Este salmo empieza y termina con esta frase, que es tanto una motivación como una declaración a alabar a Dios. Era lo correcto para el salmista el decirse a sí mismo y a otros “alabad a Jehová”, y él asume que el pueblo de Dios lo hará con cantos. La bondad de alabar viene de la verdad que hay, en sí misma, que es suave y hermosa. El salmista rápidamente comienza a describir las bondades y la grandeza de Dios, para darse a sí mismo y a otros una razón para alabarlo. La primera razón es el cuidado activo de Dios hacia Jerusalén y una posible referencia a su restauración después del exilio.

Los doce capítulos de Nehemías nos dicen como los levitas fueron traídos a la ciudad para dirigir una gran celebración “con acciones de gracias y con la música de címbalos, harpas y liras”, Nehemías 12: 27. Hubiera sido apropiado para ellos el cantar este salmo. Dios no solo se preocupa por las comunidades, sino también por los individuos. Aquellos que hieren a los quebrantados de corazón y los heridos son objetos especiales de su cuidado. Los corazones son rotos a través de la decepción, del luto y en miles de maneras, pero Cristo es bueno sanando todo tipo de corazones rotos.

El mismo Dios que se preocupa por los individuos, también conoce el nombre de todas las estrellas. Su majestad se extiende en ambas direcciones, desde la totalidad del espacio hasta las necesidades del individuo. El salmista nos permite llegar a la conclusión lógica, que, si Dios conoce y llama a todas las estrellas por su nombre, Él sin duda me conoce y me llama por mi nombre. Él es infinito en existencia, en poder, y en conocimiento, como estas tres frases claramente nos lo enseñan. El verso seis nos dice que Dios exalta a los humildes; y humilla a los impíos hasta la tierra: Esta es probablemente la frase repetida varias tres veces a lo largo de las escrituras: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes (Proverbios 3:34, Santiago 4:6, 1 Pedro 5:5).

Mientras entendemos la majestad de Dios tanto en sus expresiones más altas como en las más bajas, esto debe de crear en nosotros una respuesta natural en alabanza. Traemos nuestras alabanzas con canción, con acciones de gracia, y con música; con harpa a nuestro Dios. Él es “nuestro Dios”, ya sea que sea el Dios de otros hombres o no. Él es “nuestro Dios” por Su elección de nosotros, y por nuestra elección de Él.

El poder y el amoroso cuidado de Dios se unen de nuevo en la naturaleza. Él trae la lluvia, el hace a los montes producir hierba y da a las bestias su mantenimiento; aun a los hijos de los cuervos: Los cuales el menciona, quizás porque ellos eran los más despreciables; especialmente para los judíos, para los cuales eran impuros y estaban prohibidos para comerse; parcialmente, porque son avaros y voraces; y parcialmente, porque no solo son rechazados por los hombres, sino que también son olvidados por sus madres tan pronto como pueden volar, y de esa manera son dejados en las manos y el cuidado de la divina providencia.

El Señor es soberano y se preocupa por toda su creación, no solo por las magníficas estrellas, sino también por las humildes creaturas de la tierra. Que tan diferente es el Dios de Israel de Baal, ¡Cuyos poderes de lluvia y de fertilidad no son nada en comparación! Tomamos gran interés en el poder de la creación de Dios; ya sea en la fuerza del caballo o en la agilidad del hombre. Dios creó estas cosas, pero no son las que fundamentalmente lo deleitan. Finalmente, Él no se deleita en la fuerza de los animales, sino en el temor y en la esperanza que constituyen la fuerza espiritual. Misericordia; como ya lo hemos dicho, aquí es traducida de la gran palabra hesed, que se refiere al gran amor de Dios, especialmente en el contexto de su lealtad hacia sus promesas y pactos.

Dios se complace cuando ponemos nuestra esperanza en su amor leal y en su misericordia. Las marcas del nuevo nacimiento son el temor y la esperanza. Ellos temen, porque son pecadores; ellos tienen esperanza, porque Dios es misericordioso. Ellos le temen, porque Él es grande; ellos tienen esperanza en Él, porque Él es bueno. Su temor hace su esperanza sobria; su esperanza ilumina su temor: Dios se complace en ambas cosas en su temblor y en su gozo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.