Cada uno de nosotros iniciamos nuestra vida cristiana como hijitos. Cuando espiritualmente estamos en este punto, es suficiente para nosotros conocer y estar maravillados por el perdón de nuestros pecados y por todo lo que se necesitó para que Dios nos perdonara por medio de Jesucristo. Las razones del perdón no se encuentran en nosotros sino en Dios. Así como hay hijitos, también hay padres. Estos son hombres y mujeres que tienen una postura espiritual profunda. Tienen ese tipo de caminar con Dios que no se hizo de la noche a la mañana. Ellos son como grandes robles en el Señor, que han crecido grandes y fuertes a través de los años. Así como hay hijitos y padres, también hay jóvenes. Estos son hombres y mujeres que ya no son pequeños, pero todavía no son padres. Ellos son los que están en “primera línea” en la obra de Dios. El atributo propio de la juventud es llevar a cabo las partes activas de la vida – como soldados, estar comprometidos en un servicio activo.

Ellos están comprometidos en la batalla contra el maligno. No enviamos a nuestros hijos pequeños a la guerra, ni enviamos a nuestros ancianos a las primeras filas. El mayor esfuerzo, el mayor costo y la mayor fortaleza se esperan de los jóvenes. Estos jóvenes han vencido a los enemigos que buscan destruir su vida espiritual. En esta primera etapa del crecimiento espiritual, arraigamos nuestras raíces profundamente en el cuidado y amor Paternal de Dios. Lo conocemos como nuestro padre quien nos cuida y nos vemos como Sus hijos, que dependemos de Él.

Juan nos ha dicho que, si caminamos en la oscuridad del pecado y decimos tener comunión con Dios, mentimos (1 Juan 1:6). Ahora, Juan señala un área específica de pecado que amenaza nuestra comunión con Dios: lo mundano – el amor al mundo. El mundo en el sentido al que Juan se refiere aquí, no es el globo terráqueo. Tampoco es la masa de humanidad a quien Dios ama (Juan 3:16) Es la humanidad pecadora que está unida en rebelión contra Dios. Simplemente, el amor por el mundo es incompatible con el amor al Padre. Por lo tanto, si uno dice que ama a Dios, y ama al mundo, hay algo malo en su declaración de amar a Dios. El mundo pasa. No es una oración ni un deseo ni un anhelo que suene espiritual. Es un hecho, ¡El mundo pasa y debemos vivir nuestras vidas y pensar nuestros pensamientos conscientes de este hecho!

Juan se refiere a un individuo que ha capturado la imaginación de mucha gente, incluyendo a aquellos que ni siquiera conocen la Biblia. Muchos ignoran a esta persona: el anticristo, a excepción de lo que han aprendido de películas como La Profecía. El dice de sus seguidores que salieron de nosotros: Muestra que muchos de esos anticristos en un tiempo u otro se han identificado con el grupo de creyentes. El hecho de que dejaron el cuerpo de Cristo demuestra que nunca fueron de nosotros. Una iglesia cristiana puede limpiarse de gente que hace daño; el cristiano falso no se sentirá cómodo echando raíces en una iglesia saludable – o arreglará su situación con Dios, o se irá.

En la mente de algunos cristianos hoy en día existe un enfoque mágico o supersticioso en relación a esta idea de unción, como si fuese un virus o microbio que se propaga con contacto casual infectando a un gran grupo. Generalmente estas personas piensan que cuando alguien “atrapa” la unción, se hace notar porque empiezan a actuar de forma extraña. Esta no es la idea de unción que da la Biblia. Por la unción a todos los creyentes dada por el Espíritu Santo, se obtienen los recursos para conocer la verdad. Esto no quiere decir que los maestros no sean necesarios, porque uno de los recursos para conocer la verdad es que maestros como Juan se lo recuerden a todos.

El espíritu de anticristo se identifica a sí mismo al negar a Jesús y al negar al Padre; recordemos que Jesús y el Padre pueden ser negados aun por aquellos que parecen hablar bien de ambos. A la luz del peligro del espíritu de anticristo, podemos protegernos, permaneciendo en el mensaje cristiano original (lo que habéis oído desde el principio) Conforme caminamos en la simplicidad y poder de ese mensaje, no nos desviaremos. Cuando Su verdad (lo que escuchamos desde el principio) vive en nosotros, Dios vive en nosotros. Cuando Dios vive en nosotros, tenemos una promesa. En este tipo de vida, la promesa de vida eterna es real. Juan sabía que había engaño entre estos cristianos, y le preocupaba. Él se apasionaba por mantenerlos consistentes con el mensaje de verdad de Dios. De nuevo lo digo, el mensaje de Juan es sencillo. Por la unción del Espíritu Santo dada a todos los creyentes, ellos poseen las herramientas para conocer la verdad. No es que los maestros sean innecesarios, porque uno de los recursos para conocer la verdad es cuando maestros como Juan nos lo recuerdan. Permanecer en él: Esta unción que nos guía a la verdad también nos guiará más cerca a Jesús.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.