En Romanos 1 Pablo señaló el pecado del más notoriamente culpable. Ahora él habla de aquellos que son por lo general “morales” en su conducta. Supone Pablo que se felicitan a sí mismos de que no son como las personas descritas en Romanos 1. Un buen ejemplo de esta manera de pensar es la ilustración de Jesús del fariseo y el publicano. Si tomamos esas figuras de la parábola de Jesús, vemos que en Romanos 1 Pablo habló al publicano y ahora en el capítulo dos se dirige al fariseo.

Muchos entre los judíos de los tiempos de Pablo tipificaban al moralista; pero sus palabras en Romanos 2:1-16 parecen tener una aplicación más amplia. Por ejemplo, había un político romano llamado, Séneca; maestro moral y tutor de Nerón. Él hubiera estado de acuerdo de todo corazón con Pablo en cuanto a la moralidad de la mayoría de los paganos, pero un hombre como Séneca pensaría: “Yo soy diferente de esas personas inmorales”. Muchos cristianos admiraban a Séneca y su firme posición de lo “moral” y los “valores familiares”. Pero muy seguido él toleraba en sí mismo vicios no tan diferentes de los que condenaba en otros, el ejemplo más flagrante fue el dar su consentimiento a Nerón de asesinar a su madre Agripina.

Después de obtener el acuerdo del moralista al condenar al pecador obvio, ahora Pablo voltea el mismo argumento sobre el mismo moralista. Esto es porque al final de todo, tú que juzgas haces lo mismo. Mientras juzgamos a otra persona, estamos apuntando a un estándar que está fuera de nosotros mismos, y ese estándar nos condena a todos, no solamente al pecador obvio. El punto es hecho claro: si la persona moral es tan culpable como el pecador obvio, ¿cómo escaparás del juicio de Dios? Pablo nos está dejando saber que él no es una excepción a este principio. Pablo sabía cómo llegar al corazón de sus lectores. Nuestras exhortaciones deben ser como flechas listas para pegar en los corazones de los hombres; y no herir solamente, como otras flechas. El objetivo de Pablo es más grande que el de solamente convencerlos de su injusticia. Él les roba, y absolutamente debe robarles, su moralismo y su moralización porque ellos creen que esto es la forma de escapar de la ira de Dios.

En el verso 4 Pablo señala que el mismo moralista asume la benignidad, paciencia y generosidad de Dios, las cuales deberían llevar al moralista a un humilde arrepentimiento en lugar de una actitud de superioridad. Benignidad podría ser considerada la bondad de Dios con nosotros en cuanto a nuestros pecados pasados. Él ha sido bueno con nosotros porque aún no nos ha juzgado, aunque lo merecemos. Paciencia podría ser considerada la bondad de Dios con nosotros en cuanto a nuestros pecados presentes. En este mismo día y a esta misma hora, nos hemos quedado cortos de Su gloria, pero Él retiene Su juicio contra nosotros. Generosidad podría ser considerada la bondad de Dios con nosotros en cuanto a nuestros pecados futuros. Él sabe que pecaremos mañana y al día siguiente, pero retiene Su juicio contra nosotros. Considerando todo esto, no es sorpresa que Pablo describa estos tres aspectos de la bondad de Dios con nosotros como riquezas. Al saber cuán grande es la bondad de Dios, es un gran pecado presumir sobre la gracia de Dios, y fácilmente llegamos a creer que la merecemos.

¿Estás esperando que Dios te lleve al arrepentimiento? Él no trabaja así; Dios te guía al arrepentimiento. Mis amados hermanos, el Señor no te lleva al arrepentimiento. Caín fue llevado lejos, como un fugitivo y un vagabundo, cuando él mató a su hermano Abel; Judas fue y se colgó, al ser guiado por la angustia del remordimiento debido a lo que había hecho al traicionar a su Señor; pero el más dulce y el mejor arrepentimiento es aquel que viene, no por ser llevado, sino por ser atraído: La benignidad de Dios te guía al arrepentimiento. Debido a esta presunción de la gracia de Dios, Pablo puede decir certeramente que el moralista atesora ira para el día de la ira.

El justo juicio de Dios pagará a cada uno conforme a sus obras: Este es un pensamiento asombroso y temeroso, y condena al moralista al igual que al pecador obvio. Si hubiera uno que realmente hiciera el bien en todo momento, podría ganarse la vida eterna por su propia cuenta, pero no hay ninguno, porque todos, de alguna u otra manera han sido o van a ser contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Debido a que todos quedan cortos de este estándar de la bondad constante de Dios, la ira de Dios vendrá sobre todo aquel que hace el mal, sin importar si son judíos o gentiles. Si ellos son los primeros en la fila para el evangelio (los judíos) y los primeros en fila para la recompensa, entonces ellos también son los primeros en la fila para el juicio.

Antes de terminar quiero recordarte que la palabra tribulación viene de la idea de “hervir”, el significado es el de un arranque apasionado. La palabra angustia viene de la idea de una inflamación que eventualmente revienta, y se aplica más al enojo que precede de la naturaleza fija de uno. Ahora en el justo juicio de Dios no hay acepción de personas. Somos una nueva creación en Cristo. Procuremos hacer el bien, para ser hallados irreprochables por Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.