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Después de la transacción de la tierra en la prisión, Jeremías oró acerca de este asunto. Él empieza con un suspiro, dirigido a Jehová: ¡Oh Señor Jehová! Su corazón empezó a hervir con incredulidad y razonamientos carnales; él por lo tanto se llevó a sí mismo a orar acerca de estas cosas. ¡Y que oración hizo! ¡Qué peso de los asuntos, que expresión tan sublime, que profunda veneración, y justa concepción, fervor divino, poderosa plegaria, y que fuerza de la fe! Fue Histórica, condensada, sin puntos oscuros; confesando la grandeza de los crímenes cometidos en contra del más justo de todos los seres, sin perder la esperanza de su misericordia, o presumiendo de su bondad: una confesión que, de hecho, reconoce que la justicia de Dios debería de golpear y castigar, sino fuera porque en su infinita misericordia dice, Yo perdonaré y salvaré. En su oración, él reconoce y adora el gran poder de Dios, confesando la verdad, no hay nada que sea difícil para ti.
Seguramente si Dios pudo hacer los cielos y la tierra con su gran poder y con su brazo extendido, Él fácilmente podría hacer que los caldeos se fueran de la tierra, y que Israel la habitara de nuevo, y que la compra de la tierra y su cuidado se mantuvieran. Jeremías reconoce la misericordia y el amor de Dios además reconoció la justicia y el juicio de Dios. Además, reconoce el particular amor, favor, y trabajo de Dios hacia su pueblo Israel. Ellos eran objetos especiales de su poder, misericordia, y amor. En contraste al gran amor y la bondad de Dios – especialmente mostrado hacia Israel – Jeremías nota la rebelión y la desobediencia del mismo pueblo que era el especial objeto de su favor. Esta rebelión y desobediencia era la razón para el gran mal que ha venido sobre ellos. La amorosa familiaridad de Jeremías con Dios se demuestra en la forma en la que él siente que tiene que mostrarle a Dios el trabajo de los babilonios que rodean a Jerusalén.
Esta era la vida de una ciudad antigua que se encontraba bajo asedio. Algunos morían por la espada en las murallas de la ciudad. Muchos otros morían de hambre debido a que suplementos nuevos no llegaban. Muchos más morían por la pestilencia; una enfermedad que hacía su trabajo esparciéndose en una ciudad cerrada. Era difícil para Jeremías el entender porque Dios le dijo que hiciera la compra de esa propiedad desde la prisión. Ciertamente los caldeos iban a conquistar la ciudad y toda la región. Incluso si Dios restaurara a su pueblo en la región, ellos no lo merecían. No tenía mucho sentido para Jeremías y él hizo lo correcto: Él miró a Dios y oró por entendimiento.
Esta no era una señal de la fe de Jeremías, porque él se encontraba perplejo, mientras obedecía. La señal se encontraba en el mandamiento; era la señal de Dios para su siervo. En respuesta a la oración de Jeremías, Dios primero afirma su poder y su dominio en los mismos términos que en los que Jeremías oró. Jeremías le dijo al Señor, no haya nada que sea difícil para ti (Jeremías 32:17). Dios responde a la oración de su siervo, ¿Habrá algo que sea difícil para mí?
Spurgeon dijo: “Mirando las iglesias de hoy en día. Que se han adentrado en mundanalidad, y ahogado con falsas doctrinas. Muchos se han apartado del evangelio, y se han entregado a sí mismos a miles de errores: ¿Cómo puede ser curada la maldad? Tiene que ser curada; debe de ser curada; Será curada, porque esto dice Jehová- ¿Habrá algo que se difícil para mí?”
Una vez más Dios confirma la promesa hecha muchas veces antes. Jerusalén y Judá caerían ante los babilonios. Dios no le dijo a Jeremías que comprara la tierra porque Jerusalén no sería conquistada. Dios le recuerda a Jeremías todos los pecados con los que Judá y Jerusalén invitaron al castigo de Dios. Todos los pecados – principalmente idolatría en sus muchas formas – eran una provocación a la ira de Dios. De hecho, Salomón completó la construcción de la ciudad, y él fue el primero de todos los reyes de Israel en caer en la idolatría. El tope de la impiedad de la nación fue alcanzado cuando el pueblo colocó ídolos en el mismísimo templo de Dios. Sus símbolos obscenos habían sido quitados durante las reformas del rey Josías. Pero fueron reintroducidos en los años posteriores de apostasía después del reinado de Josías. Su idolatría llegó tan lejos que de hecho participaron en el culto cananita que sacrificaba niños. Incluso el rey Acaz (2 Reyes 16:3) y el rey Manases (2 Reyes 21:6) participaron en esta horrible práctica. Hay poca o nada de evidencia arqueológica de sacrificios de niños en esta época. Esto significa que: o la práctica era muy poco habitual o diligentemente limpiada. Esta podría ser la forma de Dios de decir que incluso si la práctica era poco habitual, era una abominación para Él. Los lugares altos eran testigos de los más importantes ritos del culto de adoración a Moloc, refiriéndonos a los sacrificios humanos. Tan abominable era esta práctica que El Señor dijo a través de un fuerte antropomorfismo que nunca entró en su mente que su pueblo favorecido cayera tan bajo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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