La vida santa es completa si es acompañada por amor. El ser cristiano significa tener amor fraternal no fingido, pero somos animados a ejercer ese amor de manera entrañable. Tal amor solo es posible (y solo de ser aceptado) por aquellos que han sido renacidos por la palabra eterna de Dios. Si la palabra de Dios es como dijo el profeta Isaías: “la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”, entonces somos obligados y fortalecidos por ella, para vivir el tipo de amor y santidad del cual Pedro nos habla. La palabra del Señor ciertamente ha permanecido. Ha sobrevivido por siglos de transcripción manual, de persecución, y filosofías, de todo tipo de críticas, de negligencia tanto del púlpito como de la banca, de duda y de incredulidad – y aun así, ¡la palabra del Señor permanece para siempre!

En 303 A.D., el emperador romano Diocleciano demando que toda copia de las Escrituras en el imperio romano fuera quemada. Él falló, y muchos después, el emperador romano Constantino comisionó a un erudito llamado Eusebio a preparar 50 copias de la Biblia a expensas del gobierno. Más de mil veces, la sentencia de la muerte de la Biblia ha sido sonada, el cortejo fúnebre formado, el corte de inscripción en la lápida y la lectura del internamiento. Pero de alguna manera el cadáver nunca se entierra. La palabra de Dios nunca muere, la palabra de Dios nunca cambia. Hay quienes piensan que deberíamos de recibir un nuevo evangelio cada cierto año o incluso cada cierta semana, pero esa no era la noción de Pedro. Él escribió, y fue inspirado divinamente a escribir, considerando “la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre”. Algunas personas intentan dibujar una clara distinción entre las dos palabras griegas utilizadas más frecuentemente para traducir “palabra”, las cuales son las palabras antiguas griegas rhema y logos. Pero aquí, Pedro usa ambas palabras (logos en 1 Pedro 1:23 y rhema en 1 Pedro 1:25 para referirse a la misma idea. Ambas palabras a veces tienen diferencias sutiles, pero no diferencias significativas.

Pedro acababa de demostrar la gloria y carácter eterno de la palabra de Dios. Ahora, pues, en orden a lo que la palabra de Dios es para nosotros, debemos de recibir la palabra, y recibirla con un corazón particular. La palabra “desead” es fuerte. En la versión de los setenta, una traducción antigua y griega del Antiguo Testamento, es usada para “el deseo más profundo del hombre por Dios”. Habla del deseo que cada creyente debería de tener por la palabra de Dios. Un bebé sano y recién nacido tiene un anhelo instintivo por la leche de su madre. Cuando las cosas son como deben de ser, no le tienes que decir que debe de desear la leche. La palabra de Dios es necesaria para el crecimiento del cristiano. Todos deberíamos desear la leche espiritual, a pesar de que Pablo reprende a los corintios por solo recibir leche, el cristiano nunca debería cansarse de las verdades simples del evangelio presentadas de una manera simple. El corazón que recibe la palabra y que crece por medio de ella es un corazón humilde, honesto y dispuesto a hacer lo que la palabra de Dios dice. La palabra antigua griega para “detractores” tiene un significado más de chisme ardiente y doloroso que de lenguaje profano. Si hemos recibido de Dios, si nosotros hemos gustado (experimentado personalmente) la benignidad del Señor, entonces tenemos una gran razón y responsabilidad de recibir la palabra de la manera entusiasmada que los bebés reciben su leche.

La imagen que Pedro nos presenta en este pasaje es que Dios es un templo espiritual usando piedras vivas (nosotros), aquellos que se han acercado a la última piedra viva;Jesús. Así como Israel tenía un templo, los cristianos también tienen uno, pero el templo cristiano es espiritual, y nosotros mismos somos el templo. Jesús fue llamado primero la piedra viva; y después nosotros fuimos llamados piedras vivas.  Por más que Israel sea escogido por Dios, así también es la iglesia. Así como tenían un sacerdocio, los cristianos también son un sacerdocio santo. Y así como tenían sacrificios, así mismo los cristianos ofrecían sacrificios espirituales aceptables a Dios. Dios hace el trabajo de edificar, pero nosotros hacemos el trabajo de ofrecer sacrificios agradables a Él. Si nosotros fuésemos edificados en una casa espiritual, no hay duda de quién sería nuestra piedra del ángulo. A pesar de que los hombres lo desecharon, Ha venido a ser la piedra del ángulo en la edificación de la iglesia. Aquellos que rechazan a esa Piedra Angular, reusándose a construir sobre Él, se tropiezan sobre Él. En vez de ser su salvación, Jesús se convierte en una roca que hace caer. Así pues, Jesús puso el curso para que ambos, judíos y gentiles fueran unidos por la casa gloriosa de Dios. En el pensamiento de muchos judíos en ese tiempo, Dios no debería de tener un nuevo templo para ambos judíos y gentiles. Él simplemente debió de haber renovado la estructura del judaísmo en ese tiempo (agregando a Jesús como el Mesías) e invitado a los gentiles a esa estructura. Pero Dios hizo algo diferente, y era la piedra de tropiezo y roca que hace caer para muchos judíos del primer siglo. Las cosas que antes exclusivamente les pertenecían a Israel – su elección (escogido), sacerdocio, y llamado, ya no son solo de Israel. Estos ahora son propiedad de todo creyente, y lo tenemos en un sentido más grande y espiritual. Nosotros estuvimos sin estos privilegios y ni siquiera éramos un pueblo ante Dios. No habíamos visto la misericordia de Dios, pero ahora hemos alcanzado misericordia. El propósito de estos privilegios tan altos no es para que nos llenemos de orgullo, sino para que anunciemos las virtudes de aquel quien ha hecho grandes cosas por nosotros. Ya que es verdad que como creyentes tenemos un nuevo principio de vida (linaje escogido), un nuevo acceso con Dios (real sacerdocio), y un nuevo gobierno (nación santa), y un nuevo dueño (pueblo adquirido por Dios), afectará la manera en la que vive el creyente. Ese efecto está descrito en los siguientes versículos.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.