[fusion_builder_container hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”no” min_height=”” hover_type=”none” link=””][fusion_audio src=”https://house.life.cr/wp-content/uploads/2020/09/En-el-tiempo-del-señor.mp3″ loop=”off” autoplay=”off” preload=”none” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” controls_color_scheme=”” progress_color=”” max_width=”” border_size=”” border_color=”” border_radius_top_left=”” border_radius_top_right=”” border_radius_bottom_right=”” border_radius_bottom_left=”” box_shadow=”no” box_shadow_vertical=”” box_shadow_horizontal=”” box_shadow_blur=”0″ box_shadow_spread=”0″ box_shadow_color=”” animation_type=”” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″ animation_offset=”” /][fusion_text]

En el texto de hoy encontramos el mensaje al rey Sedequías. Dios quería que los reyes de las naciones vecinas supieran que este es el mismo mensaje que le dio al rey de Judá. Ellos debían de servir al rey de Babilonia en orden de poder evitar un destino aun peor. Dios no envió a estos falsos profetas, aun así, Él tampoco los detuvo. Él los permitió para que el pueblo y los gobernantes de Judá pudieran tener una decisión genuina entre lo falso y lo verdadero. Si ellos elegían lo falso, Dios lo usaría para enviarlos fuera de la tierra a perecer; tanto al pueblo como a los profetas.

En cuanto a los utensilios del templo. Este era el mensaje falsamente optimista de los profetas mentirosos en los tiempos de Jeremías. Ellos decían que los utensilios del templo que Nabucodonosor se había llevado en la primera invasión y los tenía actualmente en su templo en Babilonia, muy pronto volverían al templo. Normalmente un conquistador se llevaría los ídolos de las naciones que conquistó y los pondría en el santuario de su propio Dios, pero dado que la fe de Judá carecía de una imagen los utensilios del templo habían sido tomados en su lugar. Su optimismo era una mentira, incluso si venia como una profecía. En lugar de estar esperando una liberación de los babilonios, ellos harían mucho mejor si simplemente se rindieran al juicio del Señor que ellos habían traído sobre sí mismos. Fallar en hacer esto solo traería más juicio sobre Jerusalén.

Aquellos que clamaban ser profetas pueden y deben de ser probados. Lo que ellos dicen no debe de ser ciegamente aceptado. Dios propuso una simple prueba para los profetas mentirosos. Ellos debían de orar para que los utensilios restantes se quedaran en Jerusalén y no vayan a Babilonia. Esta era el mismo tipo de prueba que Elías les propuso a los profetas de Baal en 1de Reyes 18. Algunos habían sido dejados en el 597 AC. Y sin duda otros habían sido hechos para remplazar los importantes artículos usados en la adoración regular en el templo.

Los utensilios del templo se encontraban entre las cosas valiosas asociadas con el templo que Nabucodonosor que aún no se había llevado. En el tiempo de la profecía de Jeremías estos aún permanecían en el templo. De acuerdo a Jeremías 52:17 los pilares de bronce fueron rotos y llevados a Babilonia en el 587 AC. No hay ninguna mención hecha sobre el arca del pacto. Algunos piensan que ya había sido llevada por Nabucodonosor en alguna de sus invasiones anteriores a Jerusalén junto con otros de los tesoros del templo (2 Crónicas 26:7). Otras leyendas judías dicen que Jeremías escondió el arca del pacto antes de que pudiera ser capturada por los babilonios. Otros dicen que Dios se la llevó al cielo porque el apóstol Juan vio el arca ahí (Apocalipsis 11:19).

¿Cuándo se transportó de Jerusalén a Babilonia a Jeconías?: Esto pasó en el 598 AC, en la segunda de las tres invasiones que Nabucodonosor hizo a Jerusalén. El rey de Babilonia tomó a todos los nobles de Judá y de Jerusalén, pero dejó algunos de los tesoros del templo atrás. Dios promete que los utensilios restantes serían llevados del templo y traídos a Babilonia. A su tiempo, Dios los traería al templo de Jerusalén así los dispuso en Esdras 1: 7-11 y 7:19. Uno de los motivos de la destrucción de Israel se debe a que el rey y todo el pueblo menospreciaron la Palabra Dios y obedecieron a las palabras de los falsos profetas. Oír y seguir a los falsos profetas es aproximarse a la destrucción. La vana esperanza del hombre no puede modificar los tiempos soberanos de Dios.

[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]