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Jeremías 32:6-12 describe la propiedad que Jeremías compró como testimonio de la promesa del Señor de restaurar a Judá. Con el asedio temporalmente levantado, Jeremías podía ver la propiedad que había comprado desde prisión. Debido a que él dijo que era inútil que el pueblo de Judá se resistiera a los babilonios, Jeremías era sospechoso de ser simpatizante de los babilonios e incluso tal vez su espía. Aquí un capitán capturó al profeta con esta acusación. Jeremías había aconsejado a otros a pasarse al enemigo y de hecho un numero de judíos se habían pasado al enemigo. Aún más, el mensaje de Jeremías de una victoria segura para los babilonios era bien conocido. Por lo tanto, la acusación de Irías era entendible, aunque equivocada. Jeremías fue azotado y colocado en la prisión de nuevo. Él pagó un precio significativo por permanecer fiel a Dios y al mensaje que Dios le dio para entregar. Esto fue unos quince años después de los príncipes de Judá que simpatizaron con él, descritos en Jeremías 36:11-19. Una nueva generación y nuevas condiciones trajeron líderes sin ninguna simpatía para Jeremías o su mensaje.

Arreglos temporales habían sido hechos para encarcelar a Jeremías en la casa del secretario de estado. En situaciones como esta, cisternas eran usadas para encarcelar a personas arrestadas, y este tipo de experiencias podían ser en extremo desagradables. El hogar de Jonatán el secretario fue convertido en la prisión del profeta, tal vez porque él solo era uno de los muchos desertores y prisioneros políticos. Los versículos que siguen (Jeremías 37:20-21) muestran que las condiciones de la prisión en la casa del escriba Jonatán eran mucho peor que aquellas en la prisión del palacio. Este era un precio más que el profeta tenía que pagar por su fidelidad. No había ningún falso profeta en esa prisión, porque ellos daban un mensaje que agradaba a los gobernantes y al pueblo. La cisterna era un lugar donde el profeta no podía caminar ni apropiadamente acostarse. ¿Acaso el rey esperaba que el castigo por muchos días hubiera quebrado su espíritu para el momento en que envió por él? Ciertamente Jeremías estaba temiendo tener que regresar a este lugar de lenta muerte, pero su voz profética era inamovible.

Sedequías quería saber si había palabra de Jehová, pero no quería preguntarle al profeta públicamente. El rey no quería que se supiera que él dudaba de las palabras de los falsos profetas que se oponían a Jeremías y que solo profetizaban buenas noticias. Que el rey hiciera su pregunta en secreto demuestra que era una pregunta que temía; Tenia miedo porque a pesar de todas sus debilidades y maldades él conocía el poder de Dios. Un comentarista dibuja a Sedequías, ansiosamente viendo los labios del mártir esperando una palabra favorable para él, susurrando secretamente con el hombre que sus oficiales habían encarcelado por traición, debilitado, una pobre criatura, pero no malvada, un rey mucho más atado que él prisionero que se encontraba en frente de él. Esta era la palabra del Señor para Sedequías. El mensaje de Dios no cambia ya sea dado en privado o públicamente. Sedequías cometió el error de pensar que había un mensaje personal para él, un mensaje secreto distinto del que ya había sido revelado en la palabra de Dios, distinto incluso de las palabras escritas de Jeremías. El mensaje “secreto” era completamente consistente con el mensaje escrito. No era posible que un profeta que fielmente ha proclamado la palabra de Dios, enfrentándose a fuerte antagonismo, por cuarenta años, se fuera a quebrar ante este tipo de presión. Su mensaje se mantenía sólido como antes.

Jeremías apeló a Sedequías al considerar el fracaso de sus profetas favoritos quienes decían, “No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros ni contra esta tierra.” Su fracaso demostraba que el supuesto pecado de Jeremías era el de fielmente decirle al rey y a su pueblo la verdad. Si uno predica la palabra de Dios a un mundo post-cristiano, se debe de entender que es posible terminar como Jeremías. Jeremías hizo una petición sincera (Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti) la idea era ser librado de las terribles condiciones de la prisión en la casa de Jonatán. Parece que a Sedequías no le agradaba Jeremías o su mensaje, pero él respetaba al profeta como un hombre que fielmente decía la verdad incluso cuando le costaba algo. Él concedió la petición de Jeremías de estar en una prisión con una condición más humana incluso ordenó que se le diera una torta de pan al día. En un tiempo de persecución, los perseguidos y otros pueden y deben de hacer todo lo que puedan para mejorar sus condiciones, incluso si la persecución o el encarcelamiento continúan. No hay ningún mandamiento para aguantar y abrazar las peores condiciones sin hacer nada. Él Rey sabía que Jeremías era inocente, y que sus palabras eran las del Señor; y que lo que él debía de haber hecho era sacudirse a sus dominantes “siervos” seguir su conciencia, y obedecer a Dios. ¿Por qué no lo hizo? Porque era un cobarde, sin ningún propósito. El rey no quería la muerte de este hombre de Dios en sus manos. Había una pequeña bendición para Sedequías en su bondad para Jeremías. Por esta cortesía que tuvo con el profeta, Dios le concedió una muerte natural, y un honorable entierro en Babilonia. Jeremías no tuvo temor de decir la verdad aun con las consecuencias que eso le pudiera dar, así debemos hacer nosotros.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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