Pedro acababa de demostrar la gloria y carácter eterno de la palabra de Dios. Ahora, pues, en orden a lo que la palabra de Dios es para nosotros, debemos de recibir la palabra, y recibirla con un corazón particular. La palabra desead es fuerte. En la versión de los setenta, una traducción antigua y griega del Antiguo Testamento, es usada para el deseo más profundo del hombre por Dios. Un bebé sano y recién nacido tiene un anhelo instintivo por la leche de su madre. Cuando las cosas son como deben de ser, no le tienes que decir que debe de desear la leche. La falla de desear o de recibir esta leche espiritual es la razón por la cual surgen tantos problemas en la vida cristiana individual y en las congregaciones. La condición enfermiza de tantos cristianos establece una queja lamentable del alimento con el cual se les alimenta. Al no decir nada fuerte, no reciben nada de leche. Por lo tanto, la iglesia de Dios se asemeja con las salas de un hospital infantil. ¿Quiénes son los niños recién nacidos? En un sentido, todos los somos. Los más avanzados entre nosotros, en conocimiento y logro, son, en comparación a lo que serán, solo unos bebés.

Esto describe al corazón que recibe la palabra y que crece por medio de ella. Este es un corazón humilde, honesto y dispuesto a hacer lo que la palabra de Dios dice. Si hemos recibido de Dios, si nosotros hemos gustado (experimentado personalmente) la benignidad del Señor, entonces tenemos una gran razón y responsabilidad de recibir la palabra de la manera entusiasmada que los bebés reciben su leche. La imagen que Pedro da aquí es que Dios es un templo espiritual (casa espiritual) usando piedras vivas (cristianos), aquellos que se han acercado a la última piedra viva (Jesús). Esta casa espiritual demuestra que, así como lo Israel tenía un templo, los cristianos también tienen uno, pero el templo cristiano es espiritual, y ellos mismos son el templo. Jesús fue llamado primero la piedra viva; y después nosotros fuimos llamados piedras vivas. Nosotros vivimos porque estamos conectados con Él quien es la fuente de vida. Es por la unión con Él por lo que viven y responden al final de su regeneración; así como las piedras de un edificio no son buenas a menos de que estén en el lugar apropiado en el edificio, y descansen en los cimientos. Por más que Israel sea escogido por Dios, así también es la iglesia. Así como tenían un sacerdocio, los cristianos también son un sacerdocio santo. Y así como tenían sacrificios, así mismo los cristianos ofrecían sacrificios espirituales aceptables a Dios. El creyente es su propio sacerdote ante Dios. Él no necesita ningún mediador excepto a su Sumo Sacerdote Jesús. Ya no puede haber un elite sacerdotal que reclame tener acceso especial con Dios, o privilegios especiales de alabanza o de relación con Dios. La idea de Pedro no es que Dios haya abandonado a Israel o que no tienen lugar en su plan redentor, sino que el cristianismo no es de ninguna manera inferior al judaísmo.

Dios hace el trabajo de edificar (sed edificados), pero nosotros hacemos el trabajo de ofrecer sacrificios agradables a Él, cuando venimos a Jesús, así como somos – piedras vivas, hechas por Él. Si nosotros fuéremos edificados en una casa espiritual, no hay duda de quién sería nuestra piedra del ángulo. A pesar de que los hombres lo desecharon, Ha venido a ser la piedra del ángulo en la edificación de la iglesia. Aquellos que rechazan a la Piedra Angular, reusándose a construir sobre Él, se tropiezan sobre Él. En vez de ser su salvación, Jesús se convierte en una roca que hace caer. Así pues, Jesús puso el curso para que ambos judíos y gentiles fueran unidos por la casa gloriosa de Dios. Pero Dios hizo algo diferente, y era la piedra de tropiezo y roca que hace caer para muchos judíos del primer siglo. Por lo tanto, estos grandes títulos de 1 Pedro 2:9-10 ahora aplica a todos los creyentes, judío y gentil por igual; en donde antes solo aplicaba a los judíos como el pueblo del pacto de Dios. Es destinado para aquellos que son desobedientes a Su palabra tropezar sobre Jesús.

Las cosas que antes exclusivamente les pertenecían a Israel – su elección (escogido), sacerdocio, y llamado, ya no son solo de Israel. Estos ahora son propiedad de todo cristiano, y lo tenemos en un sentido más grande y espiritual. Nosotros somos un real sacerdocio. Los oficios de realeza y sacerdocio eran separados celosamente en Israel, pero Jesús, quien es nuestro Rey y Sacerdote, lo ha juntado para su pueblo. Somos especiales por que pertenecemos a Dios. Puede ser que un museo este lleno de cosas ordinarias: sombreros, bastones, zapatos, etc. pero son importantes porque alguna vez pertenecieron a alguien famoso. Dios toma a gente ordinaria, y por qué Él las ha tomado, ellas son especiales. Nosotros estuvimos sin estos privilegios y ni siquiera éramos un pueblo ante Dios. No habíamos visto la misericordia de Dios, pero ahora hemos alcanzado misericordia. El propósito de estos privilegios tan altos no es para que nos llenemos de orgullo, sino para que anunciéis las virtudes de aquel quien ha hecho grandes cosas por nosotros.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.