Jerusalén se encontraba en su estado final tras ocho meses de asedio que terminaron con su destrucción por los babilonios. La situación, humanamente hablando, no podría ser más oscura, pero en este mismo punto Dios manda a Jeremías a hablar de lo concerniente al futuro. A Jeremías se le ordenó escribir la siguiente profecía. Palabras anteriores de Dios habían sido obviamente escritas, pero había un énfasis especial en registrar estas palabras. Esto es probablemente debido a que su cumplimiento final se encontraba a una larga distancia en el tiempo de los días de Jeremías. Este es el contenido de su precioso libro; cada hoja, línea, letra, eran de misericordia. Dios hace la promesa de hacer volver a los cautivos. Esta es una promesa dicha varias veces antes y después de esto en Jeremías. Aun así, mientras esta profecía se desarrolla parece claro que este regreso de la cautividad es más grande y tardado que el relativamente pronto regreso de los exiliados en Babilonia.

Jeremías miraba más allá de sus días presentes y del futuro cercano para poder ver los días finales. Es cierto que el reino de Judá contenía gente de todas las tribus así que estas palabras no demandan un cumplimiento mayor, pero sí lo sugieren. Jeremías poéticamente describe el temor del pueblo judío bajo una gran, e incomparable calamidad. La imagen de hombres agarrándose los muslos en angustia levanta la pregunta ¿Puede un hombre tener un hijo? Ellos se comportaban como una mujer en labor de parto y sus rostros se habían vuelto pálidos. Jeremías constantemente usaba palabras similares para describir el juicio que venía sobre Judá y Jerusalén en sus propios días. Aun así, esto describe algo más allá; otro tiempo de gran terror que vendría sobre el pueblo judío y un tiempo mucho peor que cualquier otro antes, no hay otro semejante a él. La idea del gran día es constantemente conectada a la calamidad que viene sobre la tierra en los días finales. El gran día del Señor está cerca; esta próximo y se acerca rápidamente. El ruido del día del Señor es amargo; allí los hombres poderosos clamarán dijo Sofonías 1:14.

Al conectar Jeremías 30 con Mateo 24 notamos que lo que nosotros llamamos muchas veces la gran tribulación es particularmente el tiempo de la angustia para Jacob; es cuando un gran y terrible líder mundial y el gobierno al que representa tratarán de destruir al pueblo judío. Trabajando a través de estos, Satanás esperará devorar al pueblo judío como lo vemos en Apocalipsis 12: 1-6 Esto no minimiza la persecución que también traerá sobre los seguidores de Jesús, tanto judíos y gentiles durante ese tiempo. A través de este tiempo de incomparable tribulación que viene en contra del pueblo judío, Dios los rescatará y les traerá salvación. Él los protegerá y los llevará a la fe en su Mesías, Cristo Jesús. Jeremías está diciendo que antes de que la recién mencionada promesa de restauración pueda ser cumplida, la nación debe de ser severamente castigada, pero no hasta el punto de la calamidad extrema.

Un falso profeta había utilizado previamente la imagen del yugo roto para traer falsas esperanzas. Aquí Dios declara que la verdadera promesa llegará un día – en el tiempo de la angustia de Jacob – nunca más volverá a haber un yugo sobre el pueblo judío. Esto apunta a algo mucho más grande que el regreso de los exiliados en Babilonia, porque muchas veces desde entonces el pueblo judío ha sido esclavizado a hacer labores manuales. En lugar de ser esclavos de extranjeros, el pueblo judío será un fiel servidor de Dios y finalmente, de su Mesías Jesucristo. En aquel día Dios también les dará a David para que gobierne como rey. La mayoría de los comentaristas toman esto como una referencia al Mesías, el hijo de David y no a David el hijo de Isaí. Esta promesa parece imposible, y aun así es repetida muchas veces por los profetas del antiguo testamento; Isaías, Ezequiel, Oseas. Esto habla del reino de un resucitado David, el hijo de Isaí sobre Israel en la tierra del milenio.

En un sentido menor esto fue cumplido con el regreso de los exiliados bajo Esdras y Nehemías; pero solo en un sentido menor. No podría ser dicho del regreso de la cautividad de Babilonia, y no habrá quien le espante, sino que esto será dicho de Israel en el milenio. La promesa de Dios para Israel es que ellos no serían completamente destruidos como pueblo, ya fuera por muerte o asimilación. Ellos tendrían que resistir terribles aflicciones, pero sobrevivirían. Dios le recuerda a Israel de que a pesar de que sí verían a las naciones que los afligieron siendo juzgadas, Dios también los castigará. Como ellos han pecado, Dios no les permitirá irse sin castigo

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.