Pablo ha estado hablando de la gloria de la adopción en la familia de Dios, y ahora vuelve al estado turbulento del mundo presente. Traza un gran cuadro. Habla con visión poética. Ve a toda la naturaleza esperando la gloria que será. Por el momento, la creación está sometida a la esclavitud de la caducidad. Aún así la vida en el Espíritu nos habilita a entender y soportar el padecimiento. Para pintar este cuadro, Pablo estaba usando ideas que cualquier judío podría reconocer y entender. Habla de la edad presente y de la gloria que se manifestará. El pensamiento judío dividía la historia del tiempo en dos secciones: la edad presente y la edad por venir. La edad presente era totalmente mala, sometida al pecado, a la muerte y a la corrupción. Pero alguna vez llegaría el Día del Señor. Sería un día de juicio en el que se sacudirían hasta los mismos cimientos del mundo; pero de su ruina surgiría un nuevo mundo. Este es el análisis de Pablo de las aflicciones del tiempo presente y de la gloria venidera y de acuerdo a sus palabras, no se pueden comparar entre sí. Pablo no era ajeno ni ciego a las aflicciones de la existencia humana; él las experimentó más que la mayoría de nosotros hoy. Sin embargo, aún consideraba que la gloria futura sobrepasaba a las aflicciones presentes. Sin una esperanza celestial, Pablo consideraba a la vida cristiana como necia y trágica. Pero a la luz de la eternidad, es la decisión más sabia que alguien puede hacer. Esta gloria venidera no solamente será revelada a nosotros, pero en realidad será manifestada en nosotros. Dios ha puesto esta gloria en el creyente desde ahora mismo. Cuando estemos en el cielo, la gloria simplemente será manifestada no creada. La implicación es que ya existe, pero no es aparente. Toda la creación espera y anhela esta gloria venidera. Pablo considera que la creación misma está esperando ansiosamente la manifestación de los hijos de Dios; debido a que la creación fue sujetada a vanidad debido al pecado del hombre, y se beneficiará de la redención definitiva del hombre.

El profeta Isaías en el capitulo 11:6-9 describe esta redención de la creación en ese día: “El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará 7 La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. 8 Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. 9 No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas”.

Solo Dios pudo sujetar a la creación en esperanza. Esto no fue obra del hombre ni de Satanás. Esto no solo beneficia a los hijos de Dios, sino a toda la creación. Hasta ese día, la creación gime a una, y a una está con dolores de parto. Ciertos grupos con una mentalidad “súper cristiana” han tomado la idea de la manifestación de los hijos de Dios para decir que toda la creación está esperando por su grupo particular de cristianos súper espirituales para ser manifestados de una manera poderosa e increíble. Esto es una fantasía puramente egoísta.

Pablo dice que nosotros tenemos las primicias del Espíritu: Esto significa que probamos esa gloria por venir. ¿Se nos puede culpar si anhelamos el cumplimiento de lo que hemos recibido en las primicias? Estamos esperando nuestra adopción. A pesar de que ya hay un sentido en el cual ya somos adoptados como lo vimos el día de ayer en Romanos 8: 15, también hay un sentido en el cual esperamos la consumación de esa adopción que sucederá en la redención de nuestro cuerpo. Dios no ignora a nuestros cuerpos físicos en Su plan de redención. Su plan para estos cuerpos es la resurrección, cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad como lo dice el apóstol en 1 Corintios 15: 53. El cumplimiento de nuestra redención es algo que todavía está distante, pero la esperamos con fe y paciencia, confiando que Dios es fiel a Su palabra y que la gloria prometida será una realidad.

Pablo no era pesimista. H. G. Wells dijo una vez: “El hombre, que empezó al abrigo de una cueva, terminará en las ruinas de un suburbio contaminado por la enfermedad.” Pero Pablo no decía eso. Veía el pecado humano y el estado del mundo; pero veía también el poder redentor de Dios. Por lo tanto, lo veía todo con esperanza. La vida no era para él una espera desesperada del trágico final de un mundo sitiado por el pecado, la muerte y la corrupción; sino una anticipación anhelante de la liberación, la renovación y la recreación que obrarán la gloria y el poder de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.