Esta notable relación entre Eliseo y la mujer sunamita inició cuando la mujer buscó hacer algo por el profeta. Eliseo no buscó nada de esta mujer; ella, eventualmente, lo empezó a invitar insistentemente a que comiese en su casa.
La mujer sunamita entonces buscó hacer más por el profeta. Con la aprobación de su marido, construyeron un cuarto para que Eliseo se quedara en sus frecuentes viajes a esa región.
De vez en cuando Eliseo pasaba por Sunem y se hospedaba en la casa de esta mujer importante y su esposo. Eliseo apreció la generosidad de este hogar, que estaba siempre abierto para él. Y un día, mientras descansaba,
resolvió recompensar de alguna manera a esta mujer tan considerada por su amabilidad, y entonces llamó a su criado.
Para esta mujer estéril parecía no haber esperanza alguna, posiblemente ella y su esposo habían agotado todas las posibilidades, así que la promesa
del profeta parecía muy buena para ser verdad. El estigma asociada con la esterilidad era duro en el mundo antiguo, y este hijo prometido sería la respuesta al anhelo de su corazón y eliminaría el estigma de la esterilidad.
La mujer que tan generosamente había provisto cosas materiales para el profeta de Dios, ahora sería bendecida por el Dios del profeta, bendecida mucho más allá de las cosas materiales.
Éste fue quizás un milagro más grande que el que Elías había realizado en la casa de la viuda de Sarepta.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
