Vivir de la manera en que Dios quiere significa que tenemos que ceñir los lomos de nuestro entendimiento. La idea de esta frase es el prepararnos para la acción, como nuestra frase “enrollarse las mangas.” Entonces, nosotros debemos de estar sobrios, la cual significa el tener la habilidad de ver la vida de una manera seria. Es el deshacerse de las maneras descuidadas de pensar; traer los poderes racionales y reflexivos de la mente bajo control. Significa controlar lo que piensas, controlar sobre qué decides poner tu mente.

Pedro nos ha hablado mucho acerca de la gracia de Dios. Él nos saludó con gracia. Nos habló de la gracia que se nos es dada por medio de Jesús, predicada por los profetas. Ahora va más allá, escribiendo acerca de la gracia que vendrá cuando Jesús regrese. La única manera en que podremos estar parados frente a Jesús en ese día será por el favor inmerecido que nos da y nos dará. Gracia no solo es para el pasado, cuando le dimos nuestra vida a Jesús por primera vez. No es solo para el presente, donde vivimos cada momento parados sobre Su gracia. También es para el futuro, cuando la gracia se nos traerá. Dios solamente ha empezado a mostrarnos las riquezas de Su gracia. Cumplir con el llamado de Dios a ser santos requiere que seamos, como hijos obedientes, romper con el estilo de vida del mundo caracterizado por deseos e ignorancia. La idea principal detrás de la santidad no es pureza moral, pero si es la idea de “distanciamiento.” La idea es que Dios es apartado, diferente a Su creación. Él nos dice, “Sed santos porque Yo soy santo.” Cuando fallamos de ver su apartamiento, comenzamos a creer que Él sólo es un “Superman.” Después no podemos ver que Su amor es un amor santo, Su justicia es una justicia santa, y demás con todos sus atributos. La santidad no es precisamente algo que nosotros poseemos, sino que es algo que nos posee a nosotros.

Si nosotros como cristianos, invocamos a un Dios santo; presuntamente por ayuda, debemos entender que nosotros invocamos a un Dios que no demuestra acepción y juzgara nuestra conducta. El alto llamado a vivir de una manera piadosa tiene sentido cuando se compara con el precio que fue pagado por nuestra redención. No fuimos salvos por la preciosa sangre de Jesús para después vivir como si fuésemos basura. Pedro describe a la manera de pensar que la justificación era por la ley como una vana manera de vivir. Parecía tener un objetivo – el ganar méritos ante Dios por medio de obras – pero en realidad es vano porque así no se puede triunfar. Pedro habla aquí en referencia al completo carácter sin pecado de Jesús. Si Él no hubiera estado sin mancha y sin contaminación, Él no hubiera estado calificado para ser nuestro Redentor. El trabajo de Jesús no fue algo que se desarrolló en el transcurso de la redención. Fue destinado desde antes de la fundación del mundo, pero fue evidente en los postreros tiempos. El plan de la redención es para aquellos que creen en Dios, aunque su creencia es mediante Él.

La vida santa es completa si es acompañada por amor. El ser cristiano significa tener amor fraternal no fingido, pero somos animados a ejercer ese amor de manera entrañable. Tal amor solo es posible y solo de ser aceptado por aquellos que han sido renacidos por la palabra eterna de Dios. Pero no solo nos da una nueva vida. También nos dice ámense unos a otros. Si la palabra de Dios es como esta dicho en Isaías 40: 8- la palabra del Dios nuestro permanece para siempre, entonces somos obligados y fortalecidos por ella, para vivir el tipo de amor y santidad del cual Pedro nos habla. Ha sobrevivido por siglos de transcripción manual, de persecución, y filosofías, de todo tipo de críticas, de negligencia tanto del pulpito como de la banca, de duda y de incredulidad y, aun así, ¡la palabra del Señor permanece para siempre!

En el año 303 A.D., el emperador romano Diocleciano demando que toda copia de las Escrituras en el imperio romano fuera quemada. Él falló, y 25 años después, el emperador romano Constantino comisionó a un erudito llamado Eusebio a preparar 50 copias de la Biblia a expensas del gobierno. Más de mil veces, la sentencia de la muerte de la Biblia ha sonado, el cortejo fúnebre formado, el corte de inscripción en la lápida y la lectura del internamiento. Pero de alguna manera el cadáver nunca se entierra. La palabra de Dios nunca muere, la palabra de Dios nunca cambia. Hay quienes piensan que deberíamos de recibir un nuevo evangelio cada cierto año o incluso cada cierta semana, pero esa no era la noción de Pedro. Él escribió, y fue inspirado divinamente a escribir, considerando la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. Algunas personas intentan dibujar una clara distinción entre las dos palabras griegas utilizadas más frecuente para traducir palabra, las cuales son las palabras antiguas griegas rhema y logos. Pero aquí, Pedro usa ambas palabras (logos en 1 Pedro 1:23 y rhema en 1 Pedro 1:25) para referirse a la misma idea. Ambas palabras a veces tienen diferencias sutiles, pero no diferencias significativas.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.