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Los israelitas trataron el arca del pacto con honra y respeto, sin embargo, no la llevaron al tabernáculo. En lugar de descansar en la casa de Dios, la llevaron a la casa de Abinadab. No sabemos si Eleazar era del linaje sacerdotal apropiado, o si su ceremonia de consagración fue legítima según Éxodo 29. Al menos esto reflejaba un deseo de hacer lo correcto. Israel tenía el arca de regreso, pero las cosas no se habían solucionado realmente. Israel se dio cuenta de que no estaban mejor con Dios sólo porque tuvieran el arca del pacto nuevamente. Más bien, toda la casa de Israel se lamentaba en pos de Jehová. Tenían buenas razones para lamentarse. Sus ciudades estaban en ruinas, sus ejércitos fueron derrotados y estaban bajo el dominio de los filisteos – todo porque no estaban bien con Dios.

Dios levantó a Samuel como juez y profeta. Sin embargo, Samuel estuvo extrañamente ausente durante todo el fiasco del arca del pacto. En 1 Samuel 4:1 fue el último lugar donde se mencionó a Samuel, justo antes de que Israel planeara usar el arca como amuleto de la suerte en batalla. Samuel hizo un llamado a la nación a arrepentirse. El arrepentimiento debía ser interno y externo. Lo interno era más importante que lo externo, y debía venir primero. Sin embargo, el arrepentimiento interno es algo secreto. Es oculto. Nadie puede realmente “ver” el corazón de otro. Sin embargo, lo interno fue probado por lo externo. Podemos saber que Israel sí volvió de todo corazón cuando quitaran los dioses ajenos. Nadie podía ver sus corazones, pero podían ver si quitaron los dioses ajenos.

Los dioses locales de Baal y Astarot eran ídolos populares entre el pueblo de Israel. Baal era atractivo porque se creía que era el dios del clima que traía buena cosecha y éxito económico. Astarot era atractiva porque se creía que era la diosa de la fertilidad y que por lo tanto estaba conectada con el amor y el sexo. En Mizpa es donde Jacob se separó de Labán y fue el lugar de reunión para un Israel arrepentido en Jueces 20:1. Este era un lugar recordado para separación y arrepentimiento. Samuel ya había llamado a la nación al arrepentimiento, y ellos comenzaron a hacerlo. Samuel sabía que la obra de Dios en ellos sólo podía ser completada a través de la oración. En este contexto, una ceremonia de derramamiento de agua demostraba un alma derramada delante de Jehová. Era una expresión de vacío y necesidad.

Israel también expresó su dolor por su pecado mediante el ayuno (un mensaje de que nada más importaba excepto estar bien con Dios) y mediante la confesión (una afirmación directa de culpa y responsabilidad). Samuel fue el último juez y fue juez sobre Israel como lo fueron los líderes en los días del libro de Jueces. Pero su liderazgo fue más espiritual que militar.

Los filisteos tenían razón al temer a un Israel arrepentido que buscaba a Dios, porque con Dios luchando por ellos, Israel era invencible. Los israelitas no tenían mucho más entendimiento espiritual que los filisteos. Deberían haber tenido más confianza en Jehová. La última vez que Israel estuvo en este tipo de situación, dijeron, “Tomemos el arca del pacto y llevémosla con nosotros a la batalla. ¡Así no podremos perder!”. Ahora son mucho más sabios delante de Jehová, y en vez de confiar en el arca hicieron lo correcto y le pidieron a Samuel “no ceses de clamar por nosotros”. Samuel se tomó tiempo para ofrecer un sacrificio en un momento tan crítico porque sabía que solo podía orar eficazmente a la luz del sacrificio expiatorio de Dios. La biblia describe a Samuel como un poderoso hombre de oración: Y Samuel estaba entre los que invocaron su nombre; Invocaban a Jehová, y él les respondía en Salmos 99:6.

Dios peleó desde el cielo en nombre de Israel y derrotó a los filisteos. Esta fue una obra especial de Dios porque los israelitas escucharon el mismo trueno, pero sólo los filisteos se atemorizaron y fueron vencidos. Dios no sólo envió truenos, también envió confusión para los filisteos y confianza para Israel. Ésta era el tipo de victoria que Israel esperaba tener en 1 de Samuel 4 cuando llevaron el arca del pacto a la batalla. Si tan solo se hubieran arrepentido y buscado a Jehová como lo hicieron aquí, podrían haber tenido este tipo de victoria hace mucho tiempo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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