Aunque Pedro dice que siempre se debe de regresar bien por mal, él también vivía en el mundo real, y sabía que a menudo, la gente regresa el mal por el bien. Algunos judíos eran fanáticos, presumiendo su celo por el Señor o Su Ley. Todo cristiano debe de estar celoso por todo aquello que es bueno. Pedro nos recuerda que hay bendición para nosotros aun cuando padecemos por causa de la justicia. Dios nos cuidara, especialmente cuando padecemos injustamente. La presencia o posibilidad de sufrir por hacer el bien no debería de alejarnos de hacerlo. Sino que deberíamos dar un lugar especial a Dios en nuestros corazones, y siempre estar listos para explicar nuestra fe, haciéndolo siempre con la actitud correcta.
Podemos estar preparados para presentar defensa si nos hemos preparado en conocer la Biblia. Pedro confiaba en el poder del Espíritu Santo y fue capaz de presentar defensa. Ninguno de nosotros quiere sufrir. Pero si debemos sufrir, que sea por hacer el bien, no por hacer el mal. A veces los cristianos son odiosos y ofensivos, y son llamados a sufrir por ello. Desearían que fuera persecución por el evangelio, pero simplemente están sufriendo por hacer el mal. Ya no hay ningún sacrificio, ninguna expiación que pueda complacer a Dios. Aun nuestro propio sufrimiento no pagará por nuestros pecados. El precio ya se ha pagado. Aunque Pedro usa el sufrimiento de Cristo como motivación y fuerza para sus lectores afligidos, también debemos de recordar qué Pedro apartó el sufrimiento de Jesús de todos los demás. Jesús es un perfecto ejemplo del sufrir por hacer el bien. Él, el justo, sufrió todo por nosotros, los injustos – y el propósito de todo era acercarnos a Dios, para restaurar nuestra relación rota y muerta con Él. Jesús sí murió en Su cuerpo, pero resucito de la muerte por el Espíritu Santo. Aquí, la Biblia nos dice que el Espíritu Santo levanto a Jesús de la muerte.
Jesús estaba inspirado por el Espíritu Santo cuando predico a los espíritus encarcelados. Fue vivificado por el Espíritu, y después hizo el trabajo por medio del mismo Espíritu. Aparentemente, esta obra fue hecha en el periodo después de la muerte de Jesús, pero antes de Su primera resurrección y aparición a los discípulos. Jesús fue al Hades – la morada de los muertos – y predicó a los espíritus ahí. Aunque algunos se han referido a estos espíritus como espíritus humanos, pero es más probable que eran espíritus endemoniados. Sabemos que su desobediencia era desde los días de
Noé. No sabemos exactamente porque Jesús predicó a estos espíritus encarcelados. Probablemente, esta era una predica en la proclamación del mensaje de Dios, pero no era evangelismo o la proclamación de las buenas noticias. Jesús probablemente predicó un mensaje de juicio y condenación final en luz a su trabajo en la cruz terminado a estos espíritus desobedientes Al hacer esto, se completó el triunfo de Jesús sobre el mal, aun el mal que ocurrió antes del diluvio. La Biblia dice que aun los que estaban debajo de la tierra deben reconocer el último Señorío de Jesús. Aquí Jesús estaba anunciando el hecho que enseñó Pablo cuando dijo: para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra. Cristo anunciaba su triunfo sobre el mal, lo cual eran malas noticias para ellos. Sin embargo, para los lectores de Pedro, esto significaba confort y ánimo. El propósito o el resultado de la predica de Cristo, no es revelado. Podríamos sacar nuestras propias conclusiones en todos estos puntos, pero no tenemos ninguna autoridad para nada acerca de la enseñanza dogmática.
Pedro hizo un dibujo con palabras. Así como la salvación de Noé con referencia al juicio de Dios está conectada con el agua, así también la salvación de los cristianos está conectada con el agua; el agua del bautismo. El agua del diluvio lavó el pecado y la maldad, y trajo al mundo a un nuevo y fresco comienzo ante Dios. El agua del bautismo hace lo mismo, proporcionando un paso de lo viejo a lo nuevo. Noe no fue salvado por la reforma gradual del mundo y su restauración a su inocencia primitiva, sino que se pronunció una sentencia de condenación y sobrevino la muerte, el entierro y la resurrección. Noe debía entrar en el arca y morir para el mundo; las inundaciones debían descender del cielo y subir de sus fuentes secretas debajo de la tierra, el arca debía estar sumergida en muchas aguas – aquí hay un entierro, y entonces después de un tiempo, Noe y su familia debían salir a un mundo totalmente nuevo de vida resucitada. Al mismo tiempo, Pedro es cuidadoso de apuntar que no meramente el agua del bautismo qué nos salva, sino la realidad espiritual detrás de la inmersión en el agua. Lo que en realidad nos salva es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, una conciencia hecha buena a través del trabajo completo de Jesús.
Vemos la plenitud de la obra de Jesús por su exaltación de la diestra de Dios el Padre, y la sumisión de todos los espíritus creados a Él. Así que, a pesar de que Jesús sufrió por hacer el bien, Él tuvo el último triunfo. El ejemplo de Jesús prueba el punto de Pedro en 1 Pedro 3:9: cuando sufrimos por hacer el bien, heredaremos bendición. Jesús ha subido al cielo, es lo mejor para nosotros que Él esté ahí. Spurgeon relacionaba esto a el sumo sacerdote, ministrando a Israel el Día de la Expiación, él desaparecía de entre la gente y se iba atrás del velo. Aunque él no estaba con ellos, estaba con Dios, lo cual era lo mejor para ellos. El sumo sacerdote era más útil para ellos dentro del velo que fuera de él; estaba haciendo fuera de su vista lo que no podría lograr enfrente de ellos.
Nuestra relación con Jesús es como la de un niño con su papalote. Su papalote volaba tan alto en el cielo que ya no lo podía ver. Alguien le pregunto, “¿Cómo sabes que todavía está allá arriba?” El niño contesto, “Puedo sentir como se jala.” No podemos ver a Jesús sentado en el trono en el cielo, pero ciertamente podemos sentir cómo Él nos jala hacia Él mismo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
