa es incorruptible. Esto significa que no decae ni empeora con la edad. Sino que es belleza incorruptible que mejora con la edad, y por lo tanto es de mucho más valor que la belleza que viene del cabello, joyas, o vestidos. Pedro describe al carácter de belleza – espíritu afable y apacible. Estos rasgos de carácter no son promovidos por las mujeres de nuestra cultura; y aun así son de grande estima delante de Dios. Cuando las mujeres se someten a sus maridos y no ponen su confianza en los atavíos externos, son como las mujeres santas de otro tiempo que esperaban en Dios. Ellas demuestran su fe poderosamente. La sumisión de Sara hacia Abraham fue demostrada de dos maneras. Primero, ella obedecía a Abraham, aun cuando era difícil y aun cuando estaba equivocado. Segundo, ella honraba a Abraham llamándole señor. Es posible obedecer a alguien sin demostrarles el honor que es parte de la sujeción. Sumisión genuina conoce el lugar de obediencia y honor.

Un esposo piadoso habita con su esposa. No simplemente comparte una casa, pero verdaderamente vive con ella. El reconoce el gran punto en la enseñanza de Pablo acerca del matrimonio en Efesios 5: así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, así mismo se ama. (Efesios 5:28). El esposo piadoso entiende la unidad esencial que Dios ha establecido entre el esposo y la esposa, se compromete al trabajo importante de entender a su esposa. Al conocerla bien, él es capaz de demostrarle su amor por ella de una manera más efectiva. El sabe cómo hacer que su esposa se sienta honrada. Aunque se someta a él, él se asegura de que ella no se sienta como una empleada o bajo el poder de un dictador. En este contexto, frágil habla de la fuerza física relativa en comparación con la del hombre. Los hombres no tienen necesariamente más fuerza espiritual, pero generalmente sí tienen más fuerza física. Un esposo piadoso reconoce que su conyugue no solo es su esposa, pero también su hermana en Jesús. Parte de su herencia en el Señor es solamente realizada en su unidad como esposo y esposa. El fallar como un esposo piadoso tiene sus consecuencias espirituales. Sin duda alguna, sus oraciones tendrán estorbo.

La mayoría de nosotros estamos dispuestos a tener un mismo sentir, ¡siempre y cuando el mismo sentir sea lo que yo siento! Pero el mismo sentir es el de la mente de Cristo. Nuestro sentir común debe ser el sentir de Jesús. Este mandato nos regresa a la necesidad de conocer la Palabra de Dios. No podemos ser de un mismo sentir si no sabemos lo que está en la mente de Jesús. La Palabra de Dios nos demuestra la mente de Jesús. Pedro describe el tipo de amor tierno que debería de haber entre el pueblo de Dios. Debemos de ser compasivos, fraternales, misericordiosos y corteses. ¡Los cristianos deben de tratarse con amor! El desafío más grande para amar a otros es cuando nos hacen mal. En esos momentos, somos llamados a no devolver mal por mal, sino de bendecir. Nos amamos los unos a los otros, pero no solo por el bien de Jesús, de cual somos miembros de Su cuerpo, sino porque Jesús murió por todos y también nos amamos los unos a los otros por el bien de nosotros mismos – al bendecir a aquellos que nos han hecho mal, vamos a heredar bendición. Hacer el bien, frecuentemente es difícil, el mal es recompensado inmediatamente, y la recompensa por hacer el bien regularmente tarda. Pero las recompensas por hacer el bien son mejores, y mucho más seguras que las recompensas por hacer el mal. Dios promete esto en el pasaje citado por Pedro.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.