No era que el rey Josías no supiera nada de Dios ni cómo buscarlo, sino que estaba tan convencido de su pecado que no sabía qué hacer a continuación. Josías sabía que el reino de Judá merecía el juicio de Dios. No podía escuchar la palabra de Dios y responder al Espíritu de Dios sin enfrentarse seriamente al pecado de su reino.
Hulda era profetisa y podía revelar el corazón y la mente de Dios. Sabemos poco de esta mujer aparte de esta mención aquí y el relato similar registrado en 2 Crónicas 34. Con la aparente aprobación del rey Josías, el sacerdote Hilcías consultó a esta mujer en busca de orientación espiritual. No fue por su propia sabiduría y espiritualidad, sino porque era reconocida como una profetiza.
Ciertamente hubo otros profetas en Judá. Aunque no se menciona al profeta contemporáneo Jeremías, él elogió a Josías, y el profeta Sofonías estuvo trabajando en este reinado. Sin embargo, por alguna razón –quizás espiritual, quizás práctica– decidieron consultar a la profetisa Hulda .
De esto se desprende, y tenemos muchos hechos de todas las épocas que lo corroboran, que un pontífice, un papa, un obispo o un sacerdote, en algunos casos, puede no poseer el verdadero conocimiento de Dios; y que una mujer sencilla , que posee la vida de Dios en su alma, puede tener más conocimiento de los testimonios divinos que muchos de aquellos cuyo oficio es explicarlos y hacerlos cumplir.
Josías sabía que Judá merecía juicio, y que ese juicio ciertamente vendría. Judá y sus líderes habían andado en contra del Señor por demasiado tiempo, y no se arrepentirían genuinamente para evitar el juicio final. La palabra de Dios era verdadera, incluso en sus promesas de juicio. La fidelidad de Dios se demuestra tanto por su juicio sobre los malvados como por su misericordia hacia los arrepentidos.
El corazón de Josías se enterneció de dos maneras. Primero, se estremeció ante la palabra de Dios y pudo recibir la voz convincente del Espíritu Santo. Segundo, se enterneció ante el mensaje de juicio de Hulda en los versículos anteriores.
Hulda le dijo a Josías que sería llevado a tu tumba en paz. Aunque Josías murió en batalla, hay al menos tres formas en las que esto fue cierto.
1. Murió antes de que el gran desastre espiritual y el exilio llegaran a Judá.
2. Fue reunido con los espíritus de sus padres, quienes estaban en paz.
3. Murió en favor de Dios, aunque por mano de un enemigo.
También la profetiza le dijo que no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Esta fue la misericordia de Dios para con Josías. Su propia piedad y su tierno corazón no pudieron detener el juicio final de Dios, pero sí pudieron demorarlo. El juicio inevitable a veces se demora debido a los tiernos corazones del pueblo de Dios.
Dios retrasó el juicio incluso en el caso de Acab, quien respondió a una palabra de advertencia con una especie de arrepentimiento.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
