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Pasado el día de reposo, en domingo, las mujeres vinieron a la tumba, con toda la expectativa de encontrar el cadáver de Jesús. Solo Mateo nos cuenta del terremoto. El terremoto no causó que la piedra fuera rodada. La tierra tembló tanto en la pasión de Cristo como en su resurrección; primero, para mostrar que no podía soportar su sufrimiento; ahora, para mostrar que no podía impedir su levantamiento. Cuando las mujeres llegaron a la tumba, vieron la piedra removida y un ángel sentado en la piedra. La puerta de la tumba estaba totalmente abierta. Ciertamente, no se necesitaba ningún ángel para remover la piedra, si esta fuera la razón por la que había venido; El que había sido avivado por el Espíritu, podría con el mismo poder haber removido la piedra; pero era apropiado que los ángeles, que habían sido testigos de su pasión, también fueran testigos de su resurrección.
Los soldados romanos responsables de vigilar la tumba estaban aterrorizados. La presencia angelical hizo que estos soldados profesionales temblaran y desmayaran. Él no parece haber sacado una espada de fuego, ni siquiera haber hablado con los custodios; pero la presencia de una pureza perfecta intimidó a estos duros legionarios. La resurrección de Cristo es un tema de terror para los siervos del pecado, y un tema de consolación para los hijos de Dios; porque es una prueba de la resurrección de ambos, para uno la vergüenza y el desprecio eterno, para otro la gloria y el gozo eterno. Por primera vez, los seguidores de Jesús –estas fieles mujeres– escucharon lo que no esperaban escuchar. Escucharon que Jesús no estaba en la tumba, sino que había resucitado. La resurrección no es solamente vivir de nuevo; es vivir de nuevo en un cuerpo nuevo, basado en nuestro viejo cuerpo, perfectamente adecuado para la vida en la eternidad. Jesús no fue el primero que regresó de la muerte, pero fue el primer en resucitar para siempre.
Vengan y vean el nicho en el que fue puesto, ahora está vacío; ni había en ese lugar ningún otro cuerpo, pues la tumba era nueva, en donde ningún hombre había sido puesto antes; para que no pudiera haber ningún engaño en el caso. La realidad de la resurrección es lo suficientemente clara. También debemos luchar con el significado de la resurrección. Simplemente, la resurrección de Jesús probó que su muerte fue una propiciación real por el pecado y que el Padre lo había aceptado como tal. La cruz fue el pago, la resurrección el recibo, probando que el pago había sido completamente aceptado.
El ángel les ordenó ser las primeras mensajeras de las buenas noticias de la resurrección de Jesús. Cómo estas mujeres eran unas de las pocas personas lo suficientemente valientes como para identificarse públicamente con Jesús, era un honor apropiado. Posiblemente, el ángel podría haber dicho: ¡Él ha resucitado, y ha ascendido al cielo! Eso hubiera estado mejor que saber qué estaba muerto; pero la verdad era aún mejor. Él había resucitado, y resucitado para tener y continuar una relación real con sus discípulos. Las mujeres –llenas de temor y gran gozo– hicieron exactamente lo que el ángel les dijo que hicieran. Les dijo que fueran pronto y lo hicieron. Jesús le salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! ¿Qué otra cosa pudo haberles dicho Jesús a estas mujeres? ¡Salve! representa el saludo normal griego, casi un casero ¡Hola! en contraste con la tremenda aparición del ángel. Cuando las mujeres se encontraron con Jesús, ellas se sintieron obligadas a adorarle. Una hora antes, pensaban que todo estaba perdido porque creían que Jesús estaba muerto. Ahora sabían que todo estaba ganado porque Jesús estaba vivo. Notablemente, Jesús recibió la adoración de estas mujeres. Si Jesús no era Dios, hubiera sido terriblemente pecaminoso de su parte recibir esta adoración. Pero al ser Dios, era bueno y apropiado para él recibirla.
Los sacerdotes intentaron encubrir la evidencia de la resurrección y esto muestra la oscuridad en estos sacerdotes. Ellos sabían la verdad de la resurrección, sin embargo, rechazaron esa verdad. Aquí hay un montón de cosas absurdas. A través de los años, ha habido muchas objeciones sugeridas contra la resurrección de Jesús. Algunos dicen que no murió, sino que solamente se desvaneció o desmayó en la cruz y revivió espontáneamente en la tumba. Otros dicen que realmente murió, pero que su cuerpo fue robado. Otros sugieren que realmente murió, pero sus discípulos desesperados alucinaron su resurrección. Un entendimiento claro y sencillo de estas evidencias de la resurrección de Jesús responde a todas estas teorías, y muestra que se requieren de mucha más fe para creer que lo que requiere el relato bíblico. Supongo, hermanos, que podemos tener personas que se levantan, que dudarán si alguna vez existió un hombre como Julio César, o Napoleón Bonaparte; y cuando lo hagan -cuando toda historia confiable sea arrojada a los vientos-, entonces, pero solo hasta entonces, podrán empezar a cuestionar si Cristo realmente resucitó de los muertos, porque este hecho histórico es atestiguado por más testigos que casi cualquier otro hecho que está registrado en la historia, ya sea sagrado o profano. Él vive porque la evidencia histórica demanda que creamos la resurrección de Jesús. Si podemos creer algo en la historia, podemos creer el testimonio confiable y confirmado de estos testigos oculares. Jesús se levantó de los muertos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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