En vez de pensar en las pruebas y sorprendernos de esas ocurrencias, veámoslas cómo maneras de ser participantes de los padecimientos de Cristo. Y si somos participantes de Sus sufrimientos, también seremos participantes de Su gloria y gozo.
Pedro le dijo una vez a Jesús que evadiera el sufrimiento en la cruz. Le parecía extraño al Apóstol Pedro que su Maestro pensara en sufrir. Ahora le parece extraño que Él se hubiese imaginado algo diferente. Jesús fue participante de nuestra humanidad y sufrimientos. Él se hizo hombre para que nuestros sufrimientos no fueran insignificantes. Es bueno compartir lo que sea con Jesús, aun Sus sufrimientos.
Nuestra tendencia es el aferrarnos a la gloria y la alegría, y evadir el compartir alguno de los sufrimientos de Jesús. O nos fijamos morbosamente en el sufrimiento y olvidamos que no es más que un preludio necesario de la gloria y alegría. Si el sufrimiento fue una herramienta adecuada para enseñarle a Jesús, es una herramienta adecuada para enseñarles a Sus siervos. El sufrir por el nombre de Cristo es una bendición, porque demuestra que en verdad estamos siguiendo a Jesús, y que sufrimos porque estamos identificados con Él. El sufrir como cristiano no es algo de que avergonzarse, aunque el mundo desprecie al cristiano en sufrimiento. Nosotros debemos glorificar a Dios por ello.
Los cristianos al principio eran conocidos como “discípulos,” “creyentes,” “los discípulos del Señor,” o “Los del Camino” antes de ser conocidos como cristianos, primero en Hechos 26.. Este es el primero de los tres lugares en el Nuevo Testamento donde los seguidores de Jesús son llamados cristianos. Agripa le dijo a Pablo, Por poco me persuades a ser cristiano. Esto demuestra que, cristianos se había convertido en un nombre popular para los seguidores de Jesús. En el contexto del sufrimiento, Pedro nos dice que el juicio comienza en la casa de Dios. Dios usa el sufrimiento como un juicio (en un sentido positivo y purificante) para los cristianos (la casa de Dios) ahora.
La aplicación sobria de Pedro es clara: Si esto es lo que los hijos de Dios experimentan, ¿Qué pasará con aquellos que se han hecho por sí mismos enemigos de Él? ¿Cómo pueden tener la esperanza de estar ante el juicio y la ira de Dios? Los cristianos se pueden regocijar en que los sufrimientos que están enfrentando en esta vida será lo peor que podrán enfrentar jamás, por toda la eternidad. Hemos visto lo peor; aquellos que rechazan a Jesús han visto lo mejor de la vida que su existencia externa verá jamás.
Si el justo con dificultad se salva: No es que nuestra salvación sea difícil en el sentido de ganarla o de encontrar una manera de merecerla; todo es un regalo gratis de Jesucristo. No obstante, nuestra salvación es difícil en el sentido de que los reclamos del discipulado nos retan y nos demandan a que nos deshagamos de nuestros ídolos y pecados. Discipulado verdadero; que genuinamente sigue a Jesucristo es frecuentemente difícil, así que entendemos por qué Pedro citó el pasaje de Proverbios, el justo con dificultad se salva.
La palabra “encomendar” es una palabra técnica, es dejar en depósito un dinero a un amigo en cual confías. Dicha confianza se consideró como una de las cosas más sagradas de la vida, y el amigo estaba obligado con todo el honor a regresar el dinero intacto. Es la misma palabra que uso Jesús cuando dijo, Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Así que cuando los cristianos encomiendan sus almas al fiel Creador, dejan sus almas en un lugar seguro. Dios es un fiel Creador, y nos podemos dar a Dios como barro moldeable en Sus manos.
Mucha de la agonía por la cual pasamos en tiempos de pruebas, tiene que ver con nuestra ignorancia de la fidelidad de Dios, o de Su lugar como Creador. Él es nuestro Creador soberano, con el derecho de hacer con nosotros lo que a Él le plazca. Aun así, Él es fiel, y solo hará lo que es lo mejor para nosotros.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
