Ya hemos visto que hubo profetas mentirosos entre el pueblo de Dios exiliado en Babilonia y mucha gente del pueblo les creyó a estos profetas. El pueblo en el exilio tenía una equivocada idea de aquellos que no estaban con ellos Muchos entre los exiliados en Babilonia pensaban que aquellos que aún no habían sido llevados a la cautividad eran de alguna manera mejores que aquellos que sí lo habían sido. Seguramente los falsos profetas motivaban este pensamiento. Dios les dijo a los exiliados que aquellos que permanecieron enfrentarían un severo juicio.

Jeremías 24 nos habla de la parábola de las canastas de higos, y aquí la imagen es repetida. Aquellos que permanecieron en Jerusalén y en Judá eran como higos malos, no eran los buenos. Su destino era ser escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones. El profeta les dice que no envidien el estado de Sedequías quien se sienta en el trono de David, ni de las personas que se encuentran en la tierra de la cual ustedes han sido llevados cautivos.

No era como si aquellos que estaban en la cautividad fueran justos y aquellos que permanecieron en Jerusalén y Judea eran más impíos. Parece que lo que Dios más objetaba era este sentido de superioridad y de favor de aquellos que se quedaron en Jerusalén y en Judá tenían.

En la carta de Dios a los exiliados a través de Jeremías, Él se dirigió a algunos individuos en específico. Aquí, Dios habló a Acab y Sedequías – dos hombres considerados profetas, y nombrados tras un rey impío de Israel y un rey impío de Judá. Aparentemente Acab y Sedequías estaban entre los profetas que le mintieron al pueblo de Dios, diciéndoles acerca de la debilidad de Nabucodonosor y la pronta restauración de los judíos a Judá. No solo estaban equivocados en lo general, ellos estaban equivocados en lo personal, y serían muy pronto ejecutados por el rey que ellos decían se estaba debilitando en poder e influencia.

Que Jehová los ponga como a Sedequías y como a Acab: esto se convertiría en un proverbio entre los judíos en el exilio en Babilonia. Estos hombres sufrieron una muerte tan terrible, fueron asados al fuego era tal que uno podía maldecir a otro al desearle el mismo tipo de muerte. Literalmente, la biblia dice que Nabucodonosor los “asó”, lo cual era el castigo apropiado para la traición en el código de Hammurabi.

Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre: Estos hombres fueron infieles con sus vidas y con sus palabras. Aunque su infidelidad tal vez no era de conocimiento público, Dios era un testigo de toda ella y los llamaría a dar cuentas de ellos. Dios determinó en Su soberanía utilizar a Babilonia, para juzgar a Judá y a las naciones. Seremos como esos higos malos que no se pueden comer, si rechazamos la Palabra de Dios e inclinamos nuestro oído a las palabras engañosas de los falsos profetas. Cuando nos apartamos de la santa Palabra de Dios, caemos en diferentes tipos de inmoralidad; pero si guardamos y obedecemos la Palabra, buscaremos la santidad y viviremos en ella.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.