El Salmo 146 empieza una serie de cinco canciones finales y son conocidos como los salmos Aleluya. En los primeros Salmos, hemos estudiado las penas, vergüenzas, pecados, dudas, y temores de los cantores. Hemos presenciado al pueblo de Dios en sus derrotas y victorias, en los puntos altos y bajos de sus vidas. Hemos encontrado palabras rebeldes y batallas de fe. Todo esto ha quedado detrás de nosotros ahora. En estos Salmos finales cada palabra es alabanza.

La intención del salmista es que este (Aleluya) sea tanto una declaración de su propia alabanza a Dios colmo una exhortación a alabarle. Aleluya es una palabra compuesta formada por dos palabras hebreas: hallel que significa alabar y jah que significa Jehová. La alabanza también es un acto inteligente, no podemos descuidarnos: Mientras que Dios debe de ser alabado, al hombre se le debe de cuestionar. Incluso los más grandes entre los hombres – príncipes – no son dignos de nuestra confianza. Sin duda seremos decepcionados cuando pongamos nuestra confianza donde no hay salvación. Esta palabra príncipe parece remover este consejo del plano de la gente ordinaria y de sus problemas actuales; pero un concepto moderno sería; la gente de influencia, cuyo apoyo parece ser más sólido y seguro que el de Dios. Sin importar que tan alta sea su posición, él no es nada más que un hijo de Adán, y hereda la debilidad que le quita la habilidad para ayudar. “Él no es la salvación” es la traducción literal de las últimas palabras del salmo 146 verso 3.

Los más grandes entre los hombres siguen siendo hombres, y están sujetos a la muerte. Cenizas a las cenizas y polvo al polvo, e incluso los brillantes planes de los hombres perecen. Estas son razones para poner nuestra confianza en Dios y no en los hombres. Tenemos aquí una declaración la cual hemos probado y confirmado: “confía en el Señor”. Nunca alabamos mejor a Dios que ejerciendo nuestra fe en Él. La confianza silenciosa está entre la mejor música que alcanza el corazón de Dios; y cuando ponemos nuestra confianza en los hombres, le robamos la gloria a Dios; le estamos dando a otros la confianza que le pertenece solo a Él

El cantante nos da más razones para confiar en Él. Cuando confiamos en el Señor como el creador de todas las cosas, nos damos cuenta de que Él tiene el poder para liberar, algo que incluso los hombres más grandes no tienen. También podemos confiar en Dios porque Él es un Dios moral y justo. Dios es inmutablemente verdadero, y es el campeón que hace justicia a los agraviados. Él es fiel a su propia naturaleza, a las relaciones que Él ha asumido, a su pacto, a su palabra y a su hijo. Él mantiene la verdad, y Él es el poseedor de todo lo que es verdadero. Dios también se preocupa por los necesitados. A los hambrientos, Él provee comida y para los prisioneros el provee libertad. En todo esto podemos ver a un Dios de poder, santidad, y de amor. Este es un Dios en el que se puede confiar con seguridad.

Instantáneamente conectamos esta lista con el trabajo de Jesús: Él abrió los ojos de los ciegos, levantó a los caídos, amó a los justos, guardó a los extranjeros, a los huérfanos, a las viudas y trastornó el camino de los impíos. La conclusión lógica es que Jesús es el Señor. Dios muestra gran amor y compasión por los pobres, los afligidos, y los necesitados. Sin embargo, el Señor también trae justicia en contra de los impíos, prometiendo que trastornará sus caminos. Literalmente Él hace que pierdan su camino; Él no solo los frustra en sus planes y en sus empresas, sino que los vuelve en contra de ellos mismos. Ese aspecto del gobierno de Dios es tratado muy ligeramente en una clausula, como es apropiado para el propósito del Salmo. Pero no puede ser dejado fuera.

El Salmista estaba feliz de declarar esto, porque el poder y la fuerza de Dios son expresados en tal amor y compasión. Tanto en poder como en justicia, reinará Jehová para siempre, incluso de generación en generación. Salmo 146 termina donde comienza, con una declaración de alabanza a Dios, la proclamación de un ¡Aleluya! Aquí terminamos con un Salmo feliz, pero aquí no termina la alabanza a Dios, la cual continuará para toda la eternidad.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.