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En la respuesta de Elcana al dolor de Ana, vemos que él realmente la amaba; sin embargo, como muchos hombres, era insensible. No reconocía que ella tenía necesidades que él no podía satisfacer (como el deseo de ser madre). Ana tenía amargura de alma y gran angustia, sin embargo, hizo lo correcto. Ana llevó honestamente esos sentimientos de amargura y angustia a Dios en oración. Ella inicia su oración invocando a Jehová de los ejércitos. Este título se usa unas 260 veces en el Antiguo Testamento y lleva la idea de “Señor de los poderosos ejércitos.” Ana se siente atacada por su rival, ¡y llama al SEÑOR de los Poderosos Ejércitos para que sea su protector!

Ana prometió dedicar a su hijo al servicio de Jehová, prometiendo que él sería un nazareo desde su nacimiento. Según Números 6, el voto de un nazareo incluía lo siguiente: Abstinencia de cualquier producto de la uva, lo que significa distanciamiento de todos los placeres carnales. No participar en ningún duelo por los muertos, ni acercarse a un cadáver, porque los muertos muestran la corrupción y el fruto del pecado. Además, esto mostraba que el nazareo tenía mayores preocupaciones que las alegrías y tristezas ordinarias de la vida. Nunca pasar navaja sobre su cabeza, porque era una señal pública, y visible para otros del voto. Por lo general, el voto de un nazareo se tomaba por un período de tiempo determinado y era bastante corto. Samuel y Sansón fueron únicos porque fueron nazareos de nacimiento.

El niño ya estaba dedicado como levita porque Dios consideraba a la tribu de Leví como Su propia posesión especial. Pero el tiempo de la dedicación especial de un levita a Jehová solo duraba desde los 30 a los 50 años (Números 4:2-3). Ana tomó algo que ya le pertenecía al Señor y se lo entregó de nuevo de una manera más grande; para toda la vida, y en la dedicación de un nazareo, que era una consagración mayor que la de un levita. Aun así, podemos estar dedicados al Señor, pero es posible darle a Dios una mayor dedicación. Sería fácil para Ana decir: “No necesito dedicar a mi hijo al Señor, porque él ya está dedicado”. Pero había una dedicación más profunda que el Señor quería extraer de Ana.

Mientras ella oraba largamente: Esto es literalmente, “mientras ella se multiplicaba para orar”. A menudo es bueno orar en voz alta, porque nos ayuda a enfocar mejor nuestros pensamientos. Sin embargo, este pasaje muestra que la oración predominante no necesita ser vocal. La oración eficaz puede ser silenciosa y en el corazón.
Elí era el sumo sacerdote y le llamó la atención esta mujer angustiada que llegaba al tabernáculo y se ponía a orar. Observó su boca y vio que movía los labios, pero no oía ninguna palabra. Tampoco podía leer el movimiento de los labios para saber qué es lo que estaba diciendo. Ahora observemos su reacción, la cual nos da una idea en cuanto a las condiciones espirituales y morales de aquel entonces. Los hijos de Elí bebían, se embriagaban se divertían allí y Elí lo sabía, pero nunca tomó medida alguna. Es que era un padre indulgente. Cuando Ana oró con tal fervor de corazón, Elí creía que estaba ebria. ¿Sabe usted por qué? Porque otros habían llegado ebrios a la casa del Señor.  Lo otro ya mencionado de la conducta de los hijos de Elí, prueban que en ese tiempo la religión estaba en un punto muy bajo en Silo; porque parece que mujeres ebrias se presentaban en el lugar, y se podían encontrar ahí mujeres lujuriosas.

Ana no aceptó la acusación de Elí, pero no respondió con un tono altivo o arrogante. Ella daría explicaciones, pero lo hizo recordando que él era su sumo sacerdote. Lo que Ana necesitaba hacer era derramar su alma delante de Jehová. En vez de mantener la amargura del alma y la angustia en su corazón, ella lo hizo.

Elí se dio cuenta de su equivocación y pronunció una bendición profética. Se nos dice que Ana, entonces, no volvió a estar triste, lo cual fue una evidencia de que tuvo confianza en que Dios había escuchado su oración, y que la respondería. Cuando Elí le dijo: El Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho, pudo haber dicho esto solo como un deseo amable; pero en realidad fue palabra de Jehová.

El cambio en el semblante de Ana muestra que ella recibió la promesa con fe, algo necesario si hemos de recibir las promesas de Dios. Ana muestra cómo podemos recuperar el gozo de la comunión en la casa de Jehová otra vez: derramando nuestro corazón delante de Jehová y recibiendo su palabra con fe.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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