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Los corintios estaban enamorados con los dones espirituales, particularmente con el don de lenguas. Pablo les recuerda que incluso el don de lenguas no tiene sentido sin amor. No es nada más que un sonido vacío. La palabra griega traducida lenguas tiene la simple idea de “idiomas” en algunos lugares. Esto ha llevado a algunos a decir que el don de lenguas es la simple habilidad de comunicar el evangelio en otros idiomas; es la capacidad de aprender idiomas rápidamente. Pero la forma en que lenguas es usada aquí usualmente, se refiere a un idioma sobrenatural por el cual un creyente se comunica con Dios. No hay otra forma en que la referencia a lenguas y angélicas se puede entender. En los días de Pablo, muchos judíos creían que los ángeles tenían su propio idioma, y por el Espíritu, uno mismo podría hablarlo. La referencia a lenguas angélicas muestra que, aunque el don genuino de lenguas es un idioma legítimo, puede no ser un idioma “vivo” humano, o puede no ser un idioma humano del todo. Aparentemente, hay lenguas angélicas que los hombres pueden hablar por inspiración del Espíritu Santo.
Poole tiene un comentario fascinante, sugiriendo que las lenguas angelicales responden a como Dios puede hablarnos de una forma no verbal: Los ángeles no tienen lenguas, tampoco hacen ruidos audibles articulados, por los cuales se puedan entender uno al otro; más sin embargo ciertamente hay una sociedad o relación entre ángeles, la cual no podría mantenerse sin una forma de comunicarse entre ellos para comunicar sus pensamientos y voluntades el uno al otro. Cómo ocurre esto no podemos explicarlo: algunos estudiosos dicen, que es por medio de impresión: De esa forma Dios, en verdad, comunica Su pensar algunas veces a Su pueblo, haciendo impresiones secretas de Su voluntad sobre sus mentes y entendimientos. Profecía, ciencia, y fe para hacer milagros del mismo modo son irrelevantes fuera del amor. Los cristianos corintios olvidaban el motivo y el fin de los dones, convirtiéndolos en su propio fin; Pablo devuelve la atención hacia el amor, citando la idea de Jesús, haciendo referencia a la fe que traslada los montes. ¡Qué asombroso sería tener fe que pudiera lograr lo imposible! No obstante, aun esa fe no nos hace nada si no tiene amor.
Poseer carisma no es señal del Espíritu; el amor cristiano lo es. Pablo está usando la palabra griega ágape. Los antiguos griegos tenían cuatro palabras diferentes que traducimos amor. Es importante entender la diferencia entre las palabras, y por qué el apóstol Pablo escogió aquí la palabra griega ágape. Eros era una palabra para amor. Describía, como nos podemos imaginar de la palabra misma, el amor erótico. Se refiere al amor sexual. Storge fue la segunda palabra para amor. Se refiere al amor de familia, el tipo de amor que hay entre padre e hijo, o entre familiares en general. Philia es la tercera palabra para amor. Habla de un amistad y afecto fraternales. Es el amor de una profunda amistad y compañerismo. Podría describirse como el mayor amor del cual el hombre, sin ayuda de Dios, es capaz. Agape es la cuarta palabra para amor. Es un amor que ama sin cambiar. Es un amor entregado que da sin pedir o esperar a cambio. Es un amor tan grande que puede ser dado a quien es desagradable o indeseable. Es un amor que ama aun cuando es rechazado. El amor Agape da y ama porque quiere; no demanda o espera paga por el amor dado. Da porque ama, no ama para recibir. Puede ser definido como un amor sacrificial, dador y absorbente. La palabra tiene poco que ver con emoción; y tiene mucho que ver con negarse uno mismo por amor de otro.
Esto es lo que Jesús le dijo que hiciera al joven rico, y él se rehusó. Pero incluso si el joven rico hubiera hecho lo que Jesús le dijo, aun no tenía amor, de nada hubiera servido. Incluso si pongo mi vida en un martirio dramático, fuera del amor, no sirve de nada. Normalmente, nadie duda de las credenciales espirituales de alguien que dio todo lo que tenía, y que rindió su vida en un martirio dramático. Pero esas no son las mejores medidas de verdaderas credenciales espirituales de alguien. El amor es la mejor medida. Hubo algunos de los cristianos primitivos tan arrogantes como para pensar que la sangre del martirio quitaría cualquier pecado. Estaban tan orgullosos de su habilidad de soportar sufrimiento por Jesús, que ellos pensaban que era lo más importante en la vida cristiana. Es importante, pero no lo más importante. Algunos creen que el ser quemado al que se refiere aquí no es ejecución, sino ser etiquetado como criminal o como esclavo por causa del evangelio. El sentido más probable es la ejecución, pero eso importa poco, porque el significado esencial es el mismo. Pablo está escribiendo acerca de gran sacrificio personal. Así mismo, algunos manuscritos griegos tienen: si rindo mi cuerpo para que pueda gloriarme, en vez de y si entregase mi cuerpo para ser quemado. De nuevo, el significado es el mismo, y la diferencia verdaderamente es mínima. Las lenguas son buenas. La profecía y la ciencia y la fe son buenas. El sacrificio es bueno. Pero el amor es tan valioso, tan importante, que fuera de él, cualquier otra cosa buena es inútil. En ocasiones, cometemos el gran error de dejar ir lo que es mejor por algo más que es bueno, pero no lo mejor.
