1 Juan 1:8 deja claro que el pecado es un hecho (por lo menos un hecho ocasional) en la vida del cristiano. 1 Juan 1:9 deja claro que siempre habrá perdón para un pecado confesado. Sin embargo, Juan también quiere dejar claro que el cristiano debe estar preocupado por el pecado. Una razón para haber escrito esta carta fue para que no pequemos. Este es el deseo de Dios para el creyente. Si el pecado es inevitable, no es porque Dios haya decretado que debemos pecar. Todos los recursos para lograr una victoria espiritual son nuestros en Jesucristo, y esos recursos nunca nos serán quitados. El deseo de Dios es que no pequemos. Sin embargo, si lo hacemos, se nos ha provisto – un Abogado, un abogado defensor de nuestro lado. Nuestro Abogado es el mismo Jesucristo. Demóstenes usa esta palabra (abogado) para designar a los amigos del acusado quienes voluntariamente vienen y personalmente tratan de convencer al juez para que falle a su favor. Jesús es nuestro defensor, aun cuando pecamos ahora. Dios no se escandaliza por nuestro comportamiento humano. Él ha visto todo por adelantado. Él no te perdonó una vez para luego decir, “¡Mira lo que hicieron! Si yo hubiera sabido que iban a hacer eso, nunca los habría perdonado.” Su perdón está disponible para nosotros ahora.

Es como si en las cortes celestiales estuviéramos como acusados, delante de nuestro justo juez, Dios el Padre. Nuestro Abogado se levanta para responder a los cargos: “Él es completamente culpable, su señoría. Es más, es mucho más culpable de lo que se le acusa y ahora delante de usted confiesa todo.” El mazo suena y el Juez pregunta, “¿Cuál debe ser su sentencia?” Nuestro Abogado contesta, “Su sentencia debe ser la muerte, él merece toda la ira de este tribunal.” Durante todo este tiempo nuestro acusador, Satanás, se está divirtiendo mucho con todo esto, ¡Somos culpables! ¡Admitimos nuestra culpa! ¡Podemos ver nuestro castigo! Pero en ese momento nuestro Abogado pide acercarse al Juez. Al irse acercando, simplemente dice, “Papá, éste me pertenece. Yo pagué su precio. Yo llevé el castigo y la ira que él merece.” El mazo suena otra vez, y el Juez sentencia, “¡Culpable de los cargos! ¡Castigo cumplido!” Nuestro acusador empieza a enloquecer, “¿No lo vas a poner, aunque sea en libertad condicional?” “¡No!” el Juez exclama. “El castigo ha sido cumplido en su totalidad por mi Hijo. No hay motivo para ponerlo en libertad condicional.” Después el Juez se dirige a nuestro Abogado y dice, “Hijo, dijiste que éste te pertenece. Lo dejo bajo tu cuidado. ¡Caso cerrado!” Un abogado defensor humano argumenta por la inocencia de su cliente, pero nuestro Abogado. Jesucristo, admite nuestra culpa – y después presenta Su petición a nuestro favor como quien ha hecho un sacrificio expiatorio por nuestra culpa. Jesucristo el justo: significa que Jesús está completamente calificado para ser nuestro Abogado, ya que Él es perfecto y sin pecado. Él ha pasado el examen de abogados del cielo, y está calificado para representar clientes en el tribunal de justicia del cielo. Esto quiere decir que Jesús es quien expía y quita nuestros pecados, y no sólo nuestros pecados, sino los de todo el mundo. La evidencia de que alguien conoce a Dios, y de que tienen comunión con Él, es que guardan sus mandamientos. Una sencilla y amorosa obediencia es un resultado natural de una comunión con Dios. Distingamos, el conocer de Cristo y el conocer a Cristo. Podemos conocer mucho acerca de nuestros grandes hombres, aunque a ellos no los conozcamos. Ahora, un alma nunca será salva por conocer de Cristo. El único conocimiento que tenemos que salva es conocerle, a Él mismo y confiar en Él, el Salvador que vive, quien está ahora a la diestra de Dios. Juan también hace la conexión entre nuestra obediencia y nuestro amor por Dios. Un amor perfeccionado (la idea es maduro) por Dios mostrará obediencia y la presencia de esta obediencia y amor nos da seguridad de que estamos en Jesús (Por esto sabemos que estamos en Él.) No somos llamados a imitar la manera en que Jesús caminó sobre el agua, sino a su diario caminar con Dios Padre. El poder espiritual evidente en la vida de Jesús fluía de una vida fiel, regular y disciplinada de comunión y obediencia. El punto aquí es que aquel que conoce a Dios llevará una vida justa cada vez mayor, porque Dios es justo. No quiere decir que no tendrá pecado; Juan ya ha mostrado que cualquiera que diga esto, miente. Simplemente significa que irá moviéndose en la dirección marcada por la justicia de Dios. Si no hace esto, si no está cada vez más insatisfecho o angustiado por el pecado, no es un hijo de Dios.

El mandamiento del cual escribió Juan era al mismo tiempo antiguo (en el sentido de que les había sido predicado durante todas sus vidas cristianas) y nuevo (en el sentido de que fue llamado el nuevo mandamiento por Jesús en Juan 13:34) El nuevo mandamiento de amor es necesario por la oscuridad que marcaba a la humanidad, especialmente a los gentiles. Esto era antes de que la luz verdadera iluminara la obra terminada de Jesús. Anteriormente en este capítulo Juan nos examinó de acuerdo a la medida moral de nuestro caminar con Dios. Más adelante nos examinará de acuerdo a la doctrina como medida de nuestro caminar con Dios. Ahora nos examina de acuerdo a nuestro amor por otros cristianos como medida de nuestro caminar con Dios. El punto es claro. Si perdemos el amor, lo perdemos todo. No queda nada. Podemos hacer todo de forma correcta, creer todas las verdades correctas, pero si no amamos a los otros cristianos, entonces todo se pierde. Las tres pruebas – moral, doctrinal y del amor – se levantan juntas, como un taburete de tres patas. Conociendo la importancia que Dios le ha dado a nuestro amor unos por otros, Juan va muy lejos al decir que, si aborrecemos a nuestro hermano, estamos caminando en tinieblas, y no podemos ver – hemos sido cegados. Podemos estar seguros de que Juan vivió esta vida de amor, pero no siempre fue así. Juan tuvo que aprender el verdadero amor; cuando era joven, era uno de los que eran llamados “hijo del trueno.” Una vez quiso llamar fuego del cielo para que cayera sobre aquellos que rechazaban a Jesús. (Lucas 9:54)

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.