[fusion_builder_container type=”flex” hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”true” min_height=”” hover_type=”none” link=”” border_sizes_top=”” border_sizes_bottom=”” border_sizes_left=”” border_sizes_right=”” first=”true”][fusion_audio src=”https://house.life.cr/wp-content/uploads/2023/03/Mi-tiempo-con-Dios-17-de-marzo.mp3″ loop=”off” autoplay=”off” preload=”none” margin_top=”” margin_right=”” margin_bottom=”” margin_left=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” hue=”” saturation=”” lightness=”” alpha=”” controls_color_scheme=”” progress_color=”” max_width=”” border_size=”” border_color=”” border_radius_top_left=”” border_radius_top_right=”” border_radius_bottom_right=”” border_radius_bottom_left=”” box_shadow=”no” box_shadow_vertical=”” box_shadow_horizontal=”” box_shadow_blur=”0″ box_shadow_spread=”0″ box_shadow_color=”” animation_type=”” animation_direction=”left” animation_color=”” animation_speed=”0.3″ animation_delay=”0″ animation_offset=”” /][fusion_text]
En el capítulo anterior, Dios salvó milagrosamente a David al alejar a Saúl para pelear con los filisteos en el momento en el que Saúl estaba listo para capturar a David. Pero cuando Saúl terminó con los filisteos, regresó a perseguir a David. El cañón de En-gadi corre hacia el oeste desde el Mar Muerto. Todavía se puede ver el arroyo de buen tamaño que fluye por el cañón, lo que hace que En-gadi, con sus cascadas y vegetación, parezca más un paraíso tropical que el medio del desierto. También se pueden ver las numerosas cuevas que salpican las colinas. Este era un gran lugar para que David y sus hombres se escondieran. En medio del árido desierto, los exploradores podían detectar fácilmente a las tropas que se acercaban. Había mucha agua y vida salvaje y muchas cuevas y posiciones defensivas.
La cueva donde David se refugiaba era lo suficientemente grande como para albergar un rebaño de ovejas. Todos o la mayoría de los 400 hombres de David podían esconderse en los recovecos de la cueva. Dado que la biblia es un libro real, que trata con personas reales viviendo vidas reales, no nos sorprende ver que describa a Saúl atendiendo sus necesidades personales. Pero aún algo tan básico y común como esto fue programado y arreglado por Dios, sin que Saúl tuviera conocimiento alguno de los tiempos ni los arreglos de Dios. El hecho de que Saúl entró en ella para cubrir sus pies también significa que entró a la cueva solo. Sus soldados y sus guardaespaldas estaban afuera de la cueva esperándolo. Esto no fue una coincidencia, sino que Dios lo dispuso para probar a David, entrenar a David y mostrar el corazón consagrado de David.
Los hombres de David estaban emocionados por la oportunidad y creían que era un regalo de Dios. Sabían que no era una coincidencia que Saúl entrara solo en esa cueva en ese momento. Pensaron que esta era una oportunidad de Dios para matar a Saúl. Aparentemente, en alguna ocasión anterior Dios le prometió a David: “He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere”. Ellos creían que éste era el cumplimiento de esa promesa y que David necesitaba alcanzarla por fe y por la espada. Los hombres de David están emocionados; sus vidas como fugitivos están a punto de terminar y pronto serán instalados como amigos y asociados del nuevo Rey de Israel. Pero cuando David se acercó a Saúl y extendió su espada, calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Algunos se preguntan cómo pudo David haber hecho esto sin ser detectado. Saúl pudo haber dejado su manto en una parte de la cueva y haber hecho sus necesidades en otro lado, por lo que David no tendría que acercarse a Saúl para cortar la orilla de su manto. O, también puede ser que hubiera suficiente ruido y conmoción de los miles de hombres fuera de la cueva junto con sus caballos como para que David fuera simplemente indetectable. David decidió perdonar la vida de Saúl porque sabía que la promesa de Dios decía, “Tú heredarás el trono de Israel”. Sabía que Saúl se interponía con esa promesa. Pero también sabía que sería desobediencia de su parte matar a Saúl, porque Dios puso a Saúl en una posición de autoridad y era el trabajo de Dios encargarse de Saúl, no el de David. David solo cortó la esquina del manto de Saúl, y sin embargo su corazón se turbó. ¿Por qué? Porque el manto era un símbolo de la autoridad real de Saúl y David se sintió mal, con justa razón, según el corazón de Dios – de haber hecho algo contra de la autoridad designada por Dios para Saúl.
David no solo se abstuvo de vengarse de Saúl, sino que también refrenó a sus hombres. David se arriesgó mucho aquí, porque simplemente pudo haber permanecido oculto, seguro por el hecho de que Saúl no lo había encontrado. Pero se rindió a Saúl porque vio la oportunidad de mostrarle su corazón hacia él y reconciliarse. Esta fue una gran sumisión a Saúl. Podríamos pensar que David tenía derecho a acudir a Saúl como un igual. “Bueno Saúl, los dos hemos sido ungidos como reyes. Ahora tú tienes el trono, pero yo lo tendré algún día y tú lo sabes. Así que, de un hombre ungido a otro, mira cómo acabo de perdonar tu vida”. Esa no fue la actitud de David en absoluto. En cambio, dijo: “Saúl, tú eres el jefe y lo sé. Respeto tu lugar como mi líder y mi rey, también mostró una gran confianza en Dios, porque se hizo totalmente vulnerable ante Saúl. Saúl pudo haberlo matado fácilmente en ese momento, pero David confiaba en que si hacía lo correcto delante de Dios entonces Dios lo protegería y cumpliría la promesa. David mostró gran bondad y tacto para Saúl. Cuando David le mostró a Saúl la orilla de su mano, Saúl debió haber escuchado al Espíritu de Dios hablar fuertemente en su corazón. Dios le envió un mensaje a Saúl.
David no necesitaba hacer nada más para defenderse delante de Saúl; refirió el asunto a Jehová. David dejaría que Dios defendiera su caso y fuera su juez. David usó un proverbio para establecer un punto. “Saúl, si yo fuera tan impío como tus consejeros dicen que soy, si en verdad quisiera matarte, hubiera cometido ese impío acto en la cueva. Pero como ninguna impiedad procedió de mí cuando tuve la oportunidad, eso muestra que mi corazón no guarda impiedad hacia ti”. David dijo a Saúl: “Yo confió en que Dios me librará de tu mano”. En vez de buscar una salida de esta prueba en la carne, David hizo lo más difícil – confió en Dios para que lo librara, en vez de confiar en sí mismo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
