Juan nos advirtió sobre creer a todo espíritu; nunca debemos asumir que toda experiencia espiritual y cada demostración de poder espiritual es de Dios. Debemos probar las experiencias y fenómenos espirituales para ver si son realmente de Dios. Esta es una responsabilidad de cada cristiano, pero principalmente del liderazgo congregacional. Pablo dice: (Examinadlo todo; retened lo bueno), probar los espíritus es trabajo del cuerpo de Cristo.

Una profecía real y una enseñanza real presentará al verdadero Jesús. En los días de Juan, la pregunta era si Jesús había verdaderamente venido en un cuerpo real de carne y hueso. Muchos decían que Jesús, siendo Dios, no podía haber venido en cuerpo humano, porque Dios no puede tener asociación con cosas materiales e “impuras.” Esta declaración era dirigida contra alguna forma de Docetismo, la perspectiva de que Cristo era un espíritu que sólo parecía ser un humano. Hoy en día, algunos grupos niegan que Jesús es Dios (como los Testigos de Jehová, mormones y musulmanes.) Algunos piensan que esta es la única prueba contra la falsa doctrina. Esta no es la única, pero era el asunto que significativamente desafiaba a la iglesia en los tiempos de Juan. Hoy, una persona puede confesar que Jesucristo ha venido en la carne y a la vez negar que él es Dios de la manera que la Biblia enseña. Están dando una falsa doctrina porque no están presentando al verdadero Jesús.

Negar al Jesús verdadero es la base del espíritu del anticristo, el cual Juan ya mencionó en 1 Juan 2:18-23. Es el espíritu que se opone al Jesús verdadero y ofrece un Jesús sustituto. Los hijos de Dios no necesitan temer al espíritu de anticristo, aunque deben de estar prevenidos de él porque tienen el Espíritu de Dios en ellos. (1 Juan 3:24). Este Espíritu mayor es que el que está en el mundo. – Satanás y todos sus aliados. Este entendimiento otorga gran confianza y poder espiritual. Para los que caminan en esta verdad, la victoria está asegurada – ellos los han vencido. Es una declaración positiva, no una esperanza deseada. Tenemos muchos enemigos espirituales, pero ninguno de ellos es más grande que Jesús quien vive en nosotros.

Aquellos que son del mundo se evidencian porque hablan del mundo; la influencia del mundo está evidente en sus palabras. Como dijo Jesús, de la abundancia del corazón habla la boca. El cristiano siempre quiere hablar al mundo, y llevarle el mensaje de Jesús. Es emocionante cuando el mundo escucha el mensaje, pero debemos de cuidar que no nos estén escuchando porque estemos hablando del mundo. Sólo porque el mundo esté escuchando el mensaje no prueba que sea el mensaje de Dios. Juan deja claro que el error tiene una dinámica espiritual; no se trata de ser simplemente educado o inteligente. Puesto que, aunque sea muy educado o inteligente, también puede ser influenciado grandemente por el espíritu de error. Ya que el error tiene una dinámica espiritual, mantenerse en el espíritu de verdad es un asunto espiritual. La oración en el griego antiguo comienza de una manera impactante, agapetoi agapomen, “aquellos que somos amados, amemos.” No se nos pide que nos amemos unos a otros para ganarnos o merecer el amor de Dios. Nos amamos unos a otros porque somos amados por Dios, y hemos recibido ese amor, y vivimos en su luz.

Existen varias palabras en el griego antiguo que se traducen como “conocer.” Esta palabra específica para conoce (ginosko) es una palabra para el conocimiento por experiencia. Juan está diciendo que cuando realmente experimentamos a Dios, se mostrará por nuestro amor unos por otros. Dios es amor: Esta es una gloriosa verdad. El amor describe el carácter y corazón de Dios. Él es tan rico en amor y compasión, que puede usarse para describir Su ser. Se crean problemas cuando tratamos de decir que el amor es Dios. Esto es porque el amor no define todo en el carácter de Dios, y porque cuando la mayoría de la gente usa el término amor, no están pensando en el amor verdadero, al estilo de Dios. Por el contrario, están pensando en un amor para pasarla-bien, un amor que valora ser “amable” más que realmente querer lo mejor para la otra persona.

Juan tiene cuidado de llamar a Jesús Hijo unigénito. Este título especial significa que Jesús tiene el título de Hijo único y que Jesús y el Padre son de la misma esencia. El amor del Padre no solo se mostró al enviar al Hijo, sino también en lo que con ello se logró para nosotros. Trajo vida a todos los que confían en Jesús y en Su obra porque Él es la propiciación por nuestros pecados. La grandeza del amor de Dios se muestra no sólo al salvarnos del juicio que merecíamos, pero también al querer que vivamos por él. ¿Vivimos por él? Esta es una grandiosa manera de definir nuestra vida cristiana, vivir por él.

Dios envió a su Hijo unigénito: Esto muestra el amor de Dios porque el amor da lo mejor. No hay nada mejor que Dios el Padre pudiera dar a la humanidad perdida que el regalo del Hijo de Dios mismo, Como Pablo lo describe en 2 Corintios 9:15, Jesús era el regalo indescriptible del Padre. Amor real, amor ágape, no es definido por nuestro amor por Dios sino por Su amor por nosotros, Su amor por nosotros inicia nuestra relación de amor con Él, nuestro amor sólo responde al suyo por nosotros. No podemos amar a Dios de la manera que debemos, a menos que estemos recibiendo y viviendo en Su amor. Juan relata un principio básico sobre Dios el Padre – que, nadie ha visto jamás a Dios. Cualquiera que diga que ha visto a Dios el Padre está hablando – por lo menos – desde su imaginación porque Juan claramente declara, nadie ha visto jamás a Dios.

Algunas personas piensan que la mayor evidencia de la presencia y obra de Dios es el poder. Otras piensan que es la popularidad. Y otras personas que son los sentimientos apasionados. Pero la mayor evidencia de la presencia y obra de Dios es el amor. Donde Dios está presente y obrando, habrá amor. En ocasiones Jesús parecía débil y falto de poder, pero Él siempre estaba lleno de amor. En ocasiones Jesús no era popular en absoluto, pero Él siempre estaba lleno de amor. Jesús no inspiraba en la gente sentimientos apasionados, pero Él siempre estaba lleno de amor. El amor era la constante, mayor evidencia de la presencia y obra de Dios en Jesucristo. Juan regresa con la idea conocida: Si realmente caminamos en el amor que Dios tiene por nosotros, será evidente en nuestro amor unos por otros.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.