Asa reinó 41 años en total. Mientras que en el mismo periodo hubo siete reyes diferentes en Israel. Cada uno de los reyes anteriores de Israel anduvieron en el inicuo patrón de Jeroboam. Acab se distinguió al ser peor que Jeroboam. Su padre Omri fue un éxito político y económico para Israel, pero un fracaso espiritual. Acab retomó el lugar donde su padre se había quedado. El nombre de Acab refuerza la relación padre-hijo, pues puede ser traducido como “hermano del padre” o “parecido al padre”. Se pudiera decir de algunos hijos: Él tiene los ojos de su padre. Se podría decir de Acab: Él dice las mentiras de su padre.
Jeroboam tenía la intención de servir a Jehová por medio de imágenes idólatras (tales como el becerro de oro) y de manera desobediente (altares y lugares altos que no estaban en Jerusalén). Acab introdujo la adoración de dioses paganos completamente nuevos. En su desobediencia Jeroboam dijo: “Adoraré a Jehová, pero lo haré a mi manera”. Acab dijo: “Me quiero olvidar de Jehová completamente y adorar a Baal”.
En sus últimos días, Salomón trágicamente adoró a dioses paganos. Pero Omri y Acab fueron perores debido a que “ordenaron” la adoración de ídolos. “Él hizo estatuas en favor de la idolatría, y obligó a las personas por ley a ser idólatras. Vemos en Miqueas 6:16: “Porque los mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Acab”. Así como las mujeres extranjeras de Salomón lo dirigieron a su ruina espiritual, la mujer extranjera de Acab, Jezabel, lo dirigió a él y a la nación hacia una profunda idolatría. Et-baal significa “con Baal”. “El nombre de Jezabel pudiera provenir de un clamor de culto utilizado en la adoración de Baal, cuyo significado es “¿Dónde está Baal?”. Traducido al hebreo el nombre también era un juego de palabras verbal, que los israelitas debieron de haber saboreado. ¡Zabel en el hebreo significa estiércol! Jezabel era “una mujer infame por su idolatría, crueldad, brujería, e inmundicia”.
Meyer dice sobre el mal reinado de Acab: Esto sucedió, no tanto porque su carácter fuera más depravado; sino porque era un hombre débil, instrumento de una astuta, inescrupulosa y cruel mujer; y algunos de los peores crímenes cometidos, han sido por la debilidad de los hombres, instigados por espíritus peores, pero más fuertes que ellos mismos.
Clarke por su parte escribe: “Y bien conocida era la hostilidad de Jezabel hacia todo lo bueno, tanto que su matrimonio con ella fue estimado como el más alto grado de vicio, y un acto provocador hacia Dios, y destructivo para la prosperidad del pueblo”. Si un historiador secular hubiera estado registrando estos eventos, el matrimonio de Acab con Jezabel habría sido, probablemente, aplaudido como un movimiento político prudente. Tanto Fenicia como Israel estaban siendo amenazados por Siria, y el matrimonio le dio a Acab un poderoso aliado militar en un momento crucial”.
Parecía que la unión matrimonial entre Tiro e Israel era ideal para Israel. Tiro estaba en la cima de su gloria. “Sus colonias salpicaban las costas del Mediterráneo hasta España; sus barcos blanquearon todos los mares con sus velas, y se aventuraron a las costas inglesas en busca de estaño; su hija, Cartago, amamantó a Anibal, y fue lo suficientemente fuerte para hacer temblar a Roma”. Al parecer, Acab quería retar la profecía de Josué después de la destrucción de la ciudad: “En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas” . Si Acab pensaba que podría reconstruir Jericó sin ser afectado por esta maldición, estaba equivocado.
No sabemos cómo murieron los hijos de Hiel; pudieron haber muerto por medio de la maldición, o pudieron haber sido sacrificados por Hiel. “Las excavaciones arqueológicas han descubierto evidencia de una práctica en los tiempos antiguos de la Biblia llamada “sacrificios de cimientos’, en las cuales niños eran enterados, quizás con vida, en los cimientos de los edificios”. Esta era una advertencia misericordiosa que Acab ignoró. Dios le dijo: “No puedes ir en contra de mi palabra sin pagar el precio. Hiel de Bet-el, el hombre que dirigió la reedificación de Jericó, halló que esto era cierto. Toma con seriedad esta advertencia”. Aunque Acab no tomó la advertencia con seriedad.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehousme
