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En las inciertas circunstancias en las que se encontraba, David fue al lugar correcto – la casa de Jehová. A Ahimelec le pareció inusual que un hombre prominente como David deambulara solo por las aldeas de Judá y esto le hizo pensar que algo andaba mal, así que le preguntó a David: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo? Ahimelec no sabía nada del conflicto entre David y Saúl. Le pareció extraño y peligroso que David viajara solo. Además, podemos imaginarnos que David se veía cansado, desgastado, desaliñado, y probablemente se veía como si hubiera estado llorado mucho. David fue a la casa de Jehová, pero mintió para protegerse. David elaboró su mentira cuando puso falsas palabras en la boca de Saúl para establecer un ambiente de discreción (nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío) y cuando hizo referencia a “los criados” (David estaba totalmente solo). De muchas maneras, podemos entender por qué David mintió e incluso podemos simpatizar con él. Muchos de nosotros hubiéramos hecho lo mismo o algo peor en la misma situación. Al mismo tiempo, David llegaría a lamentar horriblemente esta mentira (como se cuenta en 1 de Samuel 22:22). Algunos intentan justificar la mentira de David aquí: pero eso no puede ser. Las consecuencias de ella fueron muy tristes y después hicieron que su alma se derritiera de mucha pesadumbre.

Cuando David llegó al tabernáculo en Nob estaba hambriento y sabía que necesitaría comida para el momento y para después. El tabernáculo de Jehová tenía una mesa que contenía doce panes de más de dos kilos pan, que simbolizaban la comunión continua de Dios con Israel. La importancia y el significado del pan se encuentra en su nombre. Literalmente, pan de la proposición significa “pan de los rostros”. Es un pan asociado con, y para ser comido ante, el rostro de Dios. También se le llama “pan de la presencia”. Comer el pan de la proposición era comer el pan de Dios, en la casa de Dios, como amigo e invitado de Jehová, disfrutando de Su hospitalidad. En esa cultura, comer juntos formaba un vínculo de amistad que era permanente y sagrado. El pan de la proposición debía ser siempre fresco. Ahimelec le daría a David los panes viejos, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados. Dios quiere que nuestra comunión con él, nuestro tiempo ante su rostro, sea fresco. El pan de la proposición no debía ser tratado a la ligera. De hecho, debía ser comido por los sacerdotes. Así que Ahimelec le pidió a David un nivel básico de limpieza ceremonial antes de darle el pan de la proposición.

David actuaba como si viajara con un grupo. Lo que dijo era cierto de sí mismo, pero no había nadie más viajando con él. Al darle el pan a David, Ahimelec rompió con una tradición sacerdotal pero no con la palabra de Dios. Él entendía que la necesidad humana era más importante que una observancia levítica. Cuando los discípulos de Jesús fueron criticados por romper con la costumbre religiosa al arrancar espigas en el día de reposo para comer, Jesús usó lo que hizo Ahimelec para explicar el asunto. Jesús aprobó lo que hizo Ahimelec y le dio honor al defender su forma de actuar. El punto con Ahimelec y Jesús es poderoso: las tradiciones humanas nunca son más importantes que la Palabra de Dios misma. Si Dios hubiera dicho, “Sólo los sacerdotes pueden comer este pan”, hubiera sido diferente. Pero Dios nunca dijo eso. Agregar el sólo ahí parecía lógico, pero era agregarle algo a la Palabra de Dios. Nunca debemos elevar nuestra extensión o aplicación de la palabra de Dios al mismo nivel que la Palabra de Dios misma.

Nos encontramos con un personaje al que veremos otra vez más adelante. Doeg era el principal de los pastores de Saúl y no era israelita sino edomita, la palabra traducida como principal significa poderoso, pero también puede ser usada como violento u obstinado. Doeg mostraría serlo. Por lo que vemos de Doeg y su carácter, es difícil pensar que realmente estaba realizando asuntos espirituales ante Jehová en el tabernáculo. Probablemente estaba cumpliendo algún requisito ceremonial relacionado con su trabajo para el rey de Israel.

Podemos entender por qué David quería un arma y por qué la pidió. Pero también es triste que David continuara con su mentira sobre estar bajo la orden del rey. Considerando cual era la orden del rey, David dijo la verdad cuando dijo que “la orden del rey era apremiante”. Eso era verdad, pero no en el sentido en que David lo dijo. David se alegró de tener una buena arma (Ninguna como ella). Mientras David sostenía la espada, debió haber recordado cómo llegó a ganarla. No lo había hecho con mentiras y medias verdades. Lo había hecho con una osada confianza en Dios, una confianza que le creía a Dios y que confiaba en Él para resolver las consecuencias. David puede tener la espada de Goliat en su arsenal, pero estaría mejor equipado si tuviera la fe que mató a Goliat. ¿Está ahora David confiando más en una espada filistea que en las herramientas de un pastor? No había nada de malo con la espada de Goliat – Jehová la usó antes (1 de Samuel 17:51), pero sólo en el contexto de una fe radical.

David perdió la confianza en Dios y en lugar de reconocer la verdad al único que podía ayudarlo y confesar que había estado mintiendo, volvió a huir por su vida. Hay algunos que se han inclinado a deshacerse de la Palabra de Dios. Bueno, si ellos la desechan, Dénmela a mí. Hay algunos que quieren ponerla sobre un estante, como algo que ya ha visto sus mejores días. Ellos asumen que la vieja espada está oxidada y desgastada, pero nosotros podemos decir, “Ninguna como ella; ¡dámela!”.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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