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Samuel dijo a Saúl: Este era un mensaje del líder espiritual de Israel para el líder político y militar de Israel. El mensaje era claro: castigaré lo que hizo Amalec a Israel, así que destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él. Dios claramente le dijo a Samuel que le dijera a Saúl que llevara juicio total contra los amalecitas. Este verbo hebreo usado para destruir es: (heherim) es usado siete veces en este relato. Ciertamente se enfatiza la idea de un juicio total y completo. Los amalecitas debían recibir juicio total por oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Siglos antes de esto, los amalecitas fueron el primer pueblo en atacar a Israel después de su huida de Egipto.

Cientos de años atrás, Jehová dijo que traería juicio contra Amalec: Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi; y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación (Éxodo 17:14-16).  En Deuteronomio se repite esta idea. Los amalecitas cometieron un pecado terrible contra Israel. Cuando la nación era débil y vulnerable, los amalecitas atacaron a los más débiles y vulnerables de la nación. Hicieron esto sin más razones que la violencia y la codicia. Dios odia cuando los fuertes se aprovechan cruelmente de los débiles, especialmente cuando los débiles son Su pueblo. A pesar de que esto sucedió más de 400 años antes, Dios aún sostenía su ira contra los amalecitas porque el tiempo no borra el pecado delante de Dios. Entre los hombres, el tiempo debería borrar pecados y hacernos más prestos a perdonarnos unos a otros. Pero ante Dios, el tiempo no expía al pecado. Sólo la sangre de Cristo Jesús puede borrar el pecado, no el tiempo. De hecho, fue tiempo lo que recibieron misericordiosamente los amalecitas como oportunidad para arrepentirse y no lo hicieron. Los cientos de años de corazones endurecidos y sin arrepentimiento los hicieron más culpables, no menos. Dios pudo haber juzgado directamente a Amalec como lo hizo con Sodoma y Gomorra. Pero Dios tenía un propósito especial en esto para su nación especial, Israel. Quería que fuera una prueba de obediencia para Saúl y todo Israel. Además, dado que el pecado de Amalec contra Israel fue un ataque militar, Dios quería que el juicio se ajustara al pecado. A lo largo de la historia del mundo, las naciones han estado frente a la barra de Cristo. Nínive estuvo ahí, Babilonia estuvo ahí, Grecia y Roma estuvieron ahí. España y Francia estuvieron ahí, y Gran Bretaña está justo ahí hoy. Una tras otra ha tenido el solemne mensaje – apartaos, y han pasado a una destrucción que ha sido absoluta y terrible.
Saúl era un líder militar capaz. Podía convocar y organizar a un gran ejército. También sabía cómo programar su ataque adecuadamente; y él puso emboscada en el valle. Saúl muestra sabiduría y misericordia al dejar ir a los ceneos. El juicio de Dios no era sobre ellos, así que no quería destruirlos junto con los amalecitas. Esto fue bueno, y en obediencia a Jehová. Pero fue una obediencia incompleta y selectiva. Primero, Saúl tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. Dios le había ordenado a Saúl que llevara su juicio sobre todo el pueblo, incluyendo al rey. Saúl perdonó a Agag, ya sea por una tonta compasión por la bondad de su persona, como señala Josefo; o por su respeto a su majestad real, en cuya conservación se creía interesado; o por la gloria de su triunfo. Si Saúl perdonaba la vida de Agag, el pueblo se tomaría la libertad de perdonar lo mejor del botín, estos son los pecados de imitación del alto mando. Dios ordenó claramente en 1 de Samuel 15:3 que todas las vacas, ovejas, camellos y asnos debían ser destruidos y Saúl no lo hizo.

En una guerra normal en el mundo antiguo, se permitía libremente a los ejércitos saquear a sus enemigos conquistados. Así era a menudo como se pagaba al ejército. Pero estaba mal que alguien en Israel se beneficiara de la guerra contra los amalecitas porque era un juicio designado por Dios. Esto estaba tan mal como un verdugo vaciando los bolsillos del hombre al que acababa de ejecutar por asesinato. Ellos tuvieron cuidado de conservar lo mejor para ellos mismos. Podemos imaginarnos que todos estaban contentos con lo que habían obtenido después de la batalla. Tal vez esto fue lo peor de todo, porque Israel no mostró el corazón de Dios sobre el juicio. Cuando ellos regresaron a casa felices y emocionados por lo que habían ganado en la batalla, ellos dejaban implícito que había algo gozoso y feliz sobre el juicio de Dios. Esto deshonraba a Dios, quien trae juicio renuentemente y sin placer; deseando que los hombres mejor se arrepientan. La obediencia parcial es desobediencia total. Saúl y sus hombres obedecieron en lo que les convino; es decir, no obedecieron a Dios en absoluto, sino a sus propias inclinaciones, tanto al perdonar lo bueno como al destruir lo que era vil. Lo que no era digno de llevarse fue destruido; no debido a la orden, sino para evitarse problemas. Perdonar lo mejor de Amalec es sin duda equivalente a perdonar alguna raíz de maldad, alguna indulgencia aceptable, algún pecado favorito. Para nosotros, Agag debe representar esa propensión al mal, que existe en todos nosotros, para auto gratificación; y perdonar a Agag es ser misericordiosos con nosotros mismos, exonerar y disculpar nuestros fracasos y perdonar nuestro pecado que nos asedia.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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