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Pablo comienza una sección donde se enfoca en la vida práctica del cristiano, con el claro entendimiento de que la misma se edifica sobre el fundamento de la verdad teológica. Ya que sabemos que Jesús realmente resucitó de entre los muertos, entonces nuestra identidad con Él se hace real. La idea de haber resucitado con Cristo se introdujo en el capítulo dos, donde Pablo utilizó el bautismo para ilustrar esta realidad espiritual. Ahora, al ver qué hemos resucitado con Cristo, ciertos comportamientos son apropiados para nosotros. Debemos de actuar de la misma manera que Jesús actuó cuando resucitó. Jesús dejó la tumba. Nosotros deberíamos hacer lo mismo; ya no vivimos allí. Después de Su resurrección, Jesús pasó Su tiempo restante ministrando y estando con Sus discípulos. Nosotros deberíamos hacer lo mismo; vivir nuestras vidas para servir y estar unos con otros. Además, Jesús vivió con un poder sobrenatural, con la habilidad de hacer cosas imposibles. Nosotros deberíamos hacer lo mismo; con el poder y la facultad del Espíritu Santo.

Para enfatizarlo aún mas, Pablo añadió la frase “sentado a la diestra de Dios”: Esta frase enfoca su atención en el gobierno soberano que Cristo ahora ejerce. El mandamiento de aspirar a las cosas de arriba es un mandamiento para meditar y reflexionar en la vida de Cristo, y en el hecho de que él está ahora entronizado como el Señor del mundo. La mejor vida cristiana proviene de las mentes que tienen la mirada en las cosas de arriba. No todas las “cosas terrenales” son malas, pero algunas sí lo son. Aún aquellas cosas que en sí mismas no causan daño, se convierten en dañinas si se les permite que tomen el lugar que debiera estar reservado para las cosas de arriba. La promesa del regreso de Jesús no es solamente que veremos Su gloria, sino que también seremos manifestados con él en gloria.

En aquel día todos verán a los santos de Dios por lo que realmente son y no por lo que solamente parecían ser en este mundo. Pablo, el prisionero, un judío excéntrico para los romanos y peor que un traidor gentil para los judíos, será visto como el apóstol Pablo, el siervo del Rey. Los colosenses, ex paganos insignificantes de un pueblo campesino de tercera categoría, serán vistos en una gloria que, si en estos momentos se apareciera, algunos serían tentados a adorarles. Es debido a que entendemos este hecho, que podemos hacer morir las cosas en nuestra vida que son contrarias a nuestra identidad con Jesús. Cada uno de estos términos usados aquí se refieren a pecados sexuales. La avaricia es codicia simple, pero insidiosa, y nada menos que idolatría. No hay forma de que Jesús caminara en ninguno de estos pecados, así que, si nosotros nos identificamos con Él, tampoco caminaremos en ellos. Fornicación: La palabra traducida aquí como inmoralidad sexual se refiere a cualquier acto sexual fuera del matrimonio; en el mundo antiguo, como en el moderno, el coito con una prostituta sería un ejemplo específico, y en una cultura pagana, un ejemplo frecuente de esto. La impureza es un rango más amplio que el de la fornicación. Incluye el mal uso del sexo, pero también se aplica a varias formas de moral pervertida. Los pecados mencionados anteriormente son parte de la forma en que el mundo vive y no de la forma en que Jesús vive. Todo cristiano se enfrenta con la pregunta: “Con quién me identificaré? ¿Con el mundo o con Jesús?”.

Estos pecados invitan a la ira de Dios. Ya que el mundo ama este estilo de vida pecaminoso, no pueden venir con humildad a Jesús. Conforme continúan en sus pecados les es añadida condenación. Un pecado es suficiente para mandar a cualquiera al infierno, pero hay aún mayores niveles de condenación. Estos pecados pueden poner al mundo en rebelión en contra de Dios, pero están en tiempo pasado para el cristiano. Pablo dice que los cristianos alguna vez anduvieron en estos pecados. Es posible – aunque trágico – que estos pecados puedan ocasionalmente marcar la vida de un cristiano, pero estos no deben ser el andar de un cristiano, su forma de vivir. La lista de pecados que Pablo menciona (ira, enojo, y otras) son tenidas por muchos como pecados “insignificantes” que los cristianos pueden pasar por alto por su poca peligrosidad. Pero Pablo nos reta a despojarnos del viejo hombre en cada área de nuestras vidas.  Cada uno de estos pecados son cometidos principalmente por lo que decimos.

Cuando Pablo llama al creyente a una obediencia más profunda, nos dice que refrenemos nuestra lengua. Sin embargo, también es posible mentir los unos a los otros sin palabras. Es fácil distorsionar la verdad; una alteración en el tono de voz o una mirada elocuente bastarán; también hay silencios que pueden ser tan falsos y engañosos como cualquier palabra. Los pecados más notorios de este capítulo son fácilmente vistos como incompatibles con la naturaleza de Jesús.  Pablo muestra dos prioridades en la vida cristiana: la moralidad sexual conectada con la actitud correcta hacia las cosas materiales, y el simple hecho de llevarse bien en amor unos con otros. Es fácil para una comunidad cristiana el transigir una por la otra, pero Pablo (por medio de la inspiración del Espíritu Santo) insistió en que ambas tienen una alta prioridad en la práctica cristiana. La frase que usó Pablo se usaba comúnmente para el cambio de un conjunto de ropa. Casi podemos ver la imagen de una persona que se quita lo viejo y se reviste con el nuevo hombre en Jesús. El nuevo hombre forma parte de una familia, la cual no favorece a ninguna raza, nacionalidad, clase, cultura o etnia. Solo favorece a Jesús, ya que en esta nueva familia Cristo es el todo, y en todos. En la arena de Cartago en el año 202 d.C. se creó una profunda impresión en los espectadores cuando una gobernadora, Perpetua, estuvo de pie junto con su esclava Felicitas, ya que ambas mujeres enfrentaron una muerte común por una fe común.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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