A menudo nos impresionamos con lo paciente que Dios es con el pecador; como de alguna forma refrena su terrible juicio contra esas personas que lo merecen tanto. Sin embargo parece que su paciencia hacia nosotros es aún más grande, los que hemos recibido mucho más de él, pero que seguimos actuando como lo hizo Israel. La misericordia de Dios con un pecador solo es igualada y tal vez sobrepasada por su paciencia para con sus santos, con usted y conmigo.
El ciclo inició con Dios mostrando su bondad hacia su pueblo (Y les diste reinos y pueblos) y con el pueblo de Dios siendo bendecido. Luego, en el tiempo de comodidad y abundancia, el pueblo de Dios se alejó de Él. Luego, Dios trae corrección; una “llamada de atención” para su pueblo. Como resultado, entonces el pueblo de Dios regresó a Él. Entonces, bendecidos y satisfechos, el pueblo de Dios se alejaba de Él otra vez, y el ciclo continúa. Conforme el ciclo continúa, los movimientos de cada ciclo se vuelven más y más profundos; pero Dios no cambia. Algunas veces nos sentimos como si Dios se hubiera cansado de nosotros; que no podemos pedirle que nos perdone algo que nos ha perdonado ya muchas veces con anterioridad. Pero Dios nunca se cansa de nosotros, y nunca desprecia al corazón arrepentido.
Este texto forma parte de una oración extensa de confesión y adoración que el pueblo de Israel hace tras el regreso del exilio babilónico. Este pasaje resume cómo Dios ha sido fiel y misericordioso con Israel, a pesar de su desobediencia constante
En los versos 19 al 21: La misericordia de Dios en el desierto. A pesar de los pecados de los israelitas (como la fabricación del becerro de oro), Dios no los abandonó en el desierto. Su misericordia se manifiesta al continuar guiándolos con la columna de nube durante el día y la columna de fuego por la noche, recordando que Dios nunca los dejó solos. Dios Proveyó para ellos, dándoles maná para comer y agua de la roca, y sus vestiduras no se desgastaron durante los 40 años de vagar por el desierto.
En los versos del 22 al 25 vemos la conquista y la bendición en la Tierra Prometida. Dios les dio reinos y tierras, y les permitió conquistar a las naciones que habitaban en Canaán, específicamente a los reyes Sijón y Og. Esto demuestra que Dios cumplió su promesa de darles una tierra. Al entrar en la Tierra Prometida, recibieron ciudades, tierras fértiles, viñas, olivares y más. Ellos disfrutaron de una abundancia de bienes y prosperaron.
En los versos del 26 al 29 nos muestra la rebeldía de Israel y la paciencia de Dios. A pesar de recibir la abundancia de bendiciones, los israelitas se rebelaron. Desobedecieron los mandamientos y mataron a los profetas que Dios envió para llamarlos al arrepentimiento. A causa de su rebeldía, Dios permitió que fueran oprimidos por sus enemigos, pero cuando clamaban a Él, los liberaba. Este ciclo de pecado, opresión, clamor y liberación es repetido varias veces en la historia de Israel. Dios constantemente advertía al pueblo para que regresaran a sus caminos a través de sus mandamientos, pero ellos persistían en la desobediencia.
Y finalmente en los versos 30 y 31 muestra la paciencia prolongada de Dios y su misericordia continua. Dios fue paciente durante muchos años, y aunque enviaba profetas para advertirles, el pueblo seguía rebelándose. Finalmente, debido a su persistente desobediencia, Dios los entregó a manos de otros pueblos (refiriéndose al exilio babilónico). A pesar de todo, Dios no los destruyó completamente ni los abandonó, mostrando su gran misericordia. Este versículo enfatiza que, aunque el juicio era merecido, Dios siempre dejó una puerta abierta para la restauración.
Este pasaje pone de relieve el contraste entre la infidelidad del pueblo de Israel y la fidelidad de Dios. A lo largo de la historia, Dios sigue siendo misericordioso y paciente a pesar de la continua rebelión de su pueblo. El tema principal es la fidelidad de Dios a su pacto y su misericordia inagotable, incluso cuando su pueblo no es digno de ello.
Es una lección sobre la gracia de Dios y la importancia de la confesión y el arrepentimiento por parte de su pueblo, reconociendo que el favor de Dios no se basa en su perfección, sino en su infinita misericordia.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
