Los cristianos deben reconocer a sus líderes, y los líderes se describen de tres maneras: Por su servicio. Un título es bueno; pero solo si el título es verdadero y si describe lo que la persona realmente es delante de Dios y del hombre. Por “presidir” a la congregación en el sentido de dirigir y proveer de liderazgo, como un pastor sobre las ovejas. Esto describe un claro y legitimo orden de autoridad. Como los que amonestan a la congregación. Amonestar significa “Llamar la atención o reprender gentilmente; advertir.” La construcción Griega aquí es de tres participios unidos bajo un artículo, lo que indica que no son tres grupos distintos sino una clase de hombre desempeñando una función triple.
Los cristianos deben tener en mucha estima a sus líderes, y tenerlos en mucha estima y amor. Ellos no merecen estima por su título, o por su personalidad, sino por su labor hacia el pueblo de Dios. Pablo menciona el trabajo y lo conecta al respeto que estos siervos deben recibir de aquellos a quienes sirven. Esto sugiere al menos dos cosas: Si los congregantes supieran y entendieran cómo es el trabajo realizado por los que los que supervisan espiritualmente, los congregantes respetarían y apreciarían más a sus líderes. El trabajo es un aspecto esencial del ministerio, y no hay lugar para un pastor perezoso. Si un cristiano no puede sentir estima y amor por su pastor, debería o ponerse de rodillas, pedirle al Espíritu Santo que cambie su corazón, o irse a otro lado y someterse a un pastor al que pueda estimar y amar. Pablo dijo que los cristianos simplemente deberían dejar sus riñas y discusiones. Éste es un gran camino hacia la estima y el amor hacia los líderes de su iglesia.
Rogar es decirle a alguien lo que debe hacer pero sin aspereza o espíritu crítico. No es una reprimenda ni condenación, pero tampoco es solamente una sugerencia o consejo. Es urgente y serio, pero asociado con el ánimo. Pablo les dijo a los Tesalonicenses que las personas, no solo el pastor y los líderes ministraran de una variedad de maneras, dependiendo del estado de las personas que necesitan ser ministradas. Así que si alguien es ocioso, el deber del cristiano es amonestarlo. Otros necesitan aliento, otros necesitan ser sostenidos. Los ociosos, se refiere a los que están fuera de orden, usando una palabra militar que describe a un soldado que rompe filas o marcha fuera de paso. Esta es la persona obstinada que simplemente quiere mantener su propia opinión o preferencia. Estos deben ser amonestados. Los de poco ánimo son los que, literalmente, son de carácter débil. Por naturaleza o experiencia tienden a ser tímidos y cobardes. Estos necesitan que se les de aliento; en el sentido de fortalecerlos. Los débiles deben ser sostenidos, y apoyados, con el propósito de construir su propia fuerza en vez de perpetuar su debilidad.
Aunque se deben tomar medidas diferentes con los diferentes tipos de personas, los cristianos deben ser pacientes para con todos. Esto es porque el verdadero cristianismo es mostrado por su habilidad de amar y ayudar a las personas difíciles. No buscamos solo a personas perfectas a las cuales y con las cuales ministrar. El cristiano nunca debe buscar venganza, sino dejar que Dios lo compense. Al contrario, debemos seguir siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. Cuando tenemos un corazón perdonador para con otros, no solo es bueno para ellos, también lo es para nosotros. En el siguiente pasaje, escribirá sobre más asuntos espirituales tales como la oración, acciones de gracias, y la adoración. Pero antes de estos asuntos espirituales o religiosos primero vienen las enseñanzas sobre buenas relaciones. Jesús dejó claro que debemos arreglar las cosas con los hombres antes de venir a adorar a Dios.
El cristiano puede estar siempre gozoso porque su gozo no se basa en las circunstancias, sino en Dios. Las circunstancias cambian, Dios no. Los cristianos deben orar continuamente. No podemos inclinar nuestras cabezas, cerrar nuestros ojos, y doblar nuestras manos sin cesar, porque esos son hábitos de oración, no la oración en sí. La oración es la comunicación con Dios, y podemos vivir cada minuto del día en una constante y fluida, comunicación con Dios. Hay un valor importante y significativo en un tiempo donde nos alejamos de toda distracción y nos enfocamos en Dios en un tiempo de oración a puerta cerrada. Pero también hay espacio – y gran valor – en la comunión en cada-momento-del-día con Dios. No damos gracias por todo, sino en todo. Reconocemos que la soberanía de la mano de Dios está en control, no en fe ciega o casualidad. Podemos apagar el fuego del Espíritu con nuestras dudas, nuestra indiferencia, nuestro rechazo hacia él, o por la distracción con otros. Cuando las personas empiezan a atraer la atención hacia sí mismos, es seguro que apagamos al Espíritu. Por lo tanto, esta orden está basada en la imagen familiar del Espíritu Santo como un fuego o una flama. Aunque hay un sentido en el que el fuego no puede ser creado, podemos proporcionar el ambiente adecuado para que pueda arder. Sin embargo una flama puede extinguirse cuando se ignora o ya no se atiende, o cuando la flama es abrumada por otra cosa. Reconocemos que el Señor habla a y a través de su pueblo hoy en día, y aprendemos a estar atentos a su voz. Claro, siempre hay que examinar las profecías (siguiendo la orden de examinadlo todo), pero no las menospreciamos. Es muy posible que la profecía estuviera siendo menospreciada porque había individuos que estaban abusando del don. Había haraganes entre los Tesalonicenses, que tal vez espiritualizaban su haraganería con profecía. Había personas que ponían fechas y especulaban sobre el final de los tiempos entre los Tesalonicenses, que tal vez respaldaban sus especulaciones con supuesta autoridad profética. La maldad y el engaño pueden mostrarse incluso en un entorno espiritual, así que es importante que los cristianos examinen todo.
Entre el tiempo en que Pablo vio por última vez a los Tesalonicenses y cuando escribió esta carta, había pasado tiempo en Berea. Ahí, los cristianos eran de un carácter noble porque escucharon la predicación de Pablo y diligentemente buscaron en las escrituras para ver si lo que decía era verdad. Pablo quería que los Tesalonicenses tuvieran un corazón y mente más como los Bereanos. Ellos deben rechazar el mal en cualquier forma o apariencia que se llegue a presentar. El significado será “el mal que puede ser visto,” y no “eso que parece ser malo.”
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