Al principio, vemos que el amor es descrito por palabras de acción, no por conceptos etéreos. Pablo no está escribiendo acerca de cómo se siente el amor, él está escribiendo como puede verse en acción. El verdadero amor siempre se demuestra por medio de acción. El amor perdurará mucho tiempo. Es el corazón que se muestra de Dios, cuando se dice del Señor: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2 Pedro 3:9). Si el amor de Dios está en nosotros, seremos pacientes con aquellos que nos molestan y nos lastiman. Cuando tenemos y mostramos el amor de Dios, se verá en actos simples de bondad. Una medida maravillosa de bondad es ver cómo nos reciben los niños. ¡Los niños no recibirán ni responderán a gente desagradable! La envidia es uno de los pecados menos productivos y más dañinos de todos. No consigue nada, más que herir. El amor mantiene su distancia de la envidia, y no resiente cuando alguien es ascendido o bendecido.
El amor en acción puede obrar de forma anónima. No tiene que ser la celebridad o el centro de atención para hacer un buen trabajo, o estar satisfecho con el resultado. El amor da porque le encanta dar, no por un sentido de alabanza que puede tener por mostrarlo. A veces la gente que trabaja más duro en amor son los más alejados de él. Hacen cosas que muchos percibirían como amorosas, sin embargo, las hacen en una forma que podría jactarse. Esto no es amor; es orgullo buscando gloria por medio de la apariencia de amor Estar envanecido es ser arrogante y enfocado en sí mismo. Habla de alguien que tiene una “cabeza grande.” El amor no hincha su cabeza, se enfoca en las necesidades de otros. Tanto jactarse como envanecerse están arraigadas en orgullo. Entre cristianos, el peor orgullo es el orgullo espiritual. El orgullo por apariencias es ofensivo, el orgullo de raza es vulgar, pero el peor orgullo es ¡el orgullo de la gracia! Donde hay amor, habrá bondad y buenos modales. Quizás no de la forma sofocante de mostrar modales como, “mira cuan culto soy”, sino de la manera simple que la gente no hace nada indebido. Pablo comunica la misma idea en Romanos 12:10: en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. También, Filipenses 2:4 lleva la misma idea: No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Esto es ser como Jesús en su forma más básica, ser una persona centrada en otros en lugar de una persona enfocada en sí misma. A todos nos resulta fácil ser irritados, ser provocados por aquellos que simplemente son molestos. Pero es un pecado irritarse, y no es amoroso. Moisés no pudo entrar a la Tierra Prometida porque se irritó por el pueblo de Israel. Cuando el hombre que posee este amor da lugar a la provocación, pierde el balance de su alma, y entristece al Espíritu de Dios; seguramente si él se amarga contra su prójimo, no lo ama como a sí mismo. Literalmente el amor no guarda recuerdo de cualquier mal que ha recibido. El amor desecha las heridas del pasado en lugar de aferrarse a ellas. Esta dispuesto a buscar lo mejor para otros, y se niega a poner las cosas contra otros. En vez de ello, el amor se goza de la verdad. El amor siempre puede soportar con y en la verdad, porque el amor es puro y bueno como la verdad. La palabra para sufre también se puede traducir cubre. De cualquier forma, Pablo trae una verdad importante junto con 1 Pedro 4:8: Y, ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” Nosotros nunca creemos una mentira, pero nosotros nunca pensamos mal a menos que los hechos lo demanden. Escogemos creer lo mejor de otros. El amor tiene una confianza en el futuro, no un pesimismo. Cuando duele, no dice, “Será de este modo siempre, e incluso peor.” Espera lo mejor, y espera en Dios. La mayoría de nosotros podemos sufrirlo todo, y creerlo todo, y esperarlo todo, pero ¡solo por un tiempo! La grandeza del amor ágape es que continúa soportando, creyendo, y esperando. No se rinde. Destruye a los enemigos convirtiéndolos en amigos. Podemos medir nuestra madurez espiritual viendo cómo suena cuando ponemos nuestro nombre en lugar de la palabra amor. ¿Suena totalmente ridículo o solo un “poco” exagerado?
Hay una razón por la que Pablo puso este capítulo en medio de su discusión de los dones espirituales. Pablo quiere que los cristianos corintios recuerden que tener dones no es la medida de madurez, la muestra de amor lo es.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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