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Este Siba era el criado de Mefi-boset, el hijo de Jonatán, a quien David mostró gran bondad (2 de Samuel 9). En un tiempo de gran necesidad, Siba le llevó a David provisiones esenciales. Este era un regalo generoso y útil de parte de Siba. Siba le dijo a David que Mefi-boset estaba en Jerusalén, esperando regresar al poder después de que Absalón y David se destruyeran el uno al otro. Estas fueron mentiras que Siba le dijo a David y esto será revelado más adelante. De hecho, Siba dejó atrás a Mefi-boset para que pareciera que Mefi-boset no apoyaba a David. Este informe de Siba hirió a David, porque en este momento de crisis lo último que necesitaba escuchar era que otro amigo se había vuelto en su contra. Siba fue absolutamente despreciable, y más aún porque en ese momento, el dolor que llevó al corazón de David era el sentimiento de que su bondad hacia Mefi-boset fue mal correspondida. Esta fue una calumnia desvergonzada y sin sentido, pronunciada por un adulador falso e incrédulo.
David – basándose solo en la información que tenía – asumió que Siba dijo la verdad. Por lo tanto, recompensó la lealtad de Siba y castigó la supuesta deslealtad de Mefi-boset. Esta es exactamente la respuesta que Siba esperaba. Siba fue un ejemplo de alguien que perversamente usó un tiempo de crisis para su propio beneficio.
Simei era un pariente lejano del antiguo rey Saúl y aún resentía a David por reemplazar a la dinastía de Saúl. Simei fue tan ofensivo como podía llegar a ser una persona. Quería destruir cualquier pizca de dignidad o confianza que David pudiera conservar. Siempre hay gente dispuesta a regocijarse cuando cae un líder. Simei tuvo este corazón en contra de David durante mucho tiempo, pero solo pudo demostrarlo cuando David parecía derrotado. Es muy difícil soportar un ataque cobarde. Uno es muy apto para responder y usar palabras duras contra el que toma ventaja de nuestra posición y nos asesta el golpe cobardemente. Solo el cobarde ataca a un hombre cuando ha caído. Una mirada rápida a la apariencia externa de las cosas pareció confirmar el análisis de Simei, pero Simei estaba equivocado. Nada de esto cayó sobre David por lo que le hizo a Saúl o a su familia. Simei estaba equivocado porque David en realidad trató a Saúl y a su familia con gran amor y bondad. Simei estaba equivocado porque David no era un hombre sanguinario. Es verdad que era un hombre de guerra, pero no un hombre sanguinario. Simei estaba equivocado porque David no llevó a Saúl y a su familia a la ruina – Saúl mismo llevó a su familia a la ruina. Simei estaba en lo correcto sobre que Jehová había traído esto sobre David, pero no por ninguna de las razones que Simei creía.
Abisai ya no quería escuchar las maldiciones de Simei ni esquivar sus pedradas. Los valientes hombres de David estaban más que listos para matar a Simei en un instante. David no trató de callar a Simei. No cerró sus oídos a sus palabras desagradables y críticas. David estaba dispuesto a escuchar lo que Dios podía decirle a través de un crítico maldiciente. David dejó hablar a Simei porque no era un hombre sanguinario. Irónicamente, si David fuera el tipo de hombre que Simei afirmaba, Simei estaría muerto. David dejó hablar a Simei porque veía la mano de Dios en cada circunstancia. Él sabía que Dios era más que capaz de callar a Simei; David no necesitaba dar la orden. David dejó hablar a Simei porque puso el “problema de Simei” en perspectiva. David sabía que su verdadero problema era Absalón, no Simei. Y no perdió esta perspectiva. David dejó hablar a Simei porque sabía que la mano de Dios estaba en el futuro, así como en el presente. David sabía que, si hacía lo correcto en el momento presente, Dios se encargaría del futuro.
David podría cortarle la cabeza a este tipo y eso en un momento, y sin embargo, dijo, ‘Déjenlo en paz, déjenlo que maldiga’. Y esto constituye un espléndido ejemplo. Si puede vengarse, NO LO HAGA. Si pudiera hacerlo tan fácilmente como abrir la mano, manténgala cerrada. Si una palabra amarga puede poner fin a la discusión, pida gracia para evitar esa palabra amarga. David no se encontraba sin esperanza ni consuelo. Dios permitió que el consuelo lo encontrara, incluso si era en las cosas pequeñas. David fue capaz de recibir el consuelo porque tenía paz y sabía que Dios estaba en control de Israel. Al negarse a aferrarse al trono, David fue como Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:6-8). “Al seguir así a David a través de estos días de humillación y vergüenza … comprendemos más perfectamente que él era en verdad un hombre conforme al corazón de Dios. En su libro Perfil de tres monarcas, Gene Edwards pone estas palabras en la boca de David: “El trono no es mío. No para tenerlo, no para tomarlo, no para protegerlo y no para quedármelo. El trono es de Jehová”. Fue ese tipo de corazón lo que mantuvo a David encaminado durante un momento tan difícil y le permitió incluso poder descansar. Esta es una radiante ilustración de la profunda paz interna que le es dada a cualquier hombre que está viviendo en comunión con Dios en motivo y deseo”.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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