Las reformas del rey Josías fueron maravillosas, pero no fueron un avivamiento duradero. Su propio hijo Joacaz no siguió en sus caminos rectos. Joacaz significa “Yahvé se ha apoderado” era, probablemente, su nombre de trono, pues su nombre personal era Salum de acuerdo a 1 Crónicas 3:15. La práctica de la primogenitura fue anulada en vista de que su hermano mayor (Eliacim) mostró tendencias anti-Egipto. Su nombre es omitido de entre los ancestros de nuestro Señor en Mateo capítulo 1, lo cual pudiera implicar que Dios no reconociera a Joacaz, fue la elección del pueblo, como el sucesor.
Después de la derrota del rey Josías en batalla, Faraón fue capaz de dominar Judá y hacerla un reino vasallo y una defensa contra el creciente Imperio de Babilonia. Él impuso sobre la tierra una multa y puso sobre el trono de Judá a un rey títere, un hermano de Joacaz (Eliacim, renombrado Joacim). Impuso pesados impuestos sobre el pueblo y pagó dinero a los egipcios, como era requerido. Necao lo había colocado ahí como virrey, simplemente para recaudar impuestos. Sin embargo, al mismo tiempo, Joacim estaba desperdiciando recursos en la construcción de un nuevo palacio con trabajo forzado. Joacim y su hermano Joacaz, no siguieron el consagrado ejemplo de su padre Josías.
Jeremías 36 describe la gran impiedad de Joacim e, incluso, relata cómo quemó un rollo con la Palabra de Dios. En respuesta a esto, Jeremías recibió este mensaje de Dios: “Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales? Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche”. A todas sus maldades anteriores agregó esto, que asesinó a Urías el profeta.
Nabucodonosor, rey del Imperio de Babilonia, estaba preocupado por Judá debido a su posición estratégica en relación con los imperios de Egipto y Asiria. Por lo tanto, era importante para él conquistar Judá y hacerla un reino sometido (su siervo), firmemente leal a Babilonia. Nabucodonosor fue contra Jerusalén porque el Faraón de Egipto invadió Babilonia. En respuesta, el joven príncipe Nabucodonosor derrotó a los egipcios en Carquemís, y luego persiguió al ejército que huía por todo el camino hasta el Sinaí. Durante el camino (o en su camino de regreso), sometió a Jerusalén, quien había sido leal al Faraón de Egipto. Esto sucedió en el 605 a.C. y fue el primer (pero no el último) encuentro entre Nabucodonosor y Joacim. Habría otras dos invasiones más adelante (597 y 587 a.C.). Este ataque específico está documentado en las Crónicas de Babilonia, una colección de tablas descubiertas desde 1887, que se conserva en el Museo Británico. En ellas, la presencia de Nabucodonosor en el 605 a.C. en Judá está documentada y clarificada. Cuando las crónicas de Babilonia fueron finalmente publicadas en 1956, nos dieron información política y militar de primera clase sobre los primeros 10 años del reino de Nabucodonosor. L.W. King preparó estas tablas en 1919; entonces murió, y estas fueron descuidadas por cuatro décadas.
Excavaciones también documentan la victoria de Nabucodonosor sobre los egipcios en Carquemís en mayo o junio del 605 a.C. Arqueólogos encontraron evidencias de batalla, grandes cantidades de puntas de flecha, capas de cenizas, y un escudo de un mercenario griego que peleó para los egipcios. Esta campaña de Nabucodonosor fue interrumpida repentinamente cuando se enteró de la muerte de su padre y se apresuró a regresar a Babilonia a asegurar su sucesión al trono. Viajó alrededor de 500 millas en dos semanas, una velocidad de viaje increíble en aquellos días. Nabucodonosor solo tuvo tiempo de tomar unas pocas cosas, como algunos cautivos (por ejemplo, Daniel), unos cuantos tesoros y una promesa de sumisión de Joacim. Cuando Nabucodonosor tuvo que regresar rápidamente a Babilonia, Joacim se aprovechó de su ausencia y se rebeló contra él. Pudiéramos pensar que Dios honraría el movimiento de independencia de Judá dirigido por Joacim, pero no lo bendijo. Dios envió contra él muchos adversarios porque Joacim era un patriota del reino de Judá, pero no un hombre sometido a Dios.
El ejército de Nabucodonosor estaba conformado por muchas naciones, que estuvieron dispuestas a pelear bajo la bandera de semejante poderoso y victorioso emperador. Muchos en los días de Joacim creyeron que la voluntad de Dios era liberarlos de sus enemigos y preservar a una Judá independiente. Sin embargo, esa no era la voluntad de Dios; su voluntad era traer a Judá a juicio (sabiendo que no se habían arrepentido genuinamente y que no lo harían). Lo mejor que podía hacer Judá era someterse a esta voluntad de Dios —como Jeremías les decía— a pesar de la gran oposición.
Uno de los grandes pecados de Manasés fue que persiguió a los temerosos de Dios en sus días y que por lo tanto llenó a Jerusalén de sangre inocente.
2 Crónicas 36:6 nos dice que Nabucodonosor llevó a Joacim a Babilonia, atado en cadenas de bronce. Sin embargo, Jeremías nos dice que sería enterrado deshonrosamente afuera de Jerusalén. El típico cierre no hace referencia al entierro de Joacim, cuya muerte ocurrió alrededor de diciembre del 598 antes de la primera captura de Jerusalén por Nabucodonosor.
En la lucha geopolítica entre Egipto y Babilonia, Nabucodonosor derrotó a Egipto. Entonces se convirtieron en el poder dominante en esa parte del mundo. Alrededor de tres años después, en el 601 a.C., Egipto intentó regresar una vez más al poder atacando al ejército de Babilonia. Fue después de esta breve victoria egipcia que Joacim, esperando renovar su alianza con el Faraón contra Babilonia, se rebeló contra Nabucodonosor, una acción que Jeremías condenó rotundamente.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
