Al decir este mensaje tan claramente, Juan espera persuadirnos a creer. Aun si ya creemos, él quiere que sepamos que tenemos vida eterna, para que podamos tener esta seguridad y para que continuemos creyendo. La necesidad de escuchar el sencillo evangelio de la salvación en Jesucristo no termina una vez que abrazamos el evangelio. Nos beneficiamos de él, estamos seguros en él, y somos ayudados a continuar en él conforme lo escuchamos y abrazamos una y otra vez. La confianza de Juan es impresionante. Él quiere que sepamos que tenemos vida eterna. Sólo podemos saber esto si nuestra salvación descansa en Jesús y no en nuestro propio desempeño. Si depende de mí, entonces en un buen día soy salvo y en un mal día…no sé. Pero si depende de lo que Jesús ha hecho por mí, entonces yo sí sé.

Juan ha desarrollado la idea de confianza en Él. En el versículo anterior, escribió a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. Ahora, para aquellos que saben que tienen vida eterna, Juan relaciona la idea de confianza en Él a la oración. En esto vemos el propósito de la oración y el secreto del poder en la oración; esto es pedir; pedir cualquier cosa; pedir cualquier cosa conforme a su voluntad; y una vez habiendo pedido, tener la seguridad de que él nos oye. Si algo es voluntad de Dios, entonces ¿por qué no simplemente lo hace sin nuestras oraciones? ¿Por qué esperar a ejecutar Su voluntad hasta que oremos? Porque Dios nos ha nombrado para trabajar con Él como lo dice en 2 Corintios 6:1, como colaboradores suyos. Dios quiere que trabajemos con Él, y eso significa alinear nuestra voluntad y nuestra agenda con la de Él. Él quiere que nos interesemos por las cosas que a Él le interesan y que nos interesen de tal manera que oremos apasionadamente por ellas.

Cuando vemos a un hermano en pecado, Juan nos dice que lo primero que debemos hacer es orar por esa persona. Con mucha frecuencia, lo último que hacemos es orar, o lo más pequeño que hacemos cuando nuestro hermano está pasando por dificultades. Dios prometió bendecir la oración hecha por un hermano en pecado. Tal vez dichas oraciones tengan un poder especial delante de Dios porque son oraciones que llevan a cabo el mandamiento de amar a los hermanos. Nos amamos unos a otros cuando oramos unos por otros. El hecho del que se habla en el contexto de hermano, es erróneo pensar que se refiere a pecado que lleve a muerte espiritual; probablemente se refiere al pecado llevando a la muerte física del creyente. Este es un concepto complicado, pero tenemos un ejemplo de ello en 1 Corintios 11:27-30, donde Pablo dice que entre los cristianos en Corinto, debido a su conducta vergonzosa durante la Cena del Señor, algunos habían muerto (hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.) Esta muerte no vino como un juicio de condenación, sino de corrección. (Mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados por el mundo, 1 Corintios 11:32.) Juan reconoce que no todo pecado conduce a muerte en la manera en que él habla, aunque toda injusticia es pecado. En la batalla contra el pecado, es esencial que mantengamos nuestras mentes puestas en quién somos en Cristo Jesús. Si somos nacidos de Él, tenemos entonces los recursos para ser libres del pecado recurrente. Si somos nacidos de él, entonces tenemos una protección contra el maligno, una protección única que no pertenece al que no es nacido de él. Saber esto, nos da confianza en la guerra espiritual.

En la conclusión de esta carta, Juan regresó a tu tema principal: comunión con Jesucristo. Debemos conocerlo, y la palabra que Juan usa para conocer (ginosko) habla de conocimiento por experiencia. Así es como Jesús quiere que le conozcamos. Significativamente, este entendimiento debe ser dado. No podemos atribuirlo a nosotros mismos. Si Dios no se hubiera revelado a nosotros, nunca la hubiéramos encontrado. Le conocemos y podemos conocerlo porque Él se ha revelado a nosotros. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna: Aquí Juan nos dice quién es Jesús. Él fue un hombre (como Juan lo declaró en 1 Juan 1:1, 4:2 y 5:6,) pero no era solamente eso. Él era totalmente hombre y el verdadero Dios y la vida eterna. Juan no puede y nosotros tampoco podemos promover la humanidad de Jesús sobre Su deidad, o Su deidad sobre Su humanidad. Él es ambas: completamente Dios y completamente hombre.

Guardaos de los ídolos: Esta puede parecer una forma extraña de terminar la carta de Juan, pero encaja en el tema de una real y viviente comunión con Dios. El enemigo de la comunión con Dios es la idolatría, adoptar a un dios falso, o una idea falsa del Dios verdadero. De manera correcta, Juan cierra con esta advertencia, después de haber escrito en la mayor parte del libro advirtiéndonos de los peligros del Jesús falso que muchos enseñaban en ese tiempo. ¡Sólo podemos tener una verdadera comunión con el Dios que está realmente ahí! La idolatría, ya sea obvia (rezar a una estatua) o sutil (vivir por tu carrera o cualquier cosa fuera de Dios) siempre ahogará una verdadera comunión con Dios y dañará nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas en Jesús.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.