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Pablo inicia nuestro texto con una pregunta: La pregunta de Pablo tiene sentido en este punto. Si el rechazo del evangelio por parte de Israel era de una forma consistente con el plan eterno de Dios y la propia elección de Israel, entonces ¿esto significa que el destino de Israel está establecido, y que no hay ninguna posibilidad de restauración?

En ninguna manera: A pesar de su estado actual, Israel no permanecerá totalmente desechado. Ahora Pablo explicará esta respuesta. Evidencia que Dios no ha desechado a Su pueblo: el mismo Pablo da su testimonio y dice por qué también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. La fe de Pablo en Jesús como el Mesías demostraba que había algunos judíos escogidos por Dios que habían aceptado el evangelio. Cuando queramos evidencia de la obra de Dios, podemos y debemos mirar primero a nuestra propia vida. Esto es lo que hizo Pablo y lo que debemos hacer nosotros.

En los días de Pablo, Israel como grupo, había rechazado a su Mesías. Pero, un remanente substancial abraza el evangelio de Cristo Jesús, y Dios ha seguido trabajado en Israel por medio de ese remanente fiel (como lo hizo en el tiempo de Elías). Es posible que Pablo, también perseguido por sus propios compatriotas, sintiera un parentesco especial con Elías. ¡Las cosas estaban tan mal que Elías oró contra su propio pueblo! Elías pensó que Dios había desechado la nación y que él era el único que quedaba sirviendo al Señor. Pero Dios le mostró que de hecho había un remanente substancial, y a pesar de que solo era un remanente, estaba allí.

A menudo pensamos que Dios necesita a mucha gente para hacer una gran obra, pero Él, muy seguido obra a través de grupos pequeños, o por un grupo que empieza pequeño. A pesar de que no muchos judíos de los días de Pablo aceptaron a Jesús como el Mesías, un remanente si lo hizo y Dios usará a ese pequeño grupo de una manera significativa. No era el número sino la permanencia del plan de Dios para Israel lo que importaba en el tiempo de Elías. Él puso su confianza en la gracia de Dios, no en los números.

Pablo terminó el versículo anterior señalando que el remanente fue escogido por gracia. Ahora nos recuerda lo que es la gracia por definición: es la dádiva de Dios, no dada a vista del desempeño o potencial de quien la recibe, sino se da únicamente por la bondad de quien la ofrece.
Como principios, la gracia y las obras no van juntas. Si el dar es por gracia, no puede ser por obras, y si es por obras, no puede ser por gracia. Los elegidos entre Israel recibieron y respondieron a la misericordia de Dios, pero el resto fueron endurecidos por su rechazo. Las citas de Isaías 29 y Salmos 69 nos dicen que Dios puede dar un espíritu de estupor y ojos con que no vean y Él puede decidir que sean oscurecidos sus ojos como Él lo desee. Si Dios se complace en iluminar solo a un remanente de Israel en el tiempo presente, puede hacerlo como le plazca.

Morris llama a un espíritu de estupor “una actitud de muerte hacia las cosas espirituales”. La idea es que los hombres están sentados cómodamente en su banquete; y su propio sentido de seguridad se ha convertido en su ruina. Están tan claros en la seguridad imaginaria que el enemigo puede llegarles sin darse cuenta. Barclay nos dice: Los judíos del tiempo de Pablo estaban tan seguros de su idea de ser el pueblo escogido que la mera idea se convirtió en lo que los arruinó. Hay entre los judíos personas escogidas por Su gracia. Esta es la evidencia de que Dios no ha desechado del todo a los judíos. Él ha preparado personas en los lugares menos esperados para concederles la salvación.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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