Cada gran historia tiene un principio, y Marcos nos lleva al su principio del evangelio. La antigua palabra griega para evangelio significa “buenas noticias,” así que este libro son las buenas noticias de Jesucristo, Hijo de Dios. Son las buenas noticias concernientes a Jesús, una persona genuina, histórica, que caminó en esta tierra como cualquier otro hombre. La primera cosa que Marcos dice es sobre el ministerio de Juan el Bautista; que estaba profetizado en el Antiguo Testamento. Aquellos pasajes predijeron al precursor que prepararía el camino del Señor, el cual Dios llamaría mi mensajero, es importante porque esta es la primera voz profética auténtica para Israel; con la pequeña excepción de Ana y Simeón por 300 años. Algunos pensaban que Dios se detuvo en enviar profetas porque Él ya no tenía nada más que decir, pero Juan muestra que ese no era el caso.

El pasaje el cual Marcos cita es Isaías 40:3 y tenía en mente la edificación de un gran camino para la llegada de un rey majestuoso. La idea era la de llenar los hoyos y el derribar las colinas que estaban en el camino. El construir un camino se parece mucho a la preparación que Dios debe de hacer en nuestros corazones. Ambas son caras de realizar, las dos deben de ser tratadas con problemas y ambientes diferentes, y en ambas se necesita a un ingeniero experto. Juan preparaba el camino. Él bautizaba, ofreciendo una limpieza ceremonial, el cual confesaba el pecado y hacia algo para demostrar el arrepentimiento. Bautizar simplemente significa el “sumergir o abrumar.” Juan no rociaba cuando él bautizaba. Como era la costumbre en alguna otra ceremonia de lavado judía, Juan completamente sumergía a aquellos que eran bautizados. “Naturalmente, por lo tanto, el bautismo no era simplemente el rociar con agua, sino un baño en el cual todo el cuerpo era bañado. El ministerio de Juan fue aceptado con una respuesta maravillosa. Había muchas personas que reconocían sus pecados, y su necesidad de prepararse para el Mesías. Ellos también estaban dispuestos a hacer algo en cuanto a eso.

En su personalidad y ministerio, Juan el Bautista tenía el patrón del Elías audaz, quien llamó, sin temor, a Israel para que se arrepintiera. El mensaje de Juan el Bautista era simple. Juan predicaba a Jesús, no de si mismo. Los rabinos enseñaban que un maestro podría requerir cualquier cosa de sus seguidores, excepto el hacer que les quiten el calzado. Eso era considerado como demasiado. Pero Juan dijo que él ni siquiera era digno de hacer esto por Jesús. Juan reconocía que su bautismo era solamente el preludio de lo que Jesús traería. El Mesías traería una inmersión en el Espíritu Santo, que era más grande que la inmersión en el agua, como una demostración de arrepentimiento. Jesús no fue bautizado debido a que Él necesitara ser limpiado del pecado; Él no tenía pecado, como Juan mismo lo entendía. Pero Jesús fue bautizado para cumplir con toda Su misión en la tierra: para hacer la voluntad del Padre, y para identificarse con el hombre pecaminoso.

Cuando la voz de Dios el Padre habló del cielo, todos supieron que Jesús no era únicamente otro hombre que estaba siendo bautizado. Ellos supieron que Jesús era el perfecto Hijo de Dios, identificándose con el hombre pecador. Por esto, todos supieron que Jesús era diferente. Esta extraña escena mostró un comienzo humilde. Jesús: Un nombre común, poco extraordinario. De Nazaret: Una aldea despreciada, poco notable. De Galilea: La región que no es espiritual, no era el área “fuerte en la Biblia” de aquel tiempo. Se identificó con el hombre pecador. El Jordán era un río poco notable – y a menudo desagradable. La tradición rabínica primitiva explícitamente descalificaba al Río Jordán para la purificación, de acuerdo con El Mishnah. La escena también mostró una gran gloria: Los cielos se abrieron ampliamente para esto. La antigua frase griega para esto tiene una fuerte connotación. Tiene la idea de que el cielo fue rasgado en dos, “el ser separado, un evento repentino.” De alguna manera, el Espíritu estaba presenta y “descendió” sobre Jesús como paloma. Es raro en la Biblia cuando leemos que Dios habla audiblemente desde el cielo, pero esta es una de esas gloriosas ocasiones.

Después de la dramática aparición del Espíritu Santo en Su bautismo, la obra del Espíritu en Jesús fue el dirigirle – pero, para conducirle al desierto. Jesús estaba identificado con los pecadores en Su bautismo. Aquí, Él también estaba identificado con los pecadores en sus tentaciones.  Cuarenta días de Jesús en el desierto – es un número que a menudo muestra un tiempo de prueba o juicio. Durante la inundación de Noe, llovió por 40 días y 40 noches. Israel estuvo en el desierto por 40 años. Moisés cuidó a las ovejas en el desierto por 40 años. Este es el tiempo de prueba de Jesús. Hay una descripción detallada acerca del destino de Juan en la prisión en Marcos 6. Jesús pasó la mayor parte de Su tiempo en la región de Galilea, usualmente yendo solamente a Jerusalén para las fiestas señaladas. Galilea era grande, un área poblada al norte de Judea y Jerusalén, donde los judíos y gentiles vivían juntos, aunque usualmente en sus propias ciudades apartadas. Jesús era un predicador, y Él trajo el mensaje del reino de Dios en la tierra, aunque no en la manera de la cual se esperaba o deseaba de manera popular. La mayoría de las personas querían un reino político, el cual reemplazaría la ocupación represora de los Romanos. Él quería que las personas supieran que el reino se había acercado. No estaba distante, o era un sueño, como ellos lo habían imaginado. Ahora era el tiempo para el encuentro del reino de Dios. Hay dos antiguas palabras griegas que pueden ser traducidas a tiempo. Una es chronos, el cual significa un tiempo cronológico. El otro es kairos, el cual significa la oportunidad estratégica, el tiempo decisivo. Jesús utilizó la segunda palabra cuando Él dijo, “el tiempo se ha cumplido.” Su idea era: El tiempo estratégico para el reino de Dios es ahora. Ahora es su tiempo de oportunidad. No dejen que pase de tu vista. Él quería que las personas supieran cómo era el entrar a ese reino. Ellos no podrían entrar al reino al andar en la misma manera que han andado. Ellos debían de cambiar su dirección para experimentar el reino de Dios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse