Pablo habló de los privilegios de los judíos vs. los gentiles y ha explicado cuidadosamente en Romanos 2 que la posesión de la ley o la circuncisión no salvará a una persona judía. Después de todo, si no hay acepción con Dios ¿que hay de bueno el ser un judío? Pablo sabe que hay muchas ventajas que Dios dio al pueblo judío. En particular, Él les confió la palabra de Dios y ese es un regalo indescriptible.

La incredulidad de los judíos no hace que Dios este equivocado. El hecho de que todo el pueblo judío hasta ese punto había rechazado el evangelio, no significaba que la fidelidad de Dios hacia ellos fuera en vano. Siempre ha habido gente que no cree y han rechazado la revelación de Dios. No es algo nuevo. El evangelio no es un fracaso, los que fracasan son aquellos que se apartan del camino correcto y de la santidad de Dios. Pablo nos recuerda que Dios será justificado en todas Sus acciones. En el fin, se demostrará que aún nuestra injusticia de alguna manera proclamó Su justicia y gloria, aunque solo sea en juicio.

Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso: Es una expresión extraña y fuerte. Si Dios dice una cosa, y todos los hombres del mundo dicen otra, debemos creerle a Dios. Dios no puede cambiar su palabra, porque Él mismo, es inmutable. Nosotros somos llamados a creer la verdad de Dios, aunque nadie más la crea. El consenso de opinión general no significa nada para un cristiano. Pablo hace una objeción en cuanto a la injusticia del hombre y la justicia de Dios. Pablo presenta el contra argumento de un oponente: Si mi injusticia demuestra que Dios es justo, ¿cómo puede Dios juzgarme? Mi pecado, al fin y al cabo, sirve para traerle más gloria a Él, ¡y eso es bueno! Esto no era nada nuevo para el apóstol, Pablo estaba familiarizado con la forma de pensar que dice, “Dios está en control de todo. Aún mi voluntad de pecado demuestra Su justicia. Por lo tanto, Dios es injusto si Él me castiga, después de todo solo soy un peón en Su mano”.

En teoría, el ejemplo más dramático de alguien que podría hacer esta pregunta es Judas. Podemos escuchar a Judas armar su caso: Señor, yo sé que traicioné a Jesús, pero Él lo uso para bien. De hecho, si yo no hubiera hecho lo que hice, Jesús no hubiera ido a la cruz. Lo que hice incluso cumplió las escrituras. ¿Cómo puede juzgarme Dios? La respuesta para Judas puede ser de la siguiente manera: Si, Dios usó tu maldad, pero todavía era TU maldad. No había motivos buenos o puros en tu corazón. No hay crédito para ti que Dios haya traído bondad de tu maldad. Eres culpable ante Dios.

Cuando Pablo aclara “Hablo como hombre”: Esto no significa que Pablo no tenía la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad apostólica. Lo que explica es que solo como: un hombre caído, alguien se atrevería a cuestionar la justicia de Dios. Es cierto que Dios usará incluso la injusticia del hombre para cumplir Su obra y traer alabanza a Su nombre. La traición de Jesús por parte de Judas es un ejemplo perfecto. Sin embargo, parte de la forma en que Dios se glorifica a Sí mismo en el pecado del hombre es al juzgar justamente esa injusticia. ¿Cómo juzgaría Dios al mundo? Tanto para Pablo como para sus lectores era un hecho que se acercaba un día de juicio, cuando algunos serían libres de cargo y otros condenados. Él no necesitaba hablar de este punto; simplemente se entendía en esa cultura. Pablo entendía que Dios juzgaría al mundo, tanto a los judíos como a los gentiles.

Pablo vuelve a establecer la objeción de un oponente imaginario: Si Dios se glorificará a Sí mismo a través de mi mentira, ¿cómo puede juzgarme, ya que parezco aumentar indirectamente Su gloria? Esta era una perversión de la doctrina de Pablo de la justificación por fe, y una extensión de la objeción de su oponente imaginario. Si tomas la manera de pensar del adversario de Pablo lo suficientemente lejos, terminarías diciendo: “Pequemos lo más que podamos para que Dios pueda ser glorificado aún más”. Esto nos muestra que una manera de examinar una enseñanza es extender su significado y consecuencias y ver dónde terminas. Por supuesto que hagamos males para que vengan bienes no era la enseñanza de Pablo. Él lo pone en claro que; se nos calumnia el enseñar esto. Pero, es posible ver cómo esta acusación vino mientras Pablo predicaba libremente el perdón y la salvación por gracia a través de la fe en Jesús, y no por obras.

El pervertir el glorioso regalo de Dios en Jesús en una supuesta licencia para pecar es quizás la cumbre de la depravación del hombre. Toma el regalo más hermoso de Dios y lo pervierte y se burla de él. Esta perversión es tan pecaminosa que Pablo la deja para el final, ya que va más allá de la depravación de los paganos, más allá de la hipocresía del moralista y más allá de la falsa confianza del judío.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.