Roboam tenía la intención de hacer guerra en contra de las tribus de Israel que se separaron, pero Dios habló por medio de un profeta para detenerlo. Para su crédito —o quizás por la falta de valentía— Roboam escuchó la palabra de Dios por medio de Semaías varón de Dios. Aquí está un Semaías, que algunos de ustedes jamás habían escuchado de él antes, quizás nunca vuelvan a oír de él otra vez; aparece una sola vez en esta historia, y luego se desvanece, viene y se va. El único logro de este hombre fue reducir a la paz a ciento ochenta mil hombres escogidos, guerreros listos para pelear en contra de la casa de Israel, dándoles en muy simples y sencillas palabras, el mandamiento de Dios.

Jeroboam necesitaba una ciudad capital, porque Jerusalén estaba en el territorio de Judá y Benjamín. La ciudad de Siquem se convirtió en la ciudad capital del reino norte de Israel. Al parecer, el reinado de Jeroboam comenzó con energía y oportunismo. Él tenía una promesa significativa de parte de Dios por medio del profeta Ahías: “Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.”

El hecho del reino dividido no significaba que las tribus del norte estaban exentas de sus obligaciones del pacto. Ellos estaban bajo la Ley de Moisés al igual que las tribus del sur, pero Jeroboam temía las implicaciones políticas de viajes anuales hacia la ciudad capital del reino sur de Judá.  Jeroboam parece olvidar o ignorar la promesa que Dios le hizo por medio del profeta Ahías, como está registrado en 1 Reyes 11. Jeroboam pudo haber asegurado su trono por medio de una obediencia radical hacia Dios, no al dirigir a las diez tribus a la idolatría. No tenía sentido pedir consejo para su propósito inicuo. Jeroboam quería consejo sobre la manera de hacer algo incorrecto de la mejor forma posible. Jeroboam era aún más necio de lo que aparentaba. Literalmente dice: “Por lo tanto, el rey tomó consejo de sí mismo”. La frase descubre la fuente de su error: que no consultó a Dios, quien le había dado el reino, con toda razón, y justicia y gratitud, como lo debió de hacer. Jeroboam apeló a su deseo natural de la conveniencia. Los hombres, por lo general, tomarán el camino fácil cuando puedan; por lo tanto, si un ídolo en Bet-el o Dan puede reemplazar un viaje largo hacia Jerusalén, es bueno. Jeroboam se convierte en un ejemplo de un líder político que moldea la religión para su propio propósito. El asunto de la verdadera religión no era importante para Jeroboam; él estaba interesado en una religión útil. Él repite las mismas palabras que dijo Aarón cerca de 500 años antes de su tiempo. Es posible, que la intención de Jeroboam con los becerros de oro era que representaran al Dios de Israel. Esta no era la introducción de un nuevo dios, sino una perversión de la adoración apropiada al verdadero Dios. Los hombres están dispuestos a adorar a Dios si se les permite tener ritos y símbolos que ellos mismos han inventado.

Fue un pecado cuando Jeroboam lo sugirió, pero fue más pecado cuando el pueblo lo siguió. El pueblo estaba tan atraído por la religión de Jeroboam que fueron hasta Dan (al extremo norte de Israel) para adorar en el altar del becerro de oro. Jeroboam hizo otros lugares de adoración además de los principales centros en Bet-el y Dan. Estos lugares altos eran aún más convenientes para el pueblo. Él rechazó los mandamientos de Dios en cuanto al sacerdocio de Israel, y estableció un sacerdocio de su propio gusto. A los sacerdotes legítimos y levitas que vivían en las diez tribus del norte no les agradó esto. Ellos, junto con otros que “fijaron sus corazones en buscar a Jehová Dios de Israel”, se movieron del reino del norte de Israel hacia el reino del sur de Judá durante este periodo. Espiritualmente hablando, Israel fue golpeado dos veces: por la religión impía de Jeroboam y por la partida de los piadosos y fieles. Quedaban pocas personas piadosas en el reino del norte.

Él sintió que podía permitirse el lujo de que los sacerdotes y adoradores, cuyos estándares eran más altos, abandonaran sus posesiones y se fueran al sur, a Judá.  Visto, incluso, como un golpe político, esta expulsión de los sacerdotes y levitas del Señor fue un error. Se volcaron en un cuerpo, casi, al rival de Jeroboam, y de ese modo fortalecieron al reino de Judá. He aquí un buen resumen de la religión de Jeroboam (inventado de su propio corazón). Jeroboam es un ejemplo de aquellos que crean su religión de acuerdo a su propio gusto. La mayor parte del mundo abraza la religión de Jeroboam. No necesariamente abrazan su expresión particular de los becerros de oro en los lugares altos, sino la creación de una religión a su propio gusto como hizo Jeroboam. Por lo tanto, era natural que Jeroboam sirviera como su propio sacerdote (y subió al altar para quemar incienso). Jeroboam, probablemente, llevaba a cabo las funciones de sumo sacerdote, en su propia persona condensaba el poder civil y el eclesiástico.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.