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Hay un tiempo para llorar, pero también hay un tiempo para seguir adelante. Llena tu cuerno de aceite debió haber emocionado a Samuel, porque supo que Dios quería que ungiera a alguien más como rey sobre Israel. Dios nunca permitirá que su obra muera con la muerte o el fracaso de un hombre. Si es la obra de Dios, va mucho más allá de cualquier hombre.
Tal vez Samuel estaba paralizado por el duelo de la trágica rebelión de Saúl, pero Dios no estaba paralizado. El futuro rey de Israel sería encontrado entre sus hijos, los hijos de Isaí. Isaí era el nieto de Rut y Booz. Ciertamente podemos entender el miedo de Samuel. No hay ninguna duda de que Saúl consideraría esto como traición. Al mismo tiempo, muestra una nota de miedo en Samuel que casi nos sorprende ver. Quizás el excesivo duelo de Samuel por Saúl introdujo un elemento de temor e incredulidad en su corazón. Samuel no tenía nada de qué preocuparse, porque Dios prometió: yo te enseñaré lo que has de hacer. ¿Le estaba diciendo Dios a Samuel que mintiera? Para nada. Era estrictamente cierto; Samuel sí ofreció un sacrificio; y no parece que hubiera podido hacer la obra que Dios diseñó,
a menos que hubiera ofrecido este sacrificio, y hubiera reunido a los ancianos del pueblo, y que esto reuniera a los hijos de Isaí. Pero no contó el motivo principal de su venida; si lo hubiera hecho, hubiera producido mal en
vez de bien.
La simple realidad es que Dios gobernaba Israel. El primer rey de Israel fue ungido por el pueblo. Él fue el “rey de la central de reparto”, el tipo de rey que el pueblo deseaba. Ahora la “elección del pueblo” había fallado y se había descalificado a sí mismo. “Ahora” Jehová dijo, “es tiempo de un rey para mí”. Dios iba a mostrarle Su rey a Israel. Belén era una pequeña ciudad no muy lejos de Jerusalén. Era el hogar de Rut y Booz, de quienes descendía
la familia de Isaí. Era una región montañosa de cultivo de cereales con muchos pequeños campos de cereales excavados en las laderas.
Considerando lo que Samuel acababa de hacer al rey amalecita Agag, no es de sorprenderse que los ancianos de Belén le tuvieran miedo. La idea no era que Isaí y sus hijos sólo fueran a ver a Samuel sacrificar esta vaca. Ellos
verían el sacrificio y luego compartirían una gran comida ceremonial y comerían la carne que provenía del animal sacrificado. Cuando se sacrificaba un animal para expiar el pecado, no se comía nada y todo era
ofrecido en holocausto delante de Jehová. Pero cuando un animal era sacrificado como una ofrenda de paz, una ofrenda de comunión, o una ofrenda de consagración, entonces una parte del animal era ofrecida en
holocausto delante de Jehová, y una parte era consumida durante una comida en una ceremonia especial. Cuando Samuel vio al hijo mayor, Eliab, pensó, “Este hombre ciertamente parece un rey.

Este debe ser el que Dios me dirá que unja. ¡Esta es una buena elección, Dios!” Samuel vio a un joven alto y apuesto que tenía la apariencia de que iba a ser un gran rey y líder. Samuel cometió el error de juzgar a Eliab basado en su parecer.

Este es el mismo error que cometió Israel con su primer rey. Saúl tenía la apariencia, pero no tenía el corazón que un rey del pueblo de Dios debía tener. No importaba que tan bien se viera Eliab, pues Dios dijo: yo lo desecho. Incluso los mejores hombres verán lo que está delante de sus ojos. Dios le dijo a Samuel que Él no había elegido a ninguno de estos siete hijos de Isaí que habían asistido a la celebración. No era que estos hijos de Isaí fueran malos hombres, pero no eran la elección de Dios. Dios tenía a un hombre en mente diferente a las expectativas de Samuel e Isaí. Dios no quería un rey conforme a la carne. Israel ya tenía un rey así. ¿Son estos todos tus hijos? David. Primero, su padre ni siquiera lo mencionó por su nombre. Segundo, ni siquiera había sido invitado a la celebración.

Tercero, sólo fue llamado a presentarse porque Samuel insistió en ello. Dios a menudo elige a personas poco probables para que hagan Su obra, de modo que todos sepan que la obra es obra de Dios, no obra del hombre. David fue llamado para este gran ungimiento cuando estaba afuera apacentando las ovejas. Él simplemente hacía su trabajo y era fiel en las tareas pequeñas y en lo que su padre le pedía hacer. David pasó mucho tiempo mirando a las ovejas y contemplando la gloria de la creación de Dios. Dios edificó en él un corazón para cantar sobre su gloria en toda la creación.

La descripción física de David nos dice que tenía complexión clara; este es probablemente el significado de rubio, y una complexión clara era considerada atractiva en esa cultura. Era hermoso de ojos, lo cual habla de vitalidad e inteligencia. David tenía una apariencia agradable, pero no se veía como Saúl, quien tenía la apariencia de un líder y rey. David se veía bien, pero usted no lo hubiera visto y dicho, “Ese es un líder nato. Ese es un rey”. Eso es lo que la gente decía cuando veía Saúl. Cuando veían a David decían, “Ese es un muchacho bien parecido”. No sabemos qué edad tenía David en ese momento. El antiguo historiador Josefo dice que David tenía diez años. Otros creen que tenía alrededor de quince. Es seguro decir que estaba en ese rango de edad. Al juzgar por todas las apariencias externas, los siete hermanos mayores de David parecían ser mejor material para la realeza. Pero a pesar de lo improbable que era, David fue el elegido. Dios derramó sobre David un corazón lleno de amor y devoción por Jehová, y le dio el fundamento para construir su propio caminar con Él. Por las acciones de David, Isaí, y los hermanos de David, podemos asumir que sólo Dios y Samuel sabían exactamente lo que había sucedido aquí.

La verdadera unción sucedió cuando el Espíritu Santo vino sobre David. El aceite en la cabeza fue solo una señal de la realidad interna. Samuel no comenzó con un partido político de “coronemos a David” y no comenzó a socavar el trono de Saúl, buscando una manera de establecer a David como rey. Samuel vio a David y reaccionó exactamente como Dios quería que reaccionara: Jehová, no sé por qué has escogido a este niño. Pero tú tendrás que ponerlo en el trono. Yo no puedo hacerlo. David significa “querido” o “amado”. David se convertiría en uno de los hombres más grandes de la biblia, mencionado más de 1,000 veces en las páginas de las Escrituras; más que Abraham, más que Moisés, más que cualquier otro hombre en el Nuevo Testamento. No es un accidente que Jesús no haya sido conocido como el “hijo de Abraham” o el “seguidor de Moisés,” sino como Hijo de David. Desde cualquier ángulo que veamos la vida de David, es extraordinaria. Puede ser que Abraham lo haya sobrepasado en fe, y Moisés en el poder de una concentrada comunión con Dios, y Elías en la intensa fuerza de su entusiasmo. Pero ninguno de estos fue tan polifacético como el grandemente dotado hijo de Isaí.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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