Los últimos versículos del capítulo anterior identifican este tiempo como los días finales. Jeremías describe el gran regreso a Dios y a su Mesías predicho en esos mismos días. La gran persecución del pueblo judío en los días de la angustia de Jacob que leemos en Jeremías 30:7 y Apocalipsis 12 afligirá a muchos y no todos sobrevivirán. Sin embargo, la gran mayoría de los que escapen recibirán la gracia y el reposo de Dios, encontrándolo en su Mesías Cristo Jesús. Jeremías fue cuidadoso de colocar las palabras de Dios en contexto. Ellas vienen de una aparición divina, y en una aparición anclada en la eternidad, como hace ya mucho tiempo.

El gran mensaje de Dios para Israel era una garantía de su amor por ellos y se extendía hasta la eternidad del futuro. Era un amor eterno. De forma remarcable, algunos cristianos piensan que Dios ha dicho no a un amor eterno para Israel; piensan que ellos ahora deberían de ser conocidos como el pueblo escogido que ahora ya no es escogido. No es que ahora Dios les tiene lástima, ni tampoco que ha pensado en ellos, sino que los ha amado. Es como si Dios dijera: Estoy enamorado de ti. Y con el antiguo amor que siempre los ha amado.

Si Dios estuviera hablando en primera persona de seguro diría: Aún tengo por ustedes ese mismo amor que les mostré a sus padres en Egipto, en el desierto, y en la tierra prometida. Esta palabra fue hablada a Israel; pero el amor que describe es el amor de Dios para cada creyente. Tú tienes que volver más atrás de tu nacimiento, más allá del calvario y de Belén, más atrás de la caída del hombre y el jardín del edén, y mientras tú estás ahí parado, mirando a la inmensidad de la eternidad, atreverte a creer que tú fuiste amado y escogido en Cristo, el objeto de la más suave atención y compasión. Debido al amor eterno de Dios, Su promesa permanece de acercar a Israel con su leal amor, su amor del pacto, Su misericordia.

Por Su misericordia Él no los fuerza ni los obliga, sino que los acerca en amor y en compasión. En la gran imagen del plan redentor de Dios podemos decir que la misericordia de Dios guía a Israel al arrepentimiento en el tiempo de la angustia de Jacob. El magneto maestro del evangelio no es el miedo, sino el amor. Los penitentes son atraídos a Cristo más que impulsados. El termino hesed (misericordia) es fidelidad que resiste o cuidado que nunca falla, es imposible de traducir en una sola palabra, sino que expresa la naturaleza divina ejemplificada en el pacto del Sinaí. El fiel amor de Dios para Israel significa que el los restaurará y los edificará, y esto es seguro. La restauración de Israel significa gozo, danza, y abundancia. Los guardas de Israel ya no necesitarán advertir de la llegada de los enemigos, sino que darán la bienvenida a los peregrinos en su camino mientras dicen subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios. Los guardias estaban colocados en lugares altos en puntos que daban una vista ventajosa en tiempos de guerra para advertir de cualquier enemigo que se aproximaba lo vemos en Jeremías 6:17. Pero aquí el anuncio de los guardas es para un propósito mucho más noble, ¡Subamos a Sion!

Estas eran noticias tan buenas que no debían de escucharse solo en Israel. Toda la tierra debería de escuchar las noticias de la salvación de Israel, y dar voces de júbilo por ello. Dios promete reunir al pueblo judío de entre toda la tierra, una reunión tan completa que incluso los ciegos y los cojos vendrán; en gran compañía volverán acá. El acá no es simplemente un regreso a Dios, es también un regreso a la tierra. La promesa de la tierra permanece para Israel. Un gran milagro sucedió en 1948, cuando Israel fue establecido de nuevo como un estado judío en su antigua tierra. Tan milagroso y maravilloso como esto fue, aun no alcanza para cumplir con la gloria de esta promesa. Israel está ahora mismo reunido en incredulidad; esto solo se cumplirá en su totalidad cuando Israel vuelva a la fe en Dios y en su Mesías. En esta gran restauración en los días finales de la que nos habla Jeremías 30:24, Israel regresará a Yahvé y a su Mesías con lágrimas y lloro. Como uno de los profetas escribió:

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” Zacarías 12:10.

Efraín aquí representa a Israel como un todo, como en la línea anterior. Aun así, es significativo que Efraín no era el primogénito de Jacob, sin embargo, Dios lo consideraba a él como el primogénito. Esto muestra que el primogénito se refiere a algo más que el orden de nacimiento, comunica el concepto de preeminencia. La condición de Efraín en bendición será permanente porque la desviación de Jeroboam en el santuario del Señor será cosa del pasado, cuando vuelvan a Sión. La herida de muchos siglos por fin será sanada.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.