Pablo fue un hombre increíble y un apóstol de Dios, pero usualmente no trabajaba sólo. Siempre que podía, Pablo trabajaba con un equipo. Aquí Pablo menciona a los hombres con los que estaba trabajando. Silvano (también conocido como Silas) era un compañero experimentado de Pablo, conocido desde hace un buen tiempo. Viajó con Pablo en su segundo viaje misionero y fue encarcelado y liberado con él en la cárcel de Filipo. Timoteo era un ciudadano de Listra; una ciudad en la provincia de Galacia. Era hijo de padre Griego y de madre Judía llamada Eunice. Timoteo era un compañero y asociado de confianza de Pablo, y había acompañado a Pablo en muchos de sus viajes misioneros. Pablo había enviado a Timoteo con los Tesalonicenses en una ocasión anterior. El mismo Pablo funda la Iglesia en Tesalónica en su segundo viaje misionero. Sólo estuvo en la ciudad por un corto periodo de tiempo porque fue forzado a irse por los enemigos del evangelio. Sin embargo la iglesia de los tesalonicenses continuó viva y activa. A pesar de que Pablo tuvo que dejar repentinamente a esta joven iglesia, su profunda preocupación por ellos motivó esta carta.
Pablo llevó su saludo acostumbrado a los Cristianos Tesalonicenses, saludándolos en la gracia y la paz del Dios Padre. Cuando Pablo pensaba en los Cristianos de Tesalónica, su corazón se llenaba de gratitud. La iglesia estaba fuerte y llena de vida. Pablo sabía que este trabajo iba más allá de sus habilidades y que era la obra de Dios. Cuando Pablo oraba por las personas y las iglesias, no requería necesariamente de un largo tiempo de intercesión. A menudo simplemente hacía mención de una iglesia o una persona en oración. Y no sólo Pablo. El plural implica que los tres misioneros oraban juntos. Había cosas sobre los Cristianos de Tesalónica que Pablo simplemente no podía olvidar. Siempre los recordaba. Y lo que recordaba sobre ellos lo hacía estar agradecido.
A pesar de los problemas, Pablo estaba tan agradecido con Dios por los Tesalonicenses porque había un innegable trabajo del Espíritu Santo y un cambio maravilloso en sus vidas. Las tres grandes virtudes Cristianas eran evidentes entre ellos: fe, amor, y esperanza. Pablo les recordaba que Dios los amaba y que los había escogido. Los dos van juntos. Cuando amamos a alguien, naturalmente lo escogemos. El evangelio no consiste sólo en palabras. En la cultura moderna hay un exceso de información o entretenimiento que a menudo sólo se queda en simples palabras. Sin embargo el evangelio es más que palabras, también tiene poder. Es un mensaje del Espíritu Santo, una persona viviente, que trabaja dentro de los corazones de los oyentes, para convencer de pecado, para consolar, y para instruir. Los Cristianos Tesalonicenses se distinguieron porque recibieron la Palabra, incluso en medio de gran tribulación. El mensaje que escucharon vino con adversidad; sin embargo lo recibieron, y Pablo le agradecía a Dios por ello.
Los Cristianos en Macedonia y Acaya necesitaban ejemplos, y los Tesalonicenses suplieron esa necesidad. Esto era verdad a pesar de que sólo habían sido seguidores de Jesús por un corto periodo de tiempo. Como Cristianos, siempre necesitamos a otros que nos muestren cómo seguir a Jesucristo, más allá de la necesidad de escuchar sobre cómo seguirlo. Pablo dijo, “¡Ustedes Cristianos Tesalonicenses están divulgando la palabra de Dios tan efectivamente que me están dejando sin negocio! ¡No tenemos necesidad de hablar nada!” Pablo empareja dos ideas. La palabra de Dios ha sido divulgada, y su fe en Dios se ha extendido. Esos dos aspectos son esenciales si una iglesia va a difundir el evangelio. Primero, necesitan un mensaje que difundir, y ese mensaje necesita primero impactar sus propias vidas. Segundo, necesitan que la fe salga, para que su fe en Dios sea conocida por el mundo. La simple predicación del evangelio ha hecho mucho para convencer y convertir a los pecadores; pero las vidas de los seguidores sinceros de Cristo; como una ilustración de la verdad de la doctrina, han hecho mucho más.
Cuando los Tesalonicenses recibieron la Palabra de Dios de Pablo, respondieron a esto dejando a sus ídolos, y se entregaron a servir al Dios vivo y verdadero. Su recepción de la Palabra de Dios y su fe en Él probaron ser verdaderos porque hicieron algo con la Palabra de Dios. Pablo señaló la esencia de la salvación al decir que Jesús es quien nos libra de la ira venidera. Nosotros somos salvados de algo, y ese algo es la justa ira de un Dios santo. Más adelante en esta carta, Pablo usó la expresión Porque no nos ha puesto Dios para ira (1 de Tesalonicenses 5:9) para referirse a la liberación de parte de Dios para su pueblo en el contexto de la ira venidera que llegaría al mundo durante los últimos días. Puede ser que tenga en mente la misma idea aquí. “Usada técnicamente, y con frecuencia en el NT, “ira” (orges) es un título para el periodo que se dará poco antes del establecimiento del Mesías en la tierra, cuando Dios afligirá a los habitantes de este mundo con una serie de tormentos físicos sin precedentes debido a su rechazo de la voluntad de Dios. Ya sea que se refiera a la ira de la Gran Tribulación o a la ira final de la eternidad, cualquiera de las dos debe ser evitada con urgencia. “Un hombre temeroso puede imaginar miedos vastos y terribles; fuego, espada, convulsiones de dolor, plomo hirviendo, brea hirviendo. Sin embargo todo esto no es más que solamente un retrato del fuego de la ira venidera, esa eternidad de extremidad, la cual muchas personas desgraciadas nunca podrán evitar o soportar.”
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
