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Aquí se hace énfasis por tercera vez en que Samuel ministraba a Jehová, tal como lo hicieron Aarón y sus hijos en su consagración como sacerdotes y tal como lo hicieron Pablo y Bernabé antes de ser enviados como misioneros.
La única palabra de Jehová que leemos en los dos primeros capítulos de 1 Samuel es la palabra traída por el varón de Dios contra Elí. Dios no hablaba con frecuencia, y cuando lo hizo, fue una palabra de juicio. Debido a la dureza de corazón que había entre los hijos de Israel y por la corrupción del sacerdocio. Dios hablará y guiará, cuando su pueblo lo busque y cuando sus ministros busquen servirle diligentemente. Los ojos de Elí comenzaban a oscurecerse: Esto era cierto tanto espiritual como físicamente de Elí. Su edad lo convirtió en un líder ineficaz para Israel. Como figura retórica, Se dice que antes que la lampara de Dios fuese apagada, esto simplemente significa “antes del amanecer.” Pero también sugiere los oscuros tiempos espirituales de Israel, son tiempos oscuros y probablemente oscurecerán más.

No sabemos con certeza cuántos años tenía Samuel. El antiguo historiador judío Josefo dijo que Samuel tenía 12 años. Cualquiera que haya sido su edad, Dios habló a Samuel. Esto nos lleva a creer que Dios le habló a Samuel con una voz audible, en lugar de con una “voz interior”, aunque esto no es seguro. Pero Samuel quedó tan impresionado por lo que escuchó que respondió diciendo, Heme aquí. Samuel era un niño obediente. Se equivocó al pensar que Elí le estaba hablando, pero hizo lo correcto, se acercó a Elí rápidamente porque sabía que Elí estaba ciego y podía necesitar ayuda. Cuando nos Dios habla, casi siempre confirma Su palabra una y otra vez. Por lo general, es incorrecto hacer algo dramático en respuesta a esa “voz interna” del Señor. Si Dios está hablando, Él lo confirmará, y a menudo de diferentes maneras.

Samuel era un niño consagrado y obediente, que servía a Dios maravillosamente. Sin embargo, todavía no le había entregado su corazón al Señor. Incluso los niños criados en un hogar consagrado deben ser convertidos por el Espíritu de Dios. Elí le dio a Samuel un sabio consejo. Elí le dijo Que se haga disponible para que Dios hable y no sea presuntuoso, que también que responda a la Palabra de Dios y que se humille delante de Dios y su palabra.

Jehová se paró, y llamó: Esto parece haber sido audible y como dice que Jehová se paró, puede ser que esta fuera una aparición única de Jehová, tal vez en la persona de Jesús antes de Belén. Esto no fue un sueño ni un estado de conciencia alterada. Dios le dará al joven Samuel noticias espectaculares. En otros lugares del Antiguo Testamento, oídos que retiñen son señal de un juicio especialmente severo. A través de la palabra del varón de Dios en 1 de Samuel 2:27-36, Elí ya había escuchado el juicio venidero. Esta palabra, dada al joven Samuel, fue una palabra para, confirmar el mensaje anterior de Dios. El mensaje fue por la iniquidad de sus hijos que han blasfemado a Dios: Elí sabe de esta iniquidad por su propia observación y por los informes del pueblo, pero especialmente porque Dios la dio a conocer por el mensaje del varón de Dios.

La responsabilidad de Elí de refrenar a sus hijos no era porque él fuera su padre. Eran hijos adultos, que ya no estaban bajo su autoridad como lo estaban cuando eran más jóvenes. La principal responsabilidad de Elí era como su “jefe”, porque él era el sumo sacerdote y sus hijos eran sacerdotes bajo su supervisión. Sin embargo, la indulgencia de Elí hacia ellos estaba sin duda relacionada con su anterior indulgencia hacia ellos como padre. ¡Qué condena tan terrible! Dios está diciendo “es demasiado tarde. Ahora la oportunidad de arrepentirse ha pasado. El juicio está sellado”.

Probablemente, el juicio declarado por el varón de Dios en 1 de Samuel 2: 27-36 era una advertencia, que invitaba al arrepentimiento. Pero como no hubo arrepentimiento, Dios confirmó su mensaje de juicio a través de Samuel. O tal vez Elí había estado rogando a Dios para que detuviera su juicio, y esta era la respuesta de Dios a esos ruegos. ¿Podemos llegar alguna vez a un sitio donde nuestro pecado no pueda ser expiado jamás? Solo si rechazamos el sacrificio de Jesús por nuestros pecados. Como dice hebreos 10:26, si rechazamos la obra de Jesús por nosotros, ya no queda más sacrificio por los pecados.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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