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Ahimelec respondió a Saúl con la honestidad de un hombre con la conciencia tranquila. Dijo sencilla y honestamente: “no culpe el rey de cosa alguna a su siervo”. Saúl continuaba con su imprudente paranoia. Acusó a Ahimelec y a David de conspiración contra él. También pensaba que David buscaba matarlo. Saúl se veía a sí mismo como la víctima y que David y Ahimelec buscaban matarlo. Ahimelec dijo exactamente la verdad.

Cuando David buscó a Ahimelec, el sacerdote lo interrogó cuidadosamente. David le mintió. Esto puso a Ahimelec en una posición muy vulnerable. Ahimelec ignoraba tanto el odio que Saúl sentía por David que alabó a David frente al celoso rey: “Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David”.

Esto se debe a que David le dijo a Ahimelec que estaba siguiendo las órdenes de Saúl cuando en realidad estaba huyendo por su vida. Cualquier hombre que se encuentre en el estado de pecado y rebelión en el que se encontraba Saúl no puede soportar ver que un hombre inocente y sin malicia como Ahimelec no esté de acuerdo con él. Así que ordenó que fuera asesinado.

Saúl se mostró reacio a matar a los enemigos del Señor cuando se le ordenó. Pero no se mostró reacio a asesinar a los sacerdotes de Jehová a sangre fría. Saúl claramente está perdiendo la cabeza. Su ira se había inclinado contra el mismo Jehová, por quitarle su reino y dárselo a otro: y como no podía llegar al Señor, decidió por lo tanto descargar su ira sobre sus sacerdotes.

Éste es uno de los peores actos en la vida de Saúl; su malicia fue implacable, y su ira fue cruel, y no hay motivo de justicia o política por el cual un acto tan bárbaro pueda ser justificado. Una sentencia sangrienta, pronunciada con dureza y ejecutada con tanta imprudencia, sin pausa ni deliberación, sin remordimiento ni arrepentimiento. Este fue el peor acto que Saúl jamás haya hecho. Para crédito suyo, los siervos de Saúl temían más a Dios que a Saúl y se negaron a asesinar a los sacerdotes.

Doeg, quien no era judío sino edomita, no dudó en asesinar a los sacerdotes y a sus familias. Doeg había sido detenido delante de Jehová en el tabernáculo (1 de Samuel 21:7), pero no cambió su corazón en absoluto. David mostró cómo se sintió sobre esto en el Salmo 52, el cual dice en su título: Masquil de David, cuando vino Doeg edomita y dio cuenta a Saúl diciéndole: David ha venido a casa de Ahimelec.

La simple presencia de David con Ahimelec lo hizo culpable ante los ojos de Saúl y en realidad no había nada que David ni nadie más hubieran podido hacer al respecto. La otra, en menor medida, fue que el hecho de que David le mintiera a Ahimelec hizo que el sacerdote fuera vulnerable ante Saúl. Las mentiras de David no mataron directamente a Ahimelec ni a los otros sacerdotes. Pero por lo menos no permitieron que Ahimelec muriera con un honor más grande.

Si Ahimelec hubiera sabido del conflicto entre David y Saúl hubiera podido escoger apoyar a David y morir con gran honor. Sabemos por 1 de Samuel y por los Salmos que David volvió su corazón a Jehová y le pidió perdón después de haber mentido a Ahimelec. David fue restaurado, pero aún había fruto malo que resultaría de las mentiras, y ahora David puede verlo y probarlo.

David no podía hacer nada por los sacerdotes que ya habían sido asesinados. Confesó su culpa sobre el asunto, y buscó perdón de Jehová. Ahora, lo único que puede hacer es ministrar al necesitado frente a Abiatar, el sacerdote sobreviviente.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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