Juan ya había enfatizado el mandamiento de amar que es la palabra que habéis oído desde el principio (1 Juan 2:7). El mensaje básico cristiano no ha cambiado. Tal vez algunos lo piensen así porque los cristianos hablan de una “relación personal con Jesucristo” como si únicamente nosotros y Jesús fuera lo importante. Pero el cómo tratamos a los demás – cómo nos amamos unos a otros – realmente le interesa a Dios. Como un ejemplo negativo, Juan presenta a Caín, quien no estaba bien delante de Dios (sus obras eran malas) y quien odiaba a su hermano. Cuando hay dos hijos de Dios y ambos están bien delante de Dios, habrá amor. Podemos presumir que Caín fue criado en las enseñanzas de Dios lo cual debió haberlo equipado para amar, pero el escogió no hacerlo.

No debemos sorprendernos de que el mundo nos odie; lo que nos debe sorprender es cuando existe odio entre el cuerpo de Cristo. Un amor por el pueblo de Dios es una señal básica de haber nacido de nuevo. Si este amor no es evidente en nuestras vidas, nuestra salvación puede ser cuestionada. Si está presente, nos da seguridad. Aborrecer a nuestro hermano es como matarlo en nuestros corazones. Aunque no realicemos la acción, (por cobardía o temor al castigo) deseamos la muerte de la persona. También, al ignorar a otra persona es como si los tratáramos como si estuvieran muertos. El odio puede mostrarse pasiva y activamente. Ser cristiano es más que decir, “Soy cristiano.” De hecho, hay algunos que dicen ser cristianos y no lo son. ¿Cómo podemos saber si somos así? La respuesta de Juan ha sido sencilla y constante. Existen tres pruebas para medir la muestra de un cristiano genuino: la prueba de la verdad, la prueba del amor y la prueba de la moral. Si creemos que lo que la Biblia enseña es verdad, si mostramos el amor de Jesús a otros, y si nuestra conducta ha sido cambiada y se parece más a la de Jesús, entonces nuestra declaración de que somos cristianos es verdadera.

El verdadero amor no es simplemente algo que se “siente” como un sentimiento interno; es algo que también se demuestra – y la más grande demostración fue el darse Jesús en la cruz. Por supuesto, también somos llamados a amar a nuestros enemigos, así como a quienes nos odian (Mateo 5:44), pero Juan nos llama a una prueba más básica – si no podemos ni siquiera amar a nuestros hermanos, ¿qué tipo de cristianos somos? El amor y su manifestación a menudo involucra sacrificio – el poner nuestras vidas por otros. Desear ser más amorosos no es suficiente, porque no se sacrificará cuando sea necesario. Esta es una prueba de este amor; si no partimos nuestro pan y damos al hambriento, con seguridad no daremos nuestra vida por él. Si pretendemos dar amor para la humanidad, pero no somos caritativos y benevolentes, estamos mintiendo. Cuando vemos este amor trabajando en nuestros corazones, podemos saber que somos de la verdad – y esto trae a nuestros corazones la seguridad que estamos delante de Dios. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios: Y, cuando estamos en comunión con Dios, y nuestro corazón no nos reprende, sabemos que podemos tener confianza en Dios y en nuestra posición delante de Él. ¡Cuán preciosa es la confianza que podemos tener en Jesucristo! Existe una confianza falsa, la confianza en uno mismo o en nuestras ilusiones; pero hay también una confianza gloriosa que podemos tener en Jesús. La palabra traducida confianza se consideraba en el griego antiguo como el derecho más valioso de un ciudadano de un estado libre, el derecho de libertad de expresión … sin obstáculos por temor o vergüenza.

Guardar los mandamientos de Dios es importante para tener oraciones contestadas. Pero debemos distinguir entre la oración del hombre que es salvo, y el clamor del corazón que pide misericordia de Dios en Jesús. El único requisito para el pecador que viene a Jesús en oración, buscando misericordia, es un corazón sincero. Dios no demanda obediencia de nosotros antes de salvarnos. Debemos tener corazones que sólo quieren agradar al Señor en todo lo que hacemos. Es interesante ver nuestras vidas y darnos cuenta cuánto hacemos para agradarnos a nosotros mismos y cuánto hacemos para agradar al Señor. No debemos pensar que ambas cosas son opuestas: Dios es glorificado cuando disfrutamos su bondad y las cosas buenas. Sin embargo, una vida guiada por Dios se enfocará en solo agradarle a Él, aun cuando no sea agradable para nosotros en algún momento.

La idea de guardar sus mandamientos en el versículo anterior llevó a Juan a hablar específicamente sobre lo que es su mandamiento. Simplemente, que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros. Aquí Juan no se refiere a estos dos aspectos de la obediencia como si fueran dos mandamientos, sino como uno solo. Gramaticalmente, puede ser que no sea oficialmente correcto, pero espiritualmente lo está. Estos dos, son uno. Cuando Jesús habló del más grande mandamiento, Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, Él añadió otra cosa: Y el segundo es semejante, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El primer mandamiento y lo mejor que podemos hacer es creer en Jesús. Esto no se refiere a solamente a creer en lo que Jesús hizo, como morir en una cruz. Creer en el nombre de Jesús se refiere a poner nuestra creencia en Jesús en el sentido de confiar, descansar y adherirnos a Él. No se trata de conocimiento o entendimiento intelectual, se trata de confianza. El segundo mandamiento también citando la idea de Jesús en Juan 15:12 – Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. El amor de los hermanos no es una opción para algunos cristianos; es un mandamiento para todos. El que no guarda los mandamientos de Dios, no tiene confianza de que permanece en Jesús. Tampoco tiene la seguridad de la presencia del Espíritu Santo en su vida. Para saber si realmente se tiene esta seguridad se requiere de discernimiento espiritual, y de eso es de lo que habla Juan en el siguiente versículo. Pero Dios ya nos ha dado otra base para tener seguridad: el ver si nos amamos unos a otros.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.