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Ellos sintieron algo parecido a lo que los discípulos sintieron el día que vieron a Jesús resucitado, porque sintieron que habían recibido a Dios de entre los muertos. En ese día mientras segaban el trigo en el valle (entre mayo y junio), ellos supieron que el Dios de Israel estaba vivo. Por supuesto, Dios nunca estuvo muerto y nunca los dejó. Pero los israelitas sintieron como si Dios hubiera muerto, y estaban desesperados, desanimados, y sin esperanza, como si Él en realidad estuviera muerto. Según sus emociones, fue como si Jehová Dios de Israel hubiera resucitado.

Después de haber sido guiada por alrededor de diez millas desde la ciudad filistea, sin detenerse ni apartarse a un lado ni a otro, entonces el arca se detuvo en tierra israelita, justo en el campo de un hombre elegido. Ellos sabían que esto era lo debían hacer en honor a Dios, sin embargo, realmente les costó algo. Las vacas y los carros eran propiedades caras. En un sentido estricto, su ofrenda iba en contra de la Ley Mosaica. Primero, ofrecieron animales hembras a Jehová, lo cual estaba prohibido (Levítico 1:3; 22:19). Segundo, ofrecieron holocaustos a Jehová lejos del tabernáculo, lo cual violaba el mandato de Deuteronomio 12:5-6. Sin embargo, Dios conocía tanto sus corazones como las notables circunstancias, y sin duda fue honrado. Los israelitas tuvieron cuidado de dejar que los levitas se encargaran del arca, como lo ordenaba la ley (Números 4:1-6, 15). Bet-semes era una ciudad sacerdotal (Josué 21:16), así que había sacerdotes disponibles.
Los filisteos se preguntaban si todo lo que les había sucedido mientras tuvieron el arca había sido un accidente. Así que diseñaron una prueba elaborada y compleja para que Dios la pasara, y observaron personalmente para ver si Dios realmente pasaría la prueba. No se registra su reacción, pero deben haber sido persuadidos.

El arca del pacto solo debía ser tocada y manejada por los levitas de la familia de Coat, e incluso ellos recibieron la orden de no tocar el arca (Números 4:15). Los hombres de Bet-semes pecaron no solo tocando el arca, sino también viendo dentro de ella inapropiadamente. Nuevamente notamos que Dios trató con los israelitas de manera más estricta que con los filisteos, quienes acababan de transportar el arca en un carro. Dios hizo esto porque los israelitas, que tenían Su ley, debían y sabían mejor que eso. Es triste considerar que los filisteos honraron más la santidad de Dios que los israelitas. Debido a la honra y la gloria de Jehová, hay algunas cosas que Él decide mantener ocultas, y no es correcto que los hombres husmeen en estos secretos de Dios.

La evidencia del manuscrito es bastante clara en que el número registrado originalmente en el texto fue setenta, no cincuenta mil setenta. Tantos hombres muertos en semejante incidente sigue siendo una gran mortandad. Básicamente, la gramática hebrea puede significar que, de cincuenta mil hombres, Dios atacó a setenta de ellos. “No podemos llegar a otra conclusión que la de que el número 50.000 no es correcto ni genuino, sino una glosa [nota marginal] que se ha infiltrado en el texto a través de algún descuido”.

Al faltarle el respeto a Dios, los hombres de Bet-semes ofendieron la santidad de Jehová. Ahora ellos sabían que Jehová era santo, pero no los hizo querer estar más cerca de Dios. Los hizo querer distanciarse de Dios.
La idea principal detrás de la santidad no es la pureza moral (aunque la idea incluye pureza moral), sino la idea de ser apartado – de que Dios es aparte, diferente de su creación, tanto en su esencia natural como en la perfección de sus atributos.

En un sentido, los hombres de Bet-semes mostraron un mal corazón al hacer esta pregunta. Su pregunta hacía ver a Dios como demasiado severo en vez de mostrarse a sí mismos como muy desobedientes. Aquí parece que malhumoradamente [furiosamente] quieren echar la culpa de sus sufrimientos sobre Dios, como demasiado santo y estricto: de sus pecados, la verdadera causa, no dicen nada; pero tengan cuidado de mantener alejadas sus manos del arca, la cual debieron haber conservado reverentemente.  Para los hombres de Bet-semes, la santidad de Dios era un problema, un problema que podía ser solucionado poniendo distancia entre ellos y Dios. Su pregunta no fue “¿cómo podemos hacernos rectos para con un Dios santo?,” sino fue “¿a quién le podemos pasar este problema para que la santidad de Dios ya no nos sea una carga?”

No sabemos porque escogieron este pueblo. Tal vez tenían buenas relaciones con estos hombres y pensaron que cuidarían bien del arca. Tal vez tenían mala relación con ellos y deseaban que Jehová los maldijera. Cualquiera que haya sido la razón, los hombres de Quiriat-jearim recibieron el arca y la tuvieron allí por muchos años hasta que el rey David la llevó a la ciudad de Jerusalén (2 de Samuel 6).

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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